Cuando el instituto al que los alumnos deben acudir cada mañana está a más de dos horas de camino de sus lugares de residencia, el abandono escolar se convierte en un problema estructural. Eso es lo que ocurre en grandes zonas de la India como Anantapur, un distrito en el que en algo menos de 20.000 kilómetros cuadrados, una superficie poco superior al territorio de la provincia de León, viven más de cuatro millones de personas, casi el doble de los habitantes de toda la comunidad. Un proyecto solidario encabezado por Federico Méndez, profesor de Geografía e Historia del IES Bergidum Flavium en el municipio berciano de Cacabelos, busca poner freno a esta problemática con la organización de una marcha ciclista cuyos beneficios se destinen a la compra de bicicletas para solucionar las carencias de transporte de los niños de Anantapur. Con la colaboración de la Fundación Vicente Ferrer, el objetivo del proyecto es alcanzar los 1.700 euros, una cifra que se traduciría en más de 30 bicicletas que sumar a las más de 16.000 que la Fundación ha repartido desde la puesta en marcha de la iniciativa solidaria.

Al respecto, la técnico de sensibilización de la Fundación Vicente Ferrer en Castilla y León, Nuria Burgos, valora que el proyecto permite “dotar de un futuro” a niños y niñas que tendrían muy difícil su continuidad en el mundo académico, de no ser por la ayuda sobre dos ruedas proporcionada por campañas de colaboración como la puesta en marcha por el centro educativo berciano.

En ese sentido, Burgos, que se desplazó a Cacabelos para presentar el proyecto a los alumnos del centro educativo, destaca que la iniciativa adquiere más valor al pensar que los beneficiarios y los colaboradores son “niños de las mismas edades pero que no disfrutan de las mismas oportunidades”. Al respecto, este tipo de proyectos aspira a hacer entender a los escolares españoles que, “dentro de las diferencias, sus vidas transcurren de manera paralela”.

Doble discriminación

“El proyecto trata de paliar una carencia social que tienen en la India”, explica Méndez. “Los niños y niñas están escolarizados en sus localidades de origen hasta primaria, aunque la tasa de analfabetismo es muy grande. Pero cuando van a acceder a secundaria tienen que desplazarse, los centros quedan más lejanos, algunos a más de diez kilómetros”, relata el profesor de Geografía.

Es entonces cuando “se establece una criba entre los niños y niñas que pueden adquirir una bicicleta para desplazarse y los que no”, resume. A la discriminación por cuestiones económicas, se suma otra discriminación por razones de género, explica Méndez, que recuerda que “normalmente tienen más posibilidades los niños que las niñas”. “A muchísimas niñas, a los 14 años las desescolarizan, las casan y la vida les va por otro rumbo”, lamenta.

Al respecto, Burgos recuerda que, en sus inicios, diez años atrás, el proyecto de reparto de bicicletas en el distrito de Anantapur se dirigía únicamente a las niñas, aunque la buena marcha de la iniciativa permitió ampliarla para incluir también a los chicos. A lo largo de esta década, las diferentes iniciativas de colaboración han logrado recaudar más de 800.000 euros, que se han transformado en más de 16.500 bicicletas para otros tantos estudiantes de más de 3.000 pueblos de la región.

Además, las bicicletas del proyecto se adquieren directamente en la India, como una forma de facilitar el acceso a los repuestos y de favorecer la economía local, explica Burgos, que recuerda que la Fundación realiza un seguimiento a las familias beneficiadas, a las que se ofrece un pequeño curso de formación en el mantenimiento del vehículo. Al término del proyecto, junto al informe de justificación, la Fundación envía fotos a las entidades colaboradoras “para que puedan ver que el dinero llega”, explica.

Implicar a los alumnos

Para llevar a cabo sus objetivos, el proyecto se integra en la vida del centro a través del departamento de Orientación y en contacto con las tutorías. El primer paso, explica Méndez, fue proyectar a los alumnos un vídeo sobre la realidad social de la India y la labor que desarrolla la Fundación Vicente Ferrer en el país asiático.

A partir de la presentación del proyecto, un grupo de chicas de cuarto de la ESO formó un núcleo de voluntarios que trabajará codo a codo con los impulsores del proyecto a la hora de buscar colaboradores económicos para la iniciativa. “El objetivo es que los alumnos aprendan la mecánica habitual para cuando uno quiere conseguir alguna ayuda para un proyecto o idea, qué es lo que hay que hacer y qué teclas hay que pulsar”, explica el profesor encargado del proyecto.

Además, los escolares de primero de ESO participaron en un concurso para diseñar el cartel de la iniciativa, que se plasmará en camisetas y pegatinas cuya venta aumentará la recaudación destinada a la causa. “Queremos implicar al mayor número de alumnos”, resume Méndez, que recuerda que “todo culminará en una marcha ciclista que será el 4 de abril”. Entre tanto, los responsables del proyecto han puesto a disposición de las personas interesadas en colaborar un número de cuenta en el que pueden realizar sus aportaciones (ES55 0182 6380 9702 0157 4538) con el concepto ‘Bicis para educar’.

Vocación de continuidad

El centro educativo, que este año celebra sus 50 años de existencia, participa por vez primera en este proyecto de cooperación internacional, que nace con vocación de continuidad. “Nos informamos del proyecto de la Fundación Vicente Ferrer y nos pareció muy interesante ponerlo en conocimiento de los alumnos”, explica Méndez, que recuerda que el instituto desarrolla cada año un proyecto de cooperación local, consistente en una carrera solidaria para recaudar alimentos para la asociación de voluntarios de Cacabelos, Flavium.

En esta ocasión, el centro cambiará las zancadas por pedaladas para llegar más lejos, hasta un subcontinente en el que, de ser cierto que una vez se aprende a montar en bicicleta ya nunca se olvida, habrá una treintena de alumnos que jamás olvidarán la ayuda sobre dos ruedas llegada desde la comarca del Bierzo. “Nos parecía muy importante que el centro participase en un proyecto de cooperación internacional para dar una visión más amplia a nuestros alumnos”, asegura el profesor, que espera poder establecer una periodicidad anual para una iniciativa de similares características. “Iremos perfilando hasta que salga la cosa rodada”, explica Méndez con una sonrisa, consciente de lo adecuado de la expresión para el proyecto que se trae entre manos.

Reportaje gráfico: César Sánchez (Ical)