Espero y deseo fervientemente que el actual desinflado del “fenómeno podemita” siga su curso ya que, elección tras elección, se nos viene a demostrar que han tocado techo y que los electores pueden estar muy cabreados por la crisis socioeconómica pero tontos no son como piensan Turrión y sus secuaces. No obstante, si no fuera o fuese así, a mi juicio creo que se habrían de repartir culpas cuando no todas deben recaer en la secta ésta sino que gran parte se deben a la cobardía del Gobierno para hacer cumplir normas, leyes y costumbres o por su tibieza a la hora en que tiene que regir el sentido común. No existe país occidental donde se toleren sin consecuencias las mamarrachadas y los atentados al imperio de la ley que se toleran aquí actualmente. Y esto no solo hay que reprochárselo al PP cuando fue Zapatero quien abrió la caja de Pandora y en su periodo estuvo la génesis, por ejemplo, de lo que hoy es Cataluña, una comunidad autónoma sediciosa y rebelde en toda regla cuya suspensión tiene motivo desde hace mucho tiempo en virtud del artículo 155 de la Constitución Española. De aún más atrás viene la ausencia de democracia en la comunidad autónoma del País Vasco pues allí se adolece de la libertad para hablar sin miedo desde tiempos que se pierden en la memoria. En suma, vivimos en un país y en unos tiempos en los que la normalidad ha dimitido de las cosas pues una minoría de exaltados ruidosos pisan a la mayoría silenciosa amparados por la resignación de quienes deberían hacer cumplir la norma y huyen despavoridos de su deber por miedo a muchos medios palmeros de los radicales.

Está visto y comprobado que desde la irrupción de Podemos en el templo de la voluntad popular de la Carrera de San Jerónimo estamos condenados a sufrir cada dos por tres una función del “San Jerónimo Circus”. Todos los improperios subsiguientes tienen su origen el mismo día de la constitución de la Cámara. Sin duda, cuando se les permite ser diputados sin llegar a serlo de verdad, se puede esperar cualquier cosa y se pierde toda autoridad para poder impedirles hacer lo que les dé la gana. ¿Y por qué digo esto? Sencillamente porque, con la ley en la mano, ni uno solo de los elementos de Podemos es diputado legal dado que no han jurado o prometido su cargo como es debido. Si un funcionario se niega a jurar o prometer su cargo no adquiere su condición como tal y pierde su plaza. ¿Cuál es el derecho especial que tienen estos individuos para poder acceder a su cargo con promesas de chirigota conforme a la fórmula que ellos mismos eligen convirtiendo el acto en una charlotada? Pues no, mire usted, para acceder a su cargo deben ajustarse a una fórmula establecida y sino a la calle que es donde mejor se desenvuelven.

Una vez que se les consiente prometer por Mickey Mouse empiezan ya las mamarrachadas en cada pleno congresual, el “San Jerónimo Circus”. Que si un día le da a la Bescansa por llevar el bebé a su trabajo; que si Cañamero, a la sazón asaltante de hipermercados, se pone camisetitas con leyenda anti-todo menos lo suyo; que si Turrión no deja de hablar y de faltar aún cuando le retiran la palabra; que si sacamos pancartitas de apoyo a un agresor encarcelado; que si un besito en la boca por acá; que si una bandera preconstitucional por allá… Esto de la banderita es demencial; va un tipo, de cuyo nombre paso de acordarme, y saca la enseña republicana mientras habla SM el Rey y Ana Pastor ni mu. ¿Pero ustedes se dan cuenta del desacato? Andan por la redes criticando no se qué manifestación fascista en la cual cantaron el “Cara al Sol” y se echan las manos a la cabeza. A ver, a ver, los tipos estos del fascio son tan criticables como los que sacan en cabeza de manifestación a Stalin, que es el mayor genocida de la historia, no menos ni más sino igual de criticables. Es que no tienen menos derecho los extremistas de derechas que los de izquierda, ni son menos censurables los unos que los otros. Lo que ocurre es que los radicales de izquierda creen haberse caído en el cuenco de la moralidad, como Obelix se cayó en el de la pócima, y se creen distintos a los que son tan pre y contra constitucionales como ellos. Yo es que me imagino las críticas que le hubieran llovido a la Presidenta del Congreso si le hubieran sacado la bandera del águila y no hubiera dicho nada; pues miren ustedes, entérense de una vez, o todos moros o todos cristianos: tan aborrecible es sacar la bandera republicana como la del águila; tenemos una bandera legal y correcta que es la bandera constitucional y punto y pelota y meteros una cosita en la cabeza, en la calle tenéis los mismos derechos y deberes vosotros y los del águila os pongáis como os pongáis.

Como decía al principio una cosa son las normas y las leyes, que hay que cumplirlas porque para eso están, y otra cosa es lo que rige por sentido común. Eso ya hay que cumplirlo por lo que es, simple sentido común. ¿Usted va a una boda en mangas de camisa? Naturalmente que no, por cortesía, por saber estar y porque se reirían de usted por ser un mamarracho. Pues con mayor motivo a ver al Jefe del Estado y al Congreso va usted con su traje y su corbatita. ¿Por qué no lo hace Turrión entonces? Claramente por llamar la atención y ser diferente, no por representar a la “gente”, ¿a qué gente? ¿Ustedes conocen a alguna persona, por humilde que sea, que no se ponga traje cuando es menester y obligación? ¿A quién cree representar entonces con su mala educación este individuo? Que no vayan a ver al Rey ni al Congreso si no van como es debido o, mejor aún, no los admitan y déjense de monsergas; igualmente no consientan las demás absurdeces podemitas porque somos el hazmereír de Europa y ya está bien. Si no quieren estar en las Instituciones bajo las normas que son de rigor no estén. Cloenda: sin Ley y orden no hay democracia, es la selva y el absurdo. Para ver circo se va al circo, no queremos verlo en el Congreso.