Diego Álvarez Ramos / Astorga. Luis Fernández Terrón es médico de profesión, vive en Astorga (aunque es natural de Lillo del Bierzo) y en sus ratos libres, en la mayoría de ellos, se dedica a su mayor afición, la escritura. Posee ya nueve libros publicados. El último de ellos se corresponde con el aquí tratado, ‘La flor de una saga berciana’, presentado a principios del pasado mes de marzo del presente año. Fernández Terrón, un hombre que a simple vista ya parece humilde, y que además es muy reflexivo y solidario, abrió las puertas de su casa al Bierzo Digital para tratar con nosotros aspectos del libro y también sobre su persona.

Momentos previos a la entrevista nos enseña su despacho con interés en mostrar y explicar cada uno de los cuadros de la sala. En ellos pueden observarse los diferentes títulos de medicina que, “con mucho esfuerzo”, ha logrado a lo largo de los años. “Por aquel entones las posibilidades eran limitadas, y como quería estudiar medicina y sabiendo lo que ello conllevaba, llegué a trabajar en la mina un verano entero”, relata. Acercándose a la parte opuesta de la estancia, por detrás del largo escritorio y frente a una no muy alta estantería llena de retratos, con algunos tintes de nostalgia, susurra: “este soy yo de pequeño, con aquellos atuendos que nos ponían por entonces. El tiempo pasa volao”.

Pregunta. Tal y como se deja entrever en las primeras líneas del libro, éste vino inspirado por una canción del grupo Tista y Sara. Concretamente por la canción ‘Para qué te escribo’. Cuénteme cómo fue ese momento de inspiración.

Respuesta. Tista y Sara son unos grandes amigos, y después de que me regalasen unos Cds que iba escuchando en el coche, una vez uno de ellos me trajo recuerdos que me trasladaron al pasado, hacia personas del pasado, cosas que me decían mi madre y mi padre, pero sobre todo mi madre. Ella era honrada y solidaria,  lo que trasladaba a sus hijos. Siendo mi familia muy humilde siempre trató de inculcar a sus hijos el sentido de la solidaridad y la honradez. ‘Para qué te escribo’ es una canción que despierta amor y un sentimiento tan espiritual… que éstos son los valores que a mí más me llenan. El aspecto material solo sirve para tener una vida digna, pero que luego no pasa más allá. El valor de satisfacción solo reside en estos valores. A partir de ahí empecé a elaborar una novela corta dedicada a mi madre y a mi abuela.

 

(Por una mayor comodidad la entrevista se realizó en el salón de su casa, donde al parecer existía un jilguero que se hacía notar con un canto tímido de vez en cuando y casual).

 

P. En algunos medios se ha dicho que el libro trata del amor y de la muerte. Yo sin embargo, creo que el tema es la supervivencia, la lucha por salir adelante o lo que es lo mismo, la propia vida.

R. Y no en sentido de muerte, si no en sentido de esperanza. El tema es la esperanza, de cómo pervive a través de las generaciones. El amor, junto con el destino, finalmente pone las cosas en su sitio.

PDel comienzo del libro puede extraerse: “por mucho que cambie el ser humano los sentimientos serán los que perdurarán en el transcurrir de los tiempos”. ¿Cómo definiría o entiende el concepto de “sentimiento”?

R. A lo largo de la vida se van dando muchos tumbos y tendemos a volvernos como pequeños. En la edad madura, cuando se alcanza cierta edad, es cuando obtenemos “una estela” y cuando “explosionamos” en un sentido afectivo y de sentimientos, y es entonces cuando más valoramos lo afectivo frente a lo material. Los estímulos más potentes son aquellos que más gratificación te dan, y esos son los afectivos, es decir, “que algo surge ahí” y que se llama sentimiento.

P.  ¿Cuáles son los sentimientos que aún perduran en su recuerdo?

R. He venido de un familia muy humilde y he tenido mucha suerte, porque he tenido una familia, unos padres, que siempre me han apoyado, siempre han estado pendientes de mí, han confiado en mí, y ese es un sentimiento muy agradable. Me educaron con pocos conocimientos pero con mucho sentido común, que a mí me parece que se ha perdido. Ahora hay muchísima información, parece que la gente sabe muchísimo y, sin embargo, se ha perdido el sentido común y parecen ignorantes. Sin embargo, ellos, con su ignorancia tenían sentido común y parecían gente muy sabia. Me han valido muchas cosas de las que ellos me han transmitido, como el sentimiento de haber sido apoyado y el de tener confianza en mí mismo.

 

(El jilguero, entre un fluir de palabras e ideas vuelve a cantar sutilmente, haciéndome girar levemente el cuello para poder localizarlo, puesto que aún no había visto la jaula y aún no tenía claro dónde se situaba exactamente dentro de aquella grande estancia).

 

P.  Volviendo al libro, háblame de su protagonista, Fátima Nóret.

R. Hace referencia a mi abuela Benigna Terrón (que si damos la vuelta al apellido, obtenemos -casi- el apellido, Noret), es un homenaje. También a mi madre, reflejada en Sara. Mi padre era minero y calladito, por lo que algo puede también reflejarse en la figura de Ismael Oliva.

P. ¿Cuánto hay de Luis Fernández Terrón en los personajes masculinos de la obra?

R. La capacidad de observación, reflejada en Samuel, la reflexión… Los seres humanos tendemos a la bondad, por inercia tendemos a la solidaridad… y yo tiendo a la esperanza.

 

(Mario, sí, el jilguero -así es como se llama-, vuelve a cantar, pero esta vez con una mayor intensidad, lo que me hizo girar una vez más la cabeza para poder localizarlo. El doctor Terrón corta la entrevista, y a modo de inciso me dice “es Mario, el jilguero. Me lo regaló un paciente pocos meses antes de morir, por lo que al final lo traje a casa”).

 

P. Uno de los lectores de su libro me ha comentado su percepción de una descripción muy atractiva en los personajes femeninos. ¿Tiene una especial relación o declinación con ellos?

R. Me atrae mucho el personaje femenino, las mujeres son seres muy inteligentes, muy eróticos y llamativos. Me influye esa atracción, el sexo contrario, además de escucharlo y saber cómo piensa. La profesión también me ayuda, incluidos sus silencios.

 P. Algunas de las realidades tratadas en el libro, además del amor y la muerte, son el egoísmo, la avaricia, la solidaridad, la esperanza, la alegría o la libertad. ¿Estamos también presentes ante un libro moral o de aleccionamiento?

R. No, aleccionar no. Hay una exposición de defectos o virtudes de los humanos que siempre estarán ahí. Ahora bien, lo que trato de plasmar… la libertad, ¿qué es para unos y qué es para otros? Desde mi punto de vista la libertad es que haya capacidad de pensar, capacidad de tener conciencia y de tener creencia. Si algunos de esos pilares no existieran, no habría libertad para la persona.

P. Qué motivos daría para comenzar la lectura de “La flor de una saga berciana”?

R. Que puede haber algo que guste o haga reflexionar.

Finalmente propuse a Terrón un juego de palabras en el que me contestase con una sola a las siguientes que yo mismo le enuncié. El resultado fue el siguiente:

Libro – “conocer a los demás”.

Solidario – “ponerte en el lugar del otro”.

Dinero – “lo justo para vivir dignamente, lo demás sobra y te traerá problemas”.

Campo – “inspiración”.

Avaricia – “siempre rompe el saco”.

Tierra – “¿sola? Poca cosa.”