Parece ser que este año comer cerezas se convertirá en artículo de lujo. Las pocas que dejó la helada especialmente en la zona de Magaz, supongo, que se pagarán a pelo de conejo y no es para menos. Mal año para estrenar distintivo de calidad. El resto se arruinaron a consecuencia del granizo. Y con la mala noticia, así nos hemos quedado un poco todos, como un cesto de cerezas podridas.

              La actualidad de esta podrida semana, ha caído también con metafórico granizo  sobre la térmica de Compostilla, con anuncio de cierre para el año 2020 y el Hospital del Bierzo, con otra amenaza de cierre de 126 camas. El “cierre” nos persigue a los bercianos. “Cierre patronal”, que es la plaga que nos queda por pasar –crucemos los dedos-; “cierre la boca” -que se dicen entre los políticos a empujones por el quítate tú que me pongo yo-, “cierre la puerta por fuera” en las regulaciones de empleo o despidos, ó “cierre los ojos”, que es el remedio que nos va quedando, y por lo tanto es mejor imaginar. De estar igualmente “cerrados”  saben largo y mucho los locales fantasmas repartidos por toda la ciudad de Ponferrada. Hoy conté los de una céntrica calle de Ponferrada, había más que cerezas caben en un cesto.

              Recordados tiempos aquellos en que las cosas se ordenaban y planificaban según los gastos e ingresos, es decir con unos presupuestos, como herramienta clave para la gestión pública e instrumento de evaluación de las actuaciones municipales. Completa definición económica, que de momento, se queda en teoría aquí en Ponferrada.   Escuché al Consejero de presidencia de la Junta de Castilla y León, el otro día decir que las miras del gobierno regional estaban puestas en la necesidad de frenar la despoblación del mundo rural, favoreciendo la creación de empleo y garantizando servicios públicos de calidad. Que tienen intención de hacerlo con medidas y ayudas que llegan desde Europa.  A este toro hay que cogerlo bien por los cuernos, y esos presupuestos y acciones que se vayan a aplicar, deberían estar gestionadas desde el propio territorio afectado, desde las instituciones más próximas que son las que conocen y viven la realidad, el día a día de cada lugar. Pero en este país menos preguntar a los usuarios de los servicios cuáles son sus necesidades reales, cualquier cosa… Todo se programa desde fuera, y cuánto más altas, más ciegas son las instituciones superiores. Sin conocimiento real de lo que hay en cada pueblo. La despoblación es más urgente que importante. Hay un grave problema de envejecimiento, y si no se renueva, los pueblos se quedan sin gente y se convierten en meros destinos de veraneo.

              ¿Habrá que soltar los bichos que se comen a otros bichos, como se hace para combatir la avispilla en los castaños o la pysla del peral y salvar lo que queda?. Pues no sé si es cuestión de insectos y de biología, pero esto se nos pudre…como nuestro cesto de cerezas.