Como muchos otros españolitos de a pie me tocó hacer el servicio militar, la “Mili”. Fui con  retraso pues soy del reemplazo del año 1976 y me incorporé en 1979, justamente después de finalizar la carrera de Ciencias Geológicas en Madrid. Opté de modo voluntario por ir a una Compañía de Operaciones Especiales; porque La Mili normal me parecía un tanto insulsa. Ya abundaban los soldados totalmente desmotivados, que se limitaban durante su paso por el Ejército a esperar el momento de la licencia “escaqueándose” todo lo posible. Las COES parecían algo diferente y así fue. Por lo demás mi paso por las mismas transcurrió con absoluta normalidad, ya que el único acontecimiento destacable fue la repatriación a España de los restos del monarca Alfonso XIII.

        Mi unidad (la COE-12 con base en Colmenar Viejo); fue elegida para formar parte del cortejo militar que recogería los restos del Rey a su llegada a España. Al saber que habíamos sido elegidos para tal misión creo que nos alegramos. Íbamos a participar en un evento importante a nivel nacional y en consecuencia se nos sometió a un duro entrenamiento, aunque en estas unidades la instrucción militar era dura por norma. Según mis recuerdos uno de los ejercicios consistía en subir y saltar de camiones en marcha, maniobra esta que requiere destreza y ciertas dosis de coraje.

         Llegó el día y salimos de nuestra base hasta un punto que no recuerdo y allí bajo un frío intenso esperamos a recibir órdenes. Cuando estas llegaron, llegó la decepción. El sargento que nos mandaba José M. Jul Pérez, nos dijo que le habían comunicado que no era precisa nuestra asistencia. Tanta preparación para nada. Al parecer algunos soldados de las COES si participaron en el evento pero los de mi grupo no.  No quedaba otra que regresar “a casa” o mejor dicho al cuartel. Aquel día era sábado y por tanto adiós al pase de fin de semana y lo peor fue que una vez en la base (en la compañía); no se que lío hubo que dio pie a otro sargento cuyo nombre no recuerdo a imponernos un castigo. Lo que prometía ser un fin de semana interesante, se convirtió en un fin de semana” de perros”.

        Bastantes meses después (a finales del año 1980) me llegó la licencia y me fui a vivir a mi pueblo, Castropodame, en la provincia de León. Allí me cogió la intentona golpista del día 23 de febrero de 1981.Aún mantenía correspondencia con alguno de mis compañeros en concreto con Alonso Galán Piera (de Carcaixent-Valencia), el cual me contó; como se había vivido entre la tropa de la COE-12; el 23-F. No me dio muchos detalles pero los avatares de la vida me llevaron algunas décadas después de nuevo a Madrid y gracias a las nuevas tecnologías contacté con Jesús Mogollón Muñiz, que el día 23-F, era uno de los cabos de la COE-12 y compañero tanto de Alfonso como mío durante parte de La Mili.

        Como me habló de sus recuerdos de aquel día le propuse que me pasase un relato de lo vivido por él, con el fin de hilvanar por mi parte un artículo lo más ameno posible. Le prometí que el pertinente artículo antes de ser publicado, se lo enviaría a él para que le diese su visto bueno, como principal protagonista del relato y hecho esto el resultado es el presente artículo.

 

RECUERDOS DEL CABO JESUS MOGOLLON MUÑIZ.

        La tarde del 23 de febrero de 1981, el cabo J. Mogollón y otros 3 compañeros tenían permiso para salir a Madrid, pero debían estar a las 10 de la noche en su base de Colmenar Viejo. El cabo en cuestión se dirigió en busca de su novia y puesto que pronto debía regresar al cuartel estaba vestido de militar. Estando pues en este trance en la calle Bravo Murillo observó que la gente iba y venía con una extraña prisa y no sólo eso que le miraban de un modo raro.

        Para distraer el tiempo decidió llamar a casa de sus padres y contarles que aunque estaba en Madrid, no iría a casa pues debía regresar en breve al cuartel. Fue entonces cuando se enteró de la “noticia bomba”. Su madre le dice que hay en marcha ¡¡ un golpe de estado ¡¡, algo que al cabo le costaba creer porque hacía escaso tiempo que había salido del cuartel donde reinaba la mas absoluta normalidad.

        Como su madre insistía en que había un golpe militar se dirigió a un bar cercano notando de nuevo miradas extrañas hacia su persona. En la televisión del bar pudo comprobar que su madre tenía razón. Un militar de alta graduación (Milans del Bosch cree recordar), estaba leyendo un evidente bando militar enumerando de una serie de artículos, penas de muerte, ley marcial y otras “lindezas” parecidas. En el bar le confirman que en efecto parece evidente que hay un golpe de estado, lo que provoca en el cabo un enorme sobresalto. Luego sabría que el bando militar se había transmitido desde Valencia.

