En un fútbol en el que los colores se cambian con una facilidad asombrosa, Jonathan Ruiz fue la excepción que confirma la regla. El centrocampista, como él mismo dijo, llegó sin hacer mucho ruido y casi una década después se marchará tras hacerse hueco en la nonagenaria historia de la Deportiva.

Pocos jugadores representan mejor el trabajo, la constancia y la fidelidad hacia un club, con el que vivió su crecimiento y su mejor época, un agradecimiento que le hizo continuar tras el último descenso.

Terminado su último servicio, el centrocampista anunció su desvinculación para volver a casa. “Mi familia me necesita más que la Deportiva”, explicó.

Así, la Ponferradina despide a un jugador que será difícil de olvidar, un gigante en la medular que nunca dio una batalla por perdida. Hasta siempre, Jony.