En varias ocasiones y por motivos de mi profesión he sido citado ante los tribunales de justicia en calidad, aclaro bien eso si; de perito en asuntos que tiene que ver con la delimitación de terrenos, mediciones de fincas y similares. Cualquier persona que haya estado en mi lugar sabe que esto siempre genera una cierta tensión. La justicia es asunto serio. Hay que pensar muy bien lo que se declara y también hay que enfrentarse a las preguntas del letrado de la parte contraria que tienen siempre como misión desacreditar esos informes que los técnicos hacemos con el mayor de los esmeros posibles.

            Hay que tener en cuenta no obstante que un abogado es un experto en su terreno, como un médico o un geólogo lo es en el suyo. Pero los que preguntan en los juzgados son los abogados y a veces y sin duda con la mejor intención del mundo hacen preguntas que llenan de asombro a cualquier experto en otras materias. Lo mismo ocurriría al contrario. Un ingeniero por ejemplo si tiene que desacreditar un informe de un abogado, seguramente “meta la pata” en mas de una cuestión.

            EL CATASTRO DE ENSENADA

            Yo nunca he tenido que hablar ante un tribunal de justicia del Catastro de Ensenada, pero si de otros documentos similares en cuanto a su validez desde el punto de vista geomatemático. Por ello se me ocurrió la idea de escribir este artículo.

            Las cosas no siempre son lo que aparentan y por ello se me ocurrió hacer un análisis pormenorizado de un célebre catastro (EL Catastro de Ensenada); realizado en el siglo XVIII y que sin duda alguna muchas personas consideran poco menos que una auténtica maravilla. Este catastro es un documento histórico de excepcional importancia y que con toda justicia hace las delicias de los investigadores y aún de los muchos aficionados a hurgar en el pasado. Ahora bien yo reconociendo que es un documentos excepcional (y muy extenso) que aporta una enorme cantidad de información sobre miles de pueblos de España tal y como eran  a mitad del siglo XVIII; que nos permite sin duda alguna evaluar de modo cuantitativo (esto es muy importante) y muy aceptable a muchos efectos; como eran estas poblaciones entonces; añado que tampoco hay que supra valorarlo. A mitad del siglo XVIII, la tecnología era la que era y los conocimientos medios de la sociedad (incluidos los entonces eruditos), muy, muy inferiores a los actuales. Hicieron sin duda las cosas lo mejor que pudieron pero en al menos un aspectos la información que aporta es muy deficiente. Me refiero en concreto a la descripción geo- matemática de los terrenos que se citan en el catastro.

            Como conoce cualquier persona que lo haya analizado (se puede consultar a través de la Red), el formato que sigue es similar al de los catastros actuales. Empieza con un cuestionario general de 40 preguntas que es un documento excepcional y que  sirve para que aún hoy día podamos tener una idea muy exacta de las características generales y objetivas (datos numéricos) de la población a la que se refiere dicho catastro y que permiten por ejemplo determinar si esta era importante o no y en que medida bastante exacta respecto a los pueblos colindantes. Pero este catastro como los actuales es además un documento muy extenso pues describe las propiedades de cada vecino (casas, fincas, rentas, profesión….) lo que hace que por ejemplo para una población como Castropodame (tenía entonces unos 100 vecinos) conste de tres grandes tomos (tiene cada uno un grosor de unos 10 cm y unas dimensiones de 30 x 20 cm) que facilitan una amplísima y enorme cantidad de datos, aunque en el caso de este pueblo uno de los tomos ( el segundo) y al menos en el Archivo Histórico Municipal no existe.

            Ahora bien en lo respecta a la información de índole geométrica y matemática tiene graves carencias, debidas eso si a que ni la tecnología ni los conocimientos de entonces daban mas de si. Estas carencias son las que ahora expongo.

GRAVES DEFICIENCIAS

            En primer lugar hay que señalar que el término de cada pueblo se dibuja con un sencillo croquis, sin escala lógicamente y realizado a mano alzada. Estimaron ero si a ojo cual era la longitud de su contorno (a partir posiblemente del tiempo que se empleaba en recorrer su contorno); así como sus dimensiones de Norte Sur (mediodía) y de Naciente a Poniente. Asimismo indican con que poblaciones limitaba por todas partes y nada mas. En algún caso se indica que lindaba con un accidente reconocible como por ejemplo el rio Boeza.

