El Ayuntamiento de Ponferrada ha anunciado que instalará una serie de buzones por todo el municipio para atender a las sugerencias, opiniones y todo tipo de cuestiones que crean oportunos los vecinos. Co-mu-ni-car-se es fundamental, pues vivimos en una sociedad hiperinflacionada que nos inundan de información de tal manera que al final genera el efecto contrario, esto es, somos la generación menos informada de todas cuantas han poblado la tierra. La mezcla de la realidad y la ficción, como de la mentira y la verdad, ya no tiene líneas rojas con qué diferenciarlas. El periodismo, es decir, la acción de un profesional sobre el hecho comunicado, se confunde con un comentario en un perfil de redes sociales o una fan page de Facebook pretende hacerse pasar por medio de comunicación al igual que un blog personal o una web unipersonal y situaciones similares. El resultado es la pérdida de credibilidad en lo que se publica y circula, en el engaño contínuo y la manipulación de la opinión pública. Por eso hay que saber distinguir el grano de la paja. Hasta los vídeos y elementos gráficos son susceptibles de trucajes infames.

En los años de la Revolución Francesa, las diversas asambleas solicitaban a los departamentos y municipios los “cuadernos de quejas””cahiers de doléances”, que no era otra cosa que escuchar la voz de los vecinos sobre los problemas que demandaban ser atendidos por sus gobernantes. En tiempos modernos, dentro de los roles o figuras básicas para que funcione bien un ayuntamiento, existe la figura del concejal de atención vecinal. Incluso muchos alcaldes cuentan en su agenda diaria con un número de visitas abiertas, previa petición de cita, para atender de cara a cara con el vecino de turno y sus cuitas. Eso difiere según el máximo edil y si sabe o cuenta con equipo para ello.

En tiempos donde el papel retrocede, los kioscos se cierran, los periódicos tradicionales agonizan con dignidad torera, las e-administraciones se implantan lo del buzón callejero es una idea estética, tibia y tremendamente humana para aquellos que viven en analógico y el palacio consistorial se les aparece como un fortín.