Hablando con la gente, uno saca la impresión de que nadie está de acuerdo con la situación de incertidumbre sobre el presente y futuro político de España, que ha seguido perfectamente el ejemplo de Cataluña. Aunque no sea exactamente el mismo problema, en el fondo tiene mucho en común, por ejemplo el éxito de los antisistema a quienes de alguna manera los electores llegan a justificar y que algunos medios de comunicación se han encargado de potenciar.

No es difícil suponer que si Sánchez, Rivera o Iglesias hubieran sido los más votados reclamarían para ellos la presidencia del gobierno. De ahí que, en caso de no repetirse las elecciones, parece lógico que ellos dejen presidir el Consejo de ministros al que ha sido con diferencia más votado.

Por muchos fallos que tenga la democracia, es la menos mala de las formas de gobierno. Otra cosa es que algunos no lo entiendan así o no estén dispuestos a asumir el veredicto de las urnas cuando les toca perder. Son los  malos perdedores. Es lo que está pasando en Venezuela y puede pasar en España.

Si todos los aspirantes a gobernar buscaran realmente el bien común y no sus intereses particulares, deberían ponerse de acuerdo, aportando cada uno lo mejor de sí mismo. Aunque no tenemos ni idea de lo que pueda pasar, se nos ocurren algunas ideas que debería tener en cuenta un  posible pacto de gobierno y que podrían resumirse en defender el valor integral del ser humano. He aquí algunas pinceladas:

-Que se defienda la vida humana en todas sus fases. Que no se ataque tanto a la familia.

-Que todos puedan disfrutar del derecho a una vivienda. Que nadie tenga nunca que quedarse en la calle.

-Que todo el mundo tenga trabajo, aunque para ello sea preciso repartir el ya existente. Que se creen condiciones para que se puedan crear empresas y no se ahuyente a los inversores.

-Que se mantenga la unidad de España o en todo caso el derecho a decidir de todos los españoles.

-Que no se utilice el laicismo o el odio a la religión como arma electoral u objetivo de gobierno.

-Que haya consenso para hacer una ley de educación que defienda la formación integral (incluyendo la dimensión espiritual), respetando la libertad.

-Que se acabe con la corrupción y los corruptos devuelvan lo robado.

-Que la sanidad siga siendo tan buena como hasta el presente.

-Que España no renuncie a sus más puras esencias y se vea libre de terroristas, demagogos y otros enemigos de la Patria y de la persona humana.

Máximo Álvarez Rodríguez