Durante los últimos días se ha mantenido un agrio e intenso debate en las redes sociales como consecuencia de una fotografía en la que podían apreciarse diversos paquetes de legumbres abandonados al lado de unos contenedores en las cercanías de una oficina de Cáritas. Entre las opiniones que comprenden y asumen los principios rectores de Cáritas y de la Iglesia en cuanto a su política de ayuda a los necesitados de inmediato surgieron voces de indignación para criticar el reparto de alimentos sin un proceso selectivo tendente a excluir a los miembros de ciertas etnias o creencias que nada tienen que ver con la Iglesia Católica o instando a un mayor control en la distribución. Bien es verdad que existe un choque de civilizaciones en Europa y que muchos estamos indignados por la inoperancia y la cobardía de nuestros gobernantes frente la invasión de culturas ancladas en el Medievo, o aún más atrás, que pretenden terminar con nuestras libertades a través del terror e instaurar sus costumbres en occidente. En semejante tesitura puede resultar paradójico que el porcentaje más elevado de los favorecidos por Cáritas no sean católicos sino fieles a otros credos. Por último, para algunos, el colmo de lo asumible podría ser que la institución tampoco excluya de su socorro a personas que, a pesar de ser ayudadas, se amparan en el respeto y en la garantía de anonimato que les garantiza Cáritas y, desde su pertenecía o cercanía a partidos u organizaciones de índole radical, alzan la voz contra la Iglesia como perros rabiosos que muerden la mano de quien les da de comer.

Los seres humanos, en nuestro fuero interno como pecadores y como tales humanos, podemos tener impulsos y pensamientos que, a pesar de su cierta lógica, no pueden ser asumidos por la sociedad y por organizaciones que deben regirse por los principios de igualdad y de justicia. Un razonamiento similar lo encontramos en el tema de la pena capital; resulta comprensible que frente a una violación o un asesinato que nos toque de cerca nuestro dolor nos lleve a intentar el ojo por ojo pero la sociedad no puede conducirse por el mismo instinto de venganza sino articular la forma de castigar al delincuente, con la severidad que merezca su delito, siempre sin ir más allá de la cadena perpetua porque solo Dios tiene el derecho de dar y de quitar la vida justamente. Es decir, como humano que soy, yo podría cometer actos llevado por mi instinto de venganza y de odio frente a quien agrediera a los míos pero tendría que asumir esos actos y cargar con las consecuencias que la Ley debe hacer recaer sobre mí al tomarme la justicia por mi mano y, al mismo tiempo, la sociedad no puede moverse por los mismos condicionantes que, en su imperfección instintiva, se mueve la persona a nivel individual. El tema que nos ocupa, a mi juicio, es muy parecido. Nuestro instinto de defensa y de rabia, nuestro carácter de personas imperfectas, nos lleva a pensar de inmediato en no dar ni agua a quienes forman parte de otras creencias máxime cuando algunas facciones de esas creencias siembran de cadáveres nuestro continente o cuando no adaptan sus costumbres al entorno que les acoge y chocan radicalmente con nuestras costumbres mucho más avanzadas a nivel de derechos y libertades. No por ello debemos criticar a Cáritas y a otras instituciones semejantes que deben conducirse en todo momento como lo hacen, esto es, conforme a la doctrina de Cristo según la cual todos los seres humanos somos iguales y susceptibles de ser ayudados en caso de necesidad sin atender condicionamientos de raza, cultura, creencias, sexo… Y así lo hace Cáritas y lo hace muy bien, de forma justa, equitativa y con el debido control para que su ayuda vaya a parar a quien de verdad la necesita. Solo faltaba ya que esta loable y eficiente institución fuera criticada por ser igualitaria y justa cuando ya lo viene siendo por bocazas que jamás asumirían ni de lejos el enorme trabajo que realiza. Son los que, sin tener ni idea, ladran contra la mínima ayuda estatal que se concede a una organización que se sustenta en su mayor medida con el inmenso esfuerzo de sus colaboradores y voluntarios. Es un hecho que si el Estado tuviera que asumir de repente la atención que proporciona Cáritas cada día a millones de necesitados quebraría sin remedio en menos de un mes, a no ser que todos esos populistas que critican alegremente desde la comodidad de su sofá asumieran el coste y el trabajo ingente que les iba a quedar para ellos.

El pasado 23 de noviembre Cáritas Europa presentó en Bruselas su publicación “La justicia social y la igualdad en Europa son posibles. Hoja de ruta de Cáritas”. En ella se definen las ideas de la organización para impulsar modelos sociales en Europa que garanticen el bienestar de las personas basándose en realidades sociales sobre el terreno y ofreciendo recomendaciones que pueden ayudar a los responsables políticos a definir unos modelos sociales más igualitarios, flexibles y eficaces en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

Como es tradición Cáritas desarrollará una intensa campaña navideña en pro de los necesitados. Aquí en Astorga llevarán a cabo, entre muchas otras cosas, la entrañable campaña radiofónica así como la gala navideña en el teatro diocesano el próximo día 18 que, como siempre, constituirá una maravillosa y solidaria velada en la que se podrá disfrutar de lo lindo con el grupo Mixticius y la Banda de la Escuela Municipal de Música de Astorga.

Concluyendo: mano dura en la preservación de la sociedad occidental y de sus valores conseguidos tras siglos de luchas y reformas, firmeza en la defensa de nuestras costumbres, de nuestras normas, de nuestro modo de vida, de nuestra integridad y nuestras vidas pero dejemos que Cáritas socorra a los necesitados bajo la máxima que le es, le fue y le será característica, “todos iguales, ómnibus idem”.