        Jesús Mogollón es consciente de que debe salir “zumbando”, para Colmenar Viejo y así se lo hace saber a su novia cuando esta llega, recomendándola que se vaya para su casa a esperar acontecimientos. El cabo coge su vehículo y va en busca de sus tres compañeros que ya le estaban esperando. De camino a la base de la COE-12 en Colmenar observan mucho tráfico. Deducen que es debido a personas que se dirigen tanto a Colmenar Viejo, como al conocido acuartelamiento  de El Goloso.

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        Hacia las 21 h.30 m. llegan por fin a la base de la COE-12 y se encuentran con todo “el fregao”, que no por esperado deja de ser inquietante. Los compañeros ya estaban formados en el exterior frente a las naves que sirven de base a la compañía. Había vehículos para el transporte de las tropas con los motores en marcha, armados con ametralladoras MG y preparados para un inmediato embarque de la tropa y sus mandos. Un sargento que los ve llegar les dice que cambien el uniforme de paseo por el de faena, es decir el de combate y que cojan su armamento. Este consistía en el CETME reglamentario y dos cargadores con sus correspondientes balas.

        Ya en la formación le parece estar viviendo una película de guerra, pero que esta vez podía ser en cualquier momento real. El Grupo de Operaciones Especiales constaba de 3 compañías y una plana mayor. Sus mandos con el comandante del Grupo al frente estaban en tensa espera. El Comandante teléfono en mano continuamente paseando por delante de la tropa expectante. Sin duda esperando órdenes.

        Los sargentos y tenientes dando instrucciones de cómo habría que actuar si llega la orden de salir a Madrid. Nociones básicas de guerrilla urbana. Entre la tropa había gran inquietud. ¿Llegarían a tener que intervenir en Madrid?. En caso afirmativo ¿sería para detener el golpe o para apoyarlo?. Los rumores eran diversos. Unos decían que la unidad  estaría apoyando a los golpistas, otros que su misión sería desalojar del Congreso a los guardias civiles que lo habían tomado; pero  con certeza nadie sabía nada.

23f

        Por fin tras varias horas de tensa espera y preocupación llega la orden de romper filas y pasar a las naves donde habitualmente pernoctaba la compañía; pero eso si sin quitar para nada el uniforme y permaneciendo en estado de alerta continua. Como en el resto de España; fue una noche de transistores. La tecnología de entonces no daba para más.

        La mañana siguiente, 24 de febrero ya todo parecía más tranquilo. Llegaron noticias de que sería la Policía Militar la encargada de ocuparse de la situación en el Congreso. En todo caso seguía vigente la orden de que las tropas permaneciesen en sus cuarteles a la espera de acontecimientos. Tras el terremoto político-militar; eran previsibles las consiguientes réplicas. Jesús Mogollón Muñiz, no recuerda con exactitud cuantos días se mantuvo esa situación; pero si que a la COE se le dio autorización para poder salir del cuartel, antes que a cualquier otro acuartelamiento; incluso es posible (no seguro), que fuese el mismo día 24 por la tarde. Quizá los mandos de las COE, consideraron que era la mejor forma de que a la tropa se le pasase el susto.

 

EPILOGO

        Deben abundar los relatos de lo acaecido aquel 23-F, efectuados por altos mandos militares, pero posiblemente pocos los debidos al personal de tropa del Ejército Español. Por eso juzgué conveniente escribir todo esto.

        Son muchos los que “pasan olímpicamente” del ejército e incluso los claramente anti-militaristas; pero yo respetando todas las sensibilidades; no soy así. Pienso que nos guste o no en España (y en otros países), es necesario un ejército que sirve para atacar si es preciso, pero también para defendernos si es necesario.

        Añado que la disciplina, el sentido del deber y la cultura del esfuerzo, virtudes esenciales de todo militar son asimismo muy necesarias en cualquier otra actividad. Además considero que el trato recibido por los mandos del Ejército Español fue correcto y el único mal recuerdo importante de La Mili; fue una lesión en la rodilla (saltando de los susodichos camiones en marcha), que padecí tiempo después de la llegada de los restos de Alfonso XIII a España. Esto sin embargo podría haberme ocurrido también fuera del ejército y además bien sea porque era joven, por el paso del tiempo o por mi afán de seguir haciendo deporte (pese a los dolores);hoy estoy felizmente recuperado y a mis 60 “añazos” cumplidos sigo haciendo deporte y corriendo varios kilómetros, muchos días “sin despeinarme” . Bueno lo de sin despeinarme es en parte porque ya estoy calvo. En líneas generales tengo un buen recuerdo de la COE-12 y por ello, como sin duda muchos de mis compañeros, aún conservo la boina verde que tanto sudé.

        Tengo la certeza de que Jesús Mogollón comparte mi actitud hacia el Ejército Español y por ello hemos creído conveniente trenzar este relato, con el que esperamos haber cumplido con nuestro deber para con La Patria y para con la Historia. Adjunto para “alegrar” este relato dos fotos de la época de Jesús Mogollón; una (color) con el uniforme mimetizado y otra en grises en la que aparece presto para la acción.

                                   Madrid,  26 de octubre de 2.016

                                               Rogelio Meléndez Tercero