El debate a tres de ayer entre los candidatos a la Secretaría General del PSOE puso en evidencia las profundas diferencias, ya se verán si son o no insalvables, entre Susana Díaz y Pedro Sánchez. Otra cosa muy diferente es Patxi López, auténtico ganador del debate, pero de trascendencia irrelevante para el PSOE. Los militantes socialistas se han radicalizado y la única solución a esta crisis es la derrota del contrario. Sin contemplaciones. Rendición o muerte.

Y, en el medio, Patxi López. El padre abad bonachón, a quien el enfrentamiento entre Susana y Pedro dejó una auténtica autopista por la que expresó sus ideas moderadas, sensatas y llenas de sentido común. López podría ser la tercera vía para proponer una solución a la dura crisis interna socialista. Su remedio es  simple y efectivo: más Europa y más socialdemocracia. Menos neoliberalismo y  más inversión social. Federalismo y solidaridad.

Pero Susana y Pedro se han  puesto las orejeras y sólo ven el camino que sus estrategas les han diseñado. De ahí, que tras el domingo y dependiendo de los resultados, el PSOE pueda seguir el precedente catastrófico del socialismo francés, británico, italiano o griego; es decir, caer en la irrelevancia, como paso previo a la desaparición. La alternativa es el populismo.

Hace ya un tiempo Patxi López estuvo en León. No acudieron muchos militantes. Algunos representantes de la vieja guardia y muy pocos jóvenes. Los jóvenes están con Sánchez. Y es normal. Los jóvenes socialistas deben y tienen que ser radicales, críticos y visceralmente anti conservadores. Les gusta la demagogia de Sánchez. Y sus medias verdades y mentiras. Por eso hubo pocos jóvenes interesados en escuchar a Patxi López. Éste, lo primero que hizo al subirse al escenario y dirigirse al auditorio, fue dejar claro que él estaba allí para escuchar y  no para echar un mitin; que quería oír la voz de los militantes y recoger el estado de ánimo tras el bochornoso espectáculo que estaba ofreciendo el partido desde el ya famoso Comité Federal del 1 de octubre. La gente aguantó y habló, se quejó, se lamentó y hasta alguno lloró de impotencia ante tan lamentable espectáculo de un partido con cerca de 140 años, crucial en la historia de España y absolutamente vital en la construcción de la moderna democracia.

Susana y Pedro han roto todos los puentes sobre los que construir un futuro. Ayer se vio claro. Menos mal que Patxi estaba en el medio. Eso evitó males mayores. Los dardos envenenados sobrevolaban la cabeza de López en ambas direcciones. Ni Susana ni Pedro le escucharon. No estaban allí para eso. Lo intentaron fagocitar, atraer, absorber y hacerle víctima de una opa hostil. Fracasaron. López no perdió nunca su sonrisa, talante, semblante y ese movimiento ágil de manos que buscaban atraer la atención del espectador.

Las encuestas compiten por dar ganador a Pedro o a Susana. Un dilema suicida. El PSOE de tambalea en el precipicio. Da igual que ambos coincidan en personalizar en el PP todos los males derivados de la corrupción innata en ese partido, el problema lo tienen dentro y mientras no lo resuelvan no tendrán credibilidad para recuperar a un PSOE  más necesario que nunca. Están en una vorágine autodestructiva. Así y todo, la esperanza es lo último que se pierde. Hay que esperar a los resultados de las primarias de este domingo, que los candidatos asuman los resultados y colaboren en la solución definitiva. Hará falta mucha generosidad y altas dosis de reconciliación y perdón.