La historia de la capital de Viejo Reino es tan extensa y cuenta con suficientes especialistas como para que el periodista intente explicar la importancia del patrimonio urbano que mantiene un rincón de la ciudad de León denominado La Plaza del Grano.

Cuando un despistado turista aparece por allí parece toparse con un recinto de suelo conformado por canto rodado en torno a una serie de casas viejas donde algunas guardan todo un mundo de anécdotas y sucesos de la leonina urbe.

El gobierno local se ha dispuesto a intervenir para mejorar los servicios básicos de la zona, así como para recuperar el estado de zonas donde el paso del tiempo habían hecho mella. Y se lió.

 
Sesudos literatos con grandes premios e ideología clara se prestaron a la protesta. Algunos medios de comunicación con línea editorial guerracivilista agitaron a la parte alícuota de su opinión pública. Los partidos en la oposición encontraron grieta por donde hacer sangre, y finalmente, los bulos a través de las redes sociales hicieron el resto.

Se ha dicho de todo. Desde hormigonar el recinto a derribar casas… En fin. El Ayuntamiento de León, un día sí y otro también, no para de explicar a la ciudadanía lo que es y lo que ocurre en realidad. Pero toda una campaña, incluidos presuntos vecinos que luego ni viven allí, reparten octavillas y jalean las concentraciones. Es la nueva política, la del populismo ciego, la de las consignas de comisarios disfrazados de notarios de la actualidad, la mentira por norma y la verdad como víctima.

Gobernar va ligado a tomar decisiones. Y tomar decisiones es decantarse por actuaciones que a unos benefician y a otros no tanto. Y en este lugar, patrimonio importante del León medieval, se han practicado las catas arqueológicas, cumplido las leyes y tenido en cuenta cómo se debe obrar. Separemos el grano de la paja.

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