En el momento de escribir estas letras los diferentes medios de comunicación se están haciendo eco del puñetazo que un jovencito gallego le propinó al Presidente del Gobierno. Esta mañana una persona joven, más bien adolescente, me preguntó a ver qué me parecía. En lugar de responderle directamente le  pregunté a ver qué opinaba ella. Su rápida respuesta fue que lo tenía merecido por corrupto.

Por desgracia esta afirmación refleja la forma de pensar de muchas personas que parecen legitimar la violencia y que a su vez están influenciadas por la violencia verbal que nos invade. Mucho antes de que el Presidente recibiera el puñetazo, otras personas lo han venido demonizado y descalificando sin piedad. Sin duda desde varios medios de comunicación han venido presentando a Rajoy  como un personaje detestable,  poco menos que como un apestoso. Pero seguro que si el jovencito lo hubiera matado, pegándole un tiro o clavándole un puñal, todos harían con Rajoy lo que en su día hicieron con Adolfo Suárez. Mientras gobernaba le acosaban, pero eso sí, después de muerto dirían que ha sido una persona muy serena y prudente, que ha hecho mucho por España.

Sin duda ha sido ejemplar la reacción del Presidente, tratando de quitarle hierro al asunto, sin dramatizar, a pesar de que se trata de un incidente muy grave.  En realidad se trata de la acción aislada de un individuo. Sin embargo, nos atrevemos a pensar que en el fondo son muchos los que participan de esa atmósfera envenenada que tiende a descalificar a personas como Rajoy que, aunque tengan sus defectos, tienen también muchas cosas buenas. Ciertamente no es lo mismo la violencia física que la descalificación verbal, pero a veces procede de la misma fuente. En el fondo ese continuo  linchamiento verbal nace más del deseo de algunos de conquistar el poder a cualquier precio que de la preocupación por solucionar los problemas. De hecho algunos de los que aspiran a gobernar prefieren que quienes gobiernan hagan las cosas mal, para así tener una disculpa para echarlos.

Probablemente cuando muchos estén leyendo esta columna ya se sabrá el resultado de las elecciones generales y se habrá empezado a barajar quién gobernará España los próximos años. Se trata de una experiencia nueva en el sentido de que aparecen más posibles alternativas que en comicios anteriores. Cada uno es libre de elegir a quien quiera y en este momento la incertidumbre es total. Lo que vaya a salir de ninguna manera puede resultarnos indiferente. No obstante hay quien piensa, y quizá no le falte razón, que habría que tener presente aquello de “los experimentos se hacen con gaseosa”.