            La descripción de todas y cada una de las fincas tanto rústicas como urbanas de cada propietario se hace de un modo muy deficiente para las necesidades actuales. De las fincas se hace un croquis a mano alzada pero sin detallar las longitudes de cada lado. La superficie se expresa en cuartales o en otras “unidades” semejantes como los jornales de cavada (viñas) o los carros de yerba que producían (prados) datos estos muy imprecisos. Se detalla cuales son los linderos pero se hace sobre todo señalando los nombres de los dueños de fincas colindantes en aquella época.

            Respecto a la ubicación de cada finca se indica sencillamente el paraje donde se hallan y su distancia (en pasos) hasta la población sin especificar en que dirección se midieron esos pasos. Por supuesto nada se aporta para poder ubicar (hoy día) donde se hallaban las esquinas de las fincas con lo cual la tarea de localizarlas es sencillamente imposible actualmente. Supongo no obstante que con estos datos y en la época en que se hizo se localizarían casi todas las fincas (que además debían estar bien delimitadas sobre el terreno);pero hoy día es imposible en general. En algún caso muy raro y haciendo algunas suposiciones y sobre todo contrastando los datos del Catastro de Ensenada con otros documentos antiguos es posible saber con ciertas dudas siempre eso si la zona donde se hallaba una finca; pero la ubicación concreta de sus esquinas es prácticamente imposible. La imagen adjunta está tomada de una página del Catastro de Ensenada. La calidad artística es indudable. La calidad técnica ya es mas dudosa. De todos modos esta finca es seguramente la excepción que confirma la regla general. Yo a partir de los datos del Catastro de Ensenada; he intentado buscar esta finca en planos parcelarios actuales y haciendo algunas suposiciones,…¡¡es posible que la haya encontrado¡¡. En la actualidad está dividida (si es la que yo pienso) en 20 fincas diferentes.

            Por lo que respecta a la localización de las casas ocurre lo mismo. Por mas esfuerzos que se hagan para intentar saber al menos el barrio donde se hallaban es imposible, debido a que definían la posición de las diferentes edificaciones tomando como referencia los nombres de los dueños de las edificaciones próximas o colindantes. Desde 1752 a la actualidad han pasado ya varias generaciones, así pues,…..

            Añado que esta situación era la norma general hace siglos. Conozco no obstante inventarios de bienes (apeos) de entidades eclesiásticas en los que si hicieron medidas mas concretas que en el Catastro de Ensenada; pero aún así la ubicación precisa de todas las esquinas de esas antiguas fincas es una labor que por norma general es imposible.

            Cuando se trataba de fijar los límites o el deslinde de un conjunto mas o menos extenso de fincas; se siguen observando en antiguos documentos (anteriores en general al siglo XX) descripciones que hoy hacen sonreír a cualquier topógrafo pues emplean expresiones tales como “ a un tiro de piedra” o “ a un tiro de ballesta” y como norma general hay una ausencia total de datos matemáticos que son obviamente el elemento esencial de cualquier deslinde de nuestros días. En algún caso excepcional se hicieron o se trataron de hacer croquis, sin escala lógicamente, por lo que sirven de muy poco. No obstante suponen un paso importante en mi opinión, pues entiendo que tienen más valor desde el punto de vista geométrico que las extensa y confusas descripciones de los deslindes.

            Esta digamos mala costumbre que podemos justificar en los deficientes conocimientos de nuestros antepasados y en su rudimentaria tecnología; se siguió manteniendo hasta finales del siglo XIX. El Catálogo de Montes de la Provincia de León realizado a finales del siglo XIX (cuando no existían planos topográficos adecuados para plasmar sobre los mismos sus deslindes), es un buen ejemplo. Parece bien evidente que la extensión de cada monte se estimó a ojo y punto por eso siempre salen cifras muy redondeadas.

            El problema es que estos errores en algunos casos siguen sirviendo de base en la actualidad para conflictos por deslindes.

                        Bembibre, 24 de diciembre de 2.016

                        Rogelio Meléndez Tercero