Sin duda una de las asignaturas pendientes de la Ciencia consiste en desvelar si existe vida fuera de La Tierra y como es. Actualmente y pese a todas las historias acerca de visitas de seres inteligentes de otros planetas lo cierto es no sabemos nada cierto o confirmado al respecto. No sabemos si existe vida extraterrestre, ni siquiera si la ha habido y por supuesto nada hay confirmado sobre hipotéticas civilizaciones de planetas distintos al nuestro.

Sobre este tema se ha hablado y escrito mucho muchísimo desde hace muchas décadas; baste recordar por ejemplo la célebre expresión del científico E. Fermi al referirse a los extraterrestres. (“¿Dónde están ellos?”); en los años 40 del siglo pasado.

Un buen libro sobre este asunto es el escrito en 1994 por Luis Ruiz de Gopegui, un científico español, al que tuve la satisfacción de conocer personalmente hace años. El autor durante mas de 30 años participó activamente en puestos de responsabilidad en numerosos programas espaciales dirigidos tanto por la NASA como por otras agencias espaciales; entre ellos las misiones Apolo que llevaron al hombre a la Luna. El libro se titula “MENSAJEROS COSMICOS. Ciencia y enigma de los extraterrestres”. No aclara el enigma, pero es muy útil para comprender la encrucijada en la nos hallamos y para reflexionar de modo sereno y con base científica sobre esta intrigante cuestión.

Yo tampoco lo puedo aclarar (¡¡ya me gustaría hacerlo pues me convertiría en investigador famoso¡¡) y lo único que puedo hacer es apuntar algunas ideas para la reflexión en torno a este asunto.

gigantes

ESPACIO Y TIEMPO

Nuestra percepción del espacio y el tiempo no es la adecuada, me parece, para estudiar bien este tema. Hay que considerar que tanto el uno como el otro son muchísimo mas dilatados de lo que nos muestran nuestros sentidos. Un tiempo de 100 años, nos parece mucho, varios siglos muchísimo y un millón de años no digamos. Por este motivo algunas de las cuestiones geológicas (por ejemplo); como la evidencia de la presencia del mar en zonas que hoy están a cientos de kilómetros de la costa parecen increíbles. Sólo cuando adquirimos unos conocimientos elementales de geología (cambios en la distribución de océanos y continentes a lo largo del tiempo geológico); comprendemos con facilidad que el mar pueda haber existido hace millones de años cerca de Madrid. La clave para entenderlo estriba al igual que en muchos otros aspectos de la geología en el tiempo. Cambios que resultan imperceptibles en la vida humana son espectaculares en la escala de tiempo geológico (cientos de millones de años por ejemplo).

Con el espacio sucede algo similar. Nuestros antepasados quizá admitiesen con suma facilidad que saliendo de noche a la calle y encendiendo una gran hoguera esta se vería desde cualquiera de las estrellas. Nada mas lejos de la realidad. Para que cualquier tipo de señal emitida desde La Tierra se vea con facilidad desde las estrellas que observamos a simple vista; se necesitaría algo mas que encender una gran hoguera. Por lo poco que yo se, creo que se necesitaría una cantidad de energía tan enorme que incluso con nuestra tecnología actual ello resulta imposible o al menos muy difícil. Lo mismo quizá le sucederá a cualquier otra hipotética civilización extraterrestre. Verá un punto de luz (nuestro Sol) y quizá puedan detectar que “algo” (los planetas) existe a su alrededor pero nada mas. Lo mismo que nos ocurre a nosotros.

Se puede dar la paradoja pues de que existan muchas civilizaciones en el Universo; pero que estén separadas por distancias tan enormes que sea imposible o al menos muy difícil cualquier contacto de unas con otras. Por otra parte el Universo es tan inmenso que eso de “buscar una aguja en un para”; puede ser una labor mas factible que la de hallar una civilización inteligente en el Universo. Creo que en alguna revista de divulgación científica publicada hace ya varios años (hacia el año 2.000), leí que para tener razonables posibilidades de éxito en contactar con una hipotética civilización extraterrestre se requerirían dos condiciones. Una emplear una señal (onda radioeléctrica por ejemplo) muy potente; tanto que para su envío se necesitaría inexcusablemente la colaboración de numerosos países, cuantos mas mejor. Otra que esa señal se mantuviese a lo largo del tiempo (durante siglos por ejemplo); lo que en la práctica equivaldría a proceder como se hace con cualquiera de las grandes religiones. Esto evidentemente no se está haciendo y aunque se hiciese quizá se tardarían varios siglos en alcanzar el objetivo.

EL ORIGEN DE LA VIDA

Lo que si está bien claro es que el único caso que podemos analizar mas o menos a fondo sobre el origen de la vida, es el acecido en nuestro propio planeta. Si entendemos como ha surgido aquí quizá podamos saber o especular razonablemente con lo ocurrido hipotéticamente en otras partes del Universo. Una de las líneas de investigación (que parece bastante acertada) sugiere que a partir de materia no viva (elementos químicos como el carbono), mediante procesos aleatorios (la casualidad siempre presente) y sobre todo mediante mucho, muchísimo tiempo, es posible que se produzca finalmente materia viva. Dicho de otro modo la antigua Teoría de la Generación Espontánea (desacreditada a partir del siglo XVII), parece resultar correcta; pero con algunas matizaciones importantes: el tiempo preciso es muy muy superior al que nuestros antepasados pensaban. Por otra parte en la Teoría de la Generación Espontanea, se suponía que se partía de materia sin vida pero ya compleja (un trozo de carne en descomposición por ejemplo) y según las ideas mas actuales se piensa por el contrario que el punto de partida era materia mucho mas simple. Átomos aislados.

La idea de que la materia no viva se organiza por si sóla; no es tan descabellada como parece. Consideremos lo que ocurre por ejemplo con los minerales y rocas Adquieren formas en algunos casos (cubos de pirita o cristales de aragonito) tan perfectas, que parecen talladas a propio intento por algún artista. De hecho en Irlanda del Norte existe una formación rocosa, “La Calzada de los Gigantes”, así llamada porque parece un empedrado realizado a propio intento para el tránsito de gigantes y sin embargo es de origen claramente natural, como sabe cualquier geólogo. No obstante en el siglo XVII, algunos “entendidos” llegaron a afirmar que en efecto eran obra de gigantes. Ver imagen adjunta tomada de una página de la Red (Grupo Cliford-Pochipedia)

Por otra parte hay seres vivos que son “casi” compuestos minerales. Algunos virus se hallan en la frontera entre la materia viva y la materia mineral. Se considera lógicamente que la vida en la Tierra ha seguido un proceso evolutivo que conduce desde estos primitivos seres vivos, casi minerales a las formas mucho mas complejas como somos los humanos. En consecuencia hemos de suponer que con tiempo, mucho tiempo y muchos golpes de casualidad; se puede recorrer el camino que conduce de la materia no viva a la viva. Puesto que los componentes químicos que hay en La Tierra también existen en otras partes del Universo; lo acecido en La Tierra puede perfectamente haber ocurrido en otras partes del Universo. Ahora bien el resultado final tras muchas casualidades, ha de ser forzosamente muy diferente en la Tierra a lo que hipotéticamente sucede en otras partes. Eso de imaginar a los extraterrestres con ojos, nariz y boca y poco menos que dispuestos a tomarse unas cervezas, es un disparate.

De momento con lo dicho basta; pero como hay mas “en el tintero”; lo expondré en el próximo artículo.

Madrid, 14 de octubre de 2.016

Rogelio Meléndez Tercero