Lydia Valentín nunca olvidará el año 2016, por todo lo bueno y lo malo. Acaba de ser reconocida con el Premio Castilla y León del Deporte del pasado año, un galardón que recogerá mañana; en un año en el que la berciana ha podido al fin disfrutar de sus éxitos deportivos sobre el podio de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Recién retornada de Croacia, donde se ha alzado con su tercer título europeo de halterofilia, espera que el Comité Olímpico Internacional (COI) le haga entrega de las medallas que le corresponden, tras descubrirse que sus rivales se habían dopado en los Juegos de Londres 2012 y Pekín 2008. La deportista sueña ya con el mayor reconocimiento que puede recibir, el Premio Princesa de Asturias del Deporte, para el que su nombre ya ha sido oficialmente propuesto por el Ayuntamiento de su municipio de origen, Camponaraya.

El último Campeonato Europeo de Split (Croacia) te ha permitido volver a casa con tu tercer título continental bajo el brazo. ¿Se siguen valorando igual los éxitos? ¿Continúa haciendo la misma ilusión?

Sí, claro. Totalmente. La misma ilusión. Cada competición es diferente, no tiene nada que ver la preparación o el momento en el que llegas. Depende de lo que te haya costado, lo que hayas hecho, cómo… Al final, estar ahí arriba es por lo que todo el mundo entrena, por lo que luchamos día a día.

En tu currículum ya puedes añadir la triple medalla olímpica, ¿tienes un lugar preparado en tu casa para colocar las preseas una vez te las entregue el COI?

Antes del Europeo estaba centrada en la preparación, pero cada poco tenía noticias de Alejandro Blanco [presidente del Comité Olímpico Español]. Sé que está haciendo un buen trabajo, sé que está inmerso en el caso y no creo que quede mucho para que se me puedan entregar. Yo estoy tranquila porque sé que él está llevando a cabo una labor que le va a llevar tiempo, porque hay muchos países y muchos deportistas implicados que tienen que devolver cada uno su medalla. Estoy esperando que me lleguen para juntar la de Río con las otras dos.

¿Qué es lo que más te duele de cómo han sucedido las cosas?

El momento que me he perdido, tanto en Pekín como en Londres. El hecho de que te reciba tu propio país, que se emocione contigo la gente que te ve por televisión, que me emocionara yo sabiendo que había ganado. Lo que más me molesta es que se sigan haciendo trampas en el deporte y que encima se descubran cuatro u ocho años más tarde. Realmente eso es lo que me molesta. Creo que es una imagen bastante fea la que se da. Cuando hablamos de deporte siempre tienes que hablar de los valores, de lo que aporta, del sacrifico que conlleva año tras año, día tras día, sin ningún tipo de atajo, de forma natural. Creo que al final se ha hecho justicia, han reconocido que ha habido personas que han jugado con trampas y, aunque haya sido tarde, se ha reconocido.

“Esfuerzo, perseverancia, superación y sacrificio”. Son los valores por los que el jurado ha decidido otorgarte el Premio Castilla y León del Deporte. ¿Qué significan esas palabras en tu día a día?

Son los valores que a mí me ha inculcado el deporte desde muy niña. Siempre he dicho que yo no practico deporte, sino que el deporte me ha hecho a mí. Tener esa base es muy importante. Poder crecer con esos valores tan importantes ha hecho que me otorguen el máximo galardón que puede otorgar mi Comunidad, por el cual estoy muy agradecida y que estoy deseando que me entreguen. Creo que estoy viviendo los mejores momentos de mi carrera deportiva y estoy muy feliz por todo lo que me está pasando. Obviamente, las cosas no pasan de casualidad y son muchos años de dedicación, de estar trabajando en la sombra sin saber que era campeona y subcampeona olímpica, con los pocos recursos que ello conlleva.

¿Estás de acuerdo con el veredicto del jurado? ¿Ha sido 2016 el año de Lydia Valentín?

