Hoy me han invitado a las jornadas gastronómicas y de tapas mineras en Fabero. Como  otros años me dispongo a degustar los manjares de la tierra, regados con buen vino del Bierzo o una cañita para que los efluvios del mencía no me nublen la razón. El camino hay que tomarlo con calma, pues son muchos los bares y bodegas presentes en la localidad faberense, que ese día se animan a poner buen pincho para atraer la visita de todas las gentes del valle y alrededores. Creo recordar que el año pasado una de las calles estaba decorada al uso minero. Una galería con su entibado de madera, muy bien posteado por cierto, todo ello tapado con una loneta de plástico negro y  con una leve iluminación en su interior. Las salidas de la galería en cuestión, por suerte, no llevan a rampa alguna sino a la puerta de un bar abarrotado de gente consumiendo y por tanto haciendo de ese día un ingreso extra en la precaria economía de la zona.

Éste año todo es diferente, como hijo y nieto de mineros me siento fascinado por la decoración en cuestión. De hecho, si me vendan los ojos y me llevan a Fabero sin saber a dónde voy, al abrirlos pensaría que estoy en Euskadi en la época dura  de la” Kale Borroca”.

¡Con dos cojones!, y perdón por la expresión, los organizadores han socializado las barricadas mineras igual que el pincho minero, no solo no se cortan y ponen montones de neumáticos atravesando las calles con iluminación de hoguera sino que acompañan dicha falta de ética con cartelería de un sindicato. ¿Será esto ese plan especial para la recuperación del patrimonio industrial que reactivará la zona? Hasta igual nos dan unos dineros para el año que viene y hacemos barricadas más reales, con fuego de verdad, que se nos dan muy bien las hogueras últimamente. En vez del “Arde Lucus” tenemos “Arde Fabero”; algún Nerón berciano se estará frotando las manos con la idea, fíjese usted que hasta con un poco de fortuna dejan de quemar el monte. ¿De verdad queremos que la imagen de nuestra minería sea el de las barricadas, las hogueras y las proclamas? Alguno dirá que sí; pues así nos va. Preferimos esto, a otra realidad minera que recuerdo de mi infancia. Sólo dejaré un pequeño esbozo de lo que creo, que los muchos que defendieron la minería en tiempos no muy pasados y presentes, intentaron transmitirnos. Compañerismo, lealtad, valor, esfuerzo, trabajo, ilusión, futuro, arrojo, fuerza, lucha por los derechos…Un recuerdo guardo en mi memoria con un cariño especial en esto de los derechos en ese pasado cercano:

Mi madre con otras mujeres, todas unidas, agarradas con sus brazos entrelazados, embarazadas unas cuantas, y niños. Una barrera inquebrantable. Todas pidiendo derechos, no económicos,  juntas pidiendo el sábado libre para sus mineros, sin mina, por sus familias. La fuerza del orden, no se atrevió a entrar ese día a las oficinas de la empresa minera. Gracias a ellas, más tarde mi padre  cogía su Seat 124 de color rojo para llevarnos cualquier sábado de cualquier año de merienda al monte, todos juntos en familia. Era un derecho, ¿dónde se quedó ese sábado y domingo libre para el minero? En  la connivencia del político fracasado y el empresario que aprovechó  la miseria de los demás para medrar. Todos sabemos lo que hay, somos de aquí.

No vamos a entrar en debates vetustos de las causas de la situación, porque de nada sirve y nada soluciona. Quién sabe si estas barricadas nos traerán otro levantamiento minero anarquista como el de 1933 (ahora que lo menciono, en breve, en otro artículo hablaré de la que se lió), en el que el Cuartel de la Guardia Civil de Vega de Espinareda ardió y por poco el de Ponferrada. Por supuesto, no quiero que las barricadas sean un símbolo actual de lo que es Fabero y los mineros en un festival del pincho, que bastante tenemos que mejorar para salir del pozo. Sí, quiero que sea recuerdo de la lucha por los derechos sociales, y que sea respetado, no utilizado comercialmente. No podemos socializar la quema de neumáticos como se socializa un festival del pincho minero. No se puede desdibujar la imagen de lucha minera para convertirla en proclama turística.