Si alguien tiene la feliz idea de hacer una especie de quiniela o apuesta preguntando quién y cómo y cuándo  va a gobernar España en el futuro, no tendría demasiado fácil acertar. En democracia juegan un papel muy importante las matemáticas y en el caso del problema que ahora nos ocupa de momento  no parece fácil resolver la incógnita. Sin duda el principal protagonista no es la fuerza más votada, sino el que ha sacado los peores resultados en la historia de su partido, convencido de que ha ganado, a pesar de su fracaso. Todo lo arregla diciendo que ha ganado la izquierda, o lo que es parecido la opción progresista. Pero cabe preguntarnos: ¿qué es ser de izquierdas?

Antes de responder a esta pregunta podríamos formular otra: ¿Por qué unos son del Real Madrid y otros del Barcelona, del Betis o de cualquier otro equipo? Ciertamente no se trata de que un equipo sea mejor que otro, de que obtenga mejores o peores resultados. De lo contrario no habría forofos incondicionales de los equipos perdedores.

En la política, como en el futbol, muchas veces cuenta más lo que dicta el corazón que lo que pueda sugerir la cabeza. No se piensa. En el futbol eso resulta indiferente. En la política la cosa es mucho más seria. Originariamente el concepto de izquierda y derecha ya sabemos que procede simplemente del hecho de sentarse a la izquierda o a la derecha del rey en la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución Francesa. A partir de ahí se han posicionado en un u otro bando las gentes más diversas. Se entiende que a raíz de la Revolución Industrial la indefensión de la clase trabajadora inclinara a los obreros a ponerse bajo la protección de soluciones de izquierda, dado que estas parecían implicarse más en su defensa. Si hacemos un balance de resultados es fácil reconocer que las cotas más altas de bienestar no las ha alcanzado Rusia ni Cuba, ni los llamados países del Este, sino Francia, Alemania, España, países nórdicos… Aunque es innegable el papel desempeñado por la izquierda en la defensa de la clase trabajadora, la extrema izquierda sólo ha producido miseria.

Dejando a un lado la historia, fijémonos en la España actual. ¿En qué se distingue realmente un político de izquierdas y otro de derechas?  Unos y otros, en sus respectivos trabajos, tienen los mismos sueldos, coches, pisos, chalets, vacaciones, posibilidades de dar una educación a sus hijos… En realidad en cuanto a modo de vida no hay diferencia entre unos y otros. Si lo que miramos es a ver quién ha conseguido las mejores cotas de bienestar o de justicia social la balanza no se inclina por los extremos sino más bien por opciones de centro-derecha y centro izquierda. De ahí que es un error querer poner en un mismo grupo a partidos de izquierda moderada con partidos de extrema izquierda, bajo la vacua denominación de opción progresista. Precisamente a experiencia nos dice que la extrema izquierda es enemiga del verdadero progreso.

No se puede caer en la ingenuidad de pensar que el empresario es el enemigo del obrero o que se pueden  crear puestos de trabajo a costa de la ruina o el cierre de las empresas. Tampoco es progresista pretender que las personas vivan sin religión, es decir, sin encontrar el sentido de la vida, o pensar que es progreso el no defender al no nacido. Los partidos llamados de izquierda pueden ser tan diferentes entre sí que pretender formar un solo bloque puede ser tan complicado como mezclar el agua y el aceite, a no ser que la izquierda moderada se convierta en extrema izquierda. En todo caso la sensatez no debería estar reñida con el centro izquierda.

Máximo Álvarez Rodríguez