Puede sonar un poco extraño, pero 2016 fue el peor y el mejor año de mi carrera. A principios no sabía si podría asistir a Río porque estaba lesionada desde noviembre de 2015. Todo empezó a complicarse, veía que la recuperación iba más lenta de lo que a mí me hubiera gustado. Además, nunca me había lesionado de esa manera. Me sentía rara, estaba en una situación muy crítica para mí. Psicológicamente fue muy duro porque no sabía lo que podía pasar, pero lo superé y salí más fortalecida, porque subí al podio a recoger una medalla de bronce, que a mí me supo a oro. Finalmente acabó siendo mi mejor año porque conseguí tres medallas olímpicas en tres juegos diferentes en un solo mes. Soy la única persona que puede decirlo (Ríe).

Tokio 2020 aparece en el horizonte como una oportunidad para resarcirte del daño que se te ha hecho en el pasado. ¿Cómo afrontas esa cita? ¿Serán tus últimos Juegos?

Sí, será mi última cita olímpica. Ahora mismo lo contemplo como una cita a largo plazo. Me gustaría aprovechar este ciclo olímpico y vivir con más intensidad tanto los Europeos como los Mundiales, antes de llegar a Tokio. Quiero que ésa sea mi última competición a nivel élite y retirarme en unos Juegos Olímpicos.

¿Y qué pasará después en la vida de Lydia? ¿Dónde te ves en diez años? ¿Vinculada al deporte? ¿A la moda?

Lo tengo bastante claro. Estos cuatro años mi prioridad va a ser el deporte, pero voy a mezclar la promoción de mi propia marca de ropa y mi marca personal. Quiero trabajar en ella, quiero crear, quiero sobre todo ayudar a las chicas que practican deportes de fuerza para que puedan tener cosas más femeninas y no tan unisex. Tengo muchas ideas en la mente y quiero que mi futuro esté relacionado con la ropa y con el deporte.

Tu apariencia y tu manera de ser te han convertido en un referente para muchas chicas dentro y fuera del deporte. ¿Ha sido duro superar ciertas barreras y prejuicios?

Nunca me ha importado mucho lo que piensen los demás. Estoy centrada en como soy yo y no voy a cambiar mi manera de ser. Es algo innato. Sí es cierto que he sentido que la gente se ha fijado más en mi estética porque practico un deporte de fuerza. Se sorprenden de que lleve pendientes o de que vaya maquillada o de que lleve el pelo largo. Me asombra que se asombren. Soy una chica, ¿por qué no voy a hacer estas cosas? No es cuestión de dar explicaciones ni reivindicar nada. Ahora mismo en la selección somos más chicas que chicos. Ellas son igual que yo. Las que han ganado con trampas son las que han afectado a la imagen de este deporte, porque esas trampas lo trastocan todo.

Después de cada competición, reservas unos días para volver a Camponaraya, a tu Bierzo natal. ¿Cómo te reciben tus amigos y vecinos?

La verdad es que me reciben genial. Venir a mi pueblo es como ir al paraíso. Es un pueblo pequeño, de 3.500 habitantes, pero para mí es el mejor sitio del mundo. Está mi familia, la gente que me vio crecer. Para ellos es un orgullo que una vecina suya represente su bandera por todo el mundo. Me paran y me dan la enhorabuena y yo, orgullosa de sentirme de esta tierra.

El Premio Princesa de Asturias del Deporte es de los pocos reconocimientos que faltan en tu vitrina. ¿Cómo valoras la propuesta para tu nominación?

Estoy muy contenta por esa propuesta que ha hecho el Ayuntamiento de mi pueblo y que apoya la Federación Española de Halterofilia. Me emocioné muchísimo al saberlo. Sólo el hecho de estar propuesta es algo muy novedoso para mí, algo que nunca pensé. Estoy muy feliz sólo por eso, ganarlo seguro que debe ser como subir a una nube.  

Lydia Valentín, premio Castilla y León del Deporte 2016, posa con las últimas medallas conseguidas en el campeonato europeo de Croacia. / C. Sánchez

Lydia Valentín, premio Castilla y León del Deporte 2016, posa con las últimas medallas conseguidas en el campeonato europeo de Croacia. / C. Sánchez