Num: 6219 | Domingo 17 de noviembre de 2019
El tiempo - Tutiempo.net
El tiempo - Tutiempo.net
Opinión


17 de octubre de 2019

Ángeles Sánchez Moro


Fue la mejor amiga de mi madre, su consejera. Ángeles Sánchez Moro había nacido en Sabero, tierra alta leonesa. Se casó, creo que su marido, canario, era guardia civil y se afincaron en el Bierzo, donde él dejó su uniforme y entró a trabajar en unas oficinas mineras. Esos datos, con todo, no importan tanto; lo que cuenta es recordar a una mujer grande de espíritu, que cautivaba a todos por su bondad y por su coraje. Ángeles fue una de esas personas anónimas que acaban siendo inolvidables para quienes tuvimos la fortuna de conocerlas y eso que en mi caso la diferencia de edad era enorme. Por entonces Ángeles tenía unos sesenta años y yo andaría por los once o doce. Pero yo era feliz, como mi hermano Carlos, cuando por algún motivo teníamos que ir a su casa, a algún recado generalmente. Porque el hogar de Ángeles Sánchez Moro, y de su marido José Martínez Porguere, era antiguo, de piso de madera, acogedor y sencillo a un tiempo; cálido, con un toque de penumbra. Una casa donde nos trataban con un gran cariño y confianza. Ángeles y Pepe eran una especie de abuelos jóvenes que nos habían venido a dulcificar la vida, y eso que ya la teníamos muy bonita.

 

Cuando yo empecé a ir por allí uno de los hijos de Ángeles trabajaba en Inglaterra, algo que no era muy habitual para un berciano de los primeros años 60. Los otros cuatro aún vivían en la casa, a un paso de la avenida de España, en una pequeña plaza que hay entre la propia avenida y la calle Ave María.

 

Un día uno de sus hijos murió. De una manera absurda, en Gijón, en casa de una hermana de Ángeles. Estaba pintando y se cayó fatalmente de la escalera. El hijo tenía 17 años. La tragedia fue infinita, pero desde el primer momento, la respuesta de Ángeles ante aquella desgracia que no tiene consuelo fue de fortaleza, de aceptación, de sabiduría. Porque asumir la vida en sus ángulos más descarnados solo está al alcance de muy pocas personas. Ángeles lloró hasta el día de su muerte a su hijo tan querido, pero era un llorar profundo y secreto, valiente; compatible con la fuerza de la vida, con la energía, la cordialidad y su mirada siempre comprometida y cercana con las personas menos favorecidas.

 

Yo era un niño, pero aquella lección de vida no la olvidé. Me ha ayudado muchas veces. Intuí, desde mi inocencia, la entereza que había en aquella resistencia admirable. Ángeles fue para mí siempre una mujer querida y espléndida. Generosa y eso que nunca conoció las mieles del dinero y la abundancia. Es más, tuvo que ponerse a trabajar en modestos asuntos comerciales para llevar dinero a casa. Entregada siempre a los demás, iba con mi madre muchas veces a visitar a las personas más indigentes de la parroquia de San Pedro. Muchas de ellas vivían entonces en los aledaños de la calleja del Río, hoy desaparecida, y que surgía en la margen derecha del puente de la Puebla. Visitas que para mí fueron un acontecimiento al descubrir tanta pobreza, tantos niños semidesnudos, tantos ancianos que vivían en la más absoluta miseria, algo que ahora por fortuna ya no existe. Y allí iban Ángeles y mi madre, y también otras mujeres, anotando carencias, repartiendo ropa o comida. Al tiempo que yo me sentía un impostor, un niño que lo tenía todo. Eso era injusto y me dolía. Sentía que no tenía derecho a aquel privilegio.

 

Ángeles era una mujer de luz, de vida. Cuando murió mi madre, su gran amiga, se enteró de casualidad. Subiendo las escaleras de mi casa, porque por aquel tiempo éramos vecinos. Me preguntó por ella, aún no sabía que mi madre había muerto de accidente de tráfico en la víspera. Recuerdo su temple al enterarse de un acontecimiento tan inesperado y brutal. Y su deseo inmediatamente cumplido de ir a ver al hospital a mi padre, que había quedado muy mal herido. Para animarle, para darle fuerzas y cariño.

 

Así era ella. Sabía encajar los golpes de la vida. Pero también disfrutar de ella con una mesura que también era alegría, intensidad y valor. Una gran mujer que honró a Ponferrada. Que vivió discretamente. Que es para mí muy emotivo recordarla. Porque sus enseñanzas perduran en quienes la conocimos.

 

CÉSAR GAVELA

NOTICIA 02
NOTICIA 03
NOTICIA 11
NOTICIA 04
NOTICIA 01


NOTICIA 13


NOTICIA 07
NOTICIA 08
PROGRAMACION TV
Programación TV
NOTICIA 05
NOTICIA 06
NOTICIA 09
la encuesta

¿Está a favor o en contra de la ampliación de zonas azules en Ponferrada?A favor. Todos debemos de "sufrir" ese servicio.

Cargando ... Cargando ...
NOTICIA 12
NOTICIA 10
ADSENSE CUADRADO NOTICIA
Presidente/Editor
Alejandro J. García Nistal
Directora:
Violeta R. Oria
redaccion@elbierzodigital.com | publicidad@elbierzodigital.com | administracion@elbierzodigital.com


© 2019 Grupo Noroeste En Red. Todos los derechos reservados.