Hoy me gustaría volver a escribir sobre el incendio que arrasó la enorme y bella sierra de mi pueblo. Ayer subí caminando por el cortafuego del lado izquierdo, muy bien trazado, y que pudo haber evitado la que las llamas pasaran de la zona de Palaciosmil a la de Quintana del Castillo. Lo que ocurre es que, mientras que no ha faltado quien haya permitido la extracción de toneladas y toneladas de madera de roble, nadie se ha molestado en tener limpios los cortafuegos, llenos de maleza, ni por supuesto de tener limpios los montes.

Ya la semana pasada me hubiera gustado comentar la espeluznante de noticia del bebé que fue arrojado a un contenedor de basura y que, gracias a que alguien oyó su llanto, pudo ser, milagrosamente, rescatado. Suerte tuvo que su madre lo arrojó vivo y no hecho pedazos, pues de lo contrario ya no podría llorar. Es lo que les ocurre a los bebés que, también con el consentimiento de sus madres, son destrozados en las clínicas y arrojados a los contenedores de basura de dichas clínicas, sin opción a llanto. En el primer caso todo el mundo se escandaliza, en estos otros miles de casos la indiferencia es total. Aunque parezca mentira, si la madre hubiera acudido al hospital para que se lo mataran, se hubiera ahorrado el tener que estar ahora en la cárcel.

Lo cierto es que los últimos datos de la EPA nos dicen que no solamente ha desparecido la tendencia a la destrucción de empleo, sino que ahora la gráfica marca una buena dirección y se van creando puestos de trabajo. Aunque aún falta mucho terreno por andar, no podemos quitarle al gobierno de Rajoy el mérito de este cambio de tendencia. Si a esto añadimos la desastrosa gestión que parece que están llevando a cabo los nuevos partidos de cuño populista, entendemos que todo ello pueda favorecer al gobierno actual. Pero, ay, la economía no lo es todo.

Por muchos que sean los éxitos de Rajoy en materia económica, difícilmente se le puede perdonar que no haya hecho nada para evitar que un día sí y otro también se sigan arrojando cientos de niños a la basura, con el amparo de la ley. Y la verdad es que no se les ven intenciones de cambiar, sino que todo se reduce a frases bonitas vacías de contenido.

Pero tampoco se ve que el pueblo, incluidos muchos cristianos, sientan la más mínima indignación ante este genocidio del aborto. ¡Qué contraste tan grande nuestra cobardía con el testimonio de esa mujer, mártir y santa de nuestro tiempo, aunque aún esté viva!. Me refiero a Asia Bibí, encarcelada desde hace seis años, hasta el presente condenada a morir en la horca, pudiendo evitar todo este sufrimiento si renunciara a la fe cristiana. ¡Cuánto tenemos que aprender de ella y de otros cientos de miles de cristianos como ella!

Entre tanto seguirán ardiendo los montes, y seguirán arrojándose niños a la basura!