Ponferrada sigue siendo una ciudad con pocas luces y las que tiene, no cumplen su cometido. Esta realidad, que se puede comprobar con un paseo por cualquiera de los puntos del municipio “agraciados” con farolas,  ha llevado al equipo de gobierno a estudiar la posibilidad de incrementar la intensidad de la luz, especialmente en las lámparas que iluminan los pasos de peatones. Una decisión acertada del equipo de gobierno, que no debería dilatarse más en el tiempo y a la que tristemente se ha llegado por la serie de atropellos que se producen en nuestra ciudad: por lo menos, cuatro personas arrolladas por vehículos en estas pasadas fiestas de Navidad y Reyes. Pero antes, sabemos que fueron otros.

Sinceramente creo que nuestro municipio siempre ha errado en materia de alumbrado público y que la mayoría de luminarias proyecten una lánguida sombra que deprime los recorridos de las vías públicas y de quienes los protagonizan. Las farolas de Ponferrada son casi un reflejo del ambiente general, con una luz pobre y triste, más propia de la Bohemia que escribió Valle Inclán. El primer ejemplo de esa tacañería luminosa lo tenemos a la entrada de la ciudad, lo que en teoría debería ser la mejor carta de presentación para dar la bienvenida a propios y extraños. Dejando la autovía y pasando la rotonda que sube al cementerio, nos topamos con esa especie de túnel gris, sin ningún tipo de atractivo luminoso que alegre ojo y cuerpo, para indicar que está usted entrando en la segunda ciudad más grande de la provincia. Ese insulso pasaje, te traga por unos segundos y te devuelve a la Avenida de Astorga flanqueada por unas modernas farolas que son muy vanguardistas según los gustos, pero dan menos luz que una cerilla en la Cuevona. Seguimos recorrido por la avenida del Bierzo, por ejemplo y allí nos encontramos farolas obsoletas, tapadas por árboles en algunos puntos del recorrido junto al plantío y las propias luces del parque igual de mustias. En la Avenida del Castillo y precisamente en los pasos de peatones donde el equipo de gobierno ha puesto el ojo para corregirlo, sucede otro tanto de lo mismo. Con niebla y sin ella, bien entrada la noche, – como dice el anuncio-, sólo un autónomo se atrevería a cruzar. Peligroso de verdad, el recorrido nocturno por delante del Museo de la Energía, y ¡esta sí que es una buena paradoja!, donde las farolas que han instalado, parece que estuvieran alimentadas por luciérnagas. Podríamos seguir con muchos más ejemplos en calles principales de Ponferrada y secundarias, en casco urbano y en barrios como Flores del Sil, Cuatrovientos, Fuentesnuevas y por supuesto en las pedanías del municipio que también sufren todos estos inconvenientes del deficiente alumbrado público. Bienvenida sea la intención, deseamos por el bien de todos que se convierta en realidad y que los halos de luz que emiten las farolas de Ponferrada cambien e iluminen de verdad, hay muchas opciones de bajo consumo, los técnicos municipales están perfectamente capacitados para encontrarlas. Y con las luces encendidas y el alma en modo optimista, igual conseguimos entre todos que las imágenes más bellas de nuestra Ponferrada, no se vean absurdas en los espejos cóncavos. Así lo diría el único ciego que veía la verdad… en la obra del inmortal dramaturgo gallego… ¡cráneos privilegiados!