La presentación de firmas en apoyo a las candidaturas a secretario general del PSOE ha puesto de manifiesto que Castilla y León es una comunidad difícil. Difícil por cuanto no hay unanimidad como en otras regiones de España en el número de apoyos iniciales a algún candidato destacado por delante de otros.

El secretario regional, Luis Tudanca, es «sanchista»; pero por ejemplo, el secretario leonés Tino Rodríguez es «susanista», e incluso hay un grupúsculo poco conocido del candidato López. ¿Qué se deduce de todo ello? Lo primero y más evidente: el partido está fragmentado. Unos caminan hacia el modelo de servicio al Estado por encima de los intereses de partido; a otros no le duelen prendas en romper equilibrios y gobiernos con tal de obtener rentabilidad electoral, acercándose peligrosamente al populismo de la izquierda radical podemita. Con todo lo de absorción por Pablo Iglesias, su objetivo final, ganaría enteros de vencer esta opción. Y en medio, como quien pasaba por allí, Patxi López, en quien cada vez más gente ve como un verso suelto sin rumbo claro.

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                        

 

Por otra parte, las visitas de José Luis Rodríguez Zapatero durante estos días a los feudos socialistas no han servido sino para incidir más en las posturas diferenciadas entre oficialistas del aparato y «sanchistas» rompedores. El expresidente ha intentado con su presencia y verborrea hacer valer los méritos de la Gestora y del aparato. Tudanca en todo esto, prorroga unos meses más su difícil equilibrio funambulista desde que anunció a bombo y platillo su apoyo al «no es no» de Pedro Sánchez y todo se vino al traste. Eso por no entrar en la fila de fichas de dominó que en todas las agrupaciones provinciales, comarcales y locales podrían caer cuando el dudoso panorama socialista se aclare, o por lo menos saber a qué líder seguir.

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