Num: 6134 | Sábado 24 de agosto de 2019
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Bercianas y pioneras: las hermanas Torres Villarino

Ana fue la primera procuradora de España e Isabela una conocida odontóloga. Ambas pelearon contra las convenciones sociales de los años 30, que relegaban a la mujer a un segundo plano, lo que las acarreó disgustos y problemas

Entrevista a Ana Torres en el diario Ahora. Madrid, 13 de junio de 1935; pág. 21. De su hermana Isabela no se conservan fotografías.

Cultas, trabajadoras y valientes, Ana e Isabela Torres Villarino desafiaron a la sociedad española de los años 30 y pelearon contra las convenciones sociales de la época. Nietas del conocido berciano Antonio Villarino, abogado y diputado en la España de finales del XIX, ambas demostraron sin embargo no necesitar el apellido familiar.

Hijas de Josefa Villarino y del ingeniero de caminos Higinio Torres, pasaron su infancia en Ponferrada, donde su padre trabajaba para el ferrocarril. En 1914 se trasladaban a Madrid por el trabajo de Higinio, también fotógrafo (inmortalizó el eclipse de Cacabelos en 1912) y articulista, y que seis años después fallecía repentinamente.

Josefa Villarino sacó a sus cuatro hijos adelante con grandes esfuerzos a pesar de provenir de una familia burguesa. Ana se hizo perito mercantil, teniendo de compañeras de clase a las hijas de Aniceto Alcalá Zamora, futuro presidente de la II República, y se licenció en Filosofía y Letras. Isabela se licenció en la facultad de Ciencias después de aprobar el preparatorio de Medicina y se hizo ondontóloga. Su hermana pequeña, Ernestina, estudio Comercio, y su hermano Antonio, Ciencias, especializándose en Farmacia, si bien al acabar la guerra aparecía en el arma de aviación de ATS con el grado de sargento, consiguiendo plaza definitiva en el aeródromo de San Luis de Menorca.

De Ernestina no se sabe más, y de Antonio tan solo que ayudó a sus hermanas, en especial a Isabela, cuando esta lo necesitó. De la vida de Ana y de Isabela sí se conocen detalles, todo ello gracias a la revista Bierzo, editada por la Basílica de La Encina, y precisamente sufragada por la fundación creada por deseo de Ana Torres, y que lleva su nombre y el de su familia, a la que legó sus bienes y últimos ahorros.

Ana, profesora y primera procuradora de España con la República

Ana Torres comenzó su carrera profesional en 1926 como ayudante de letras en el instituto en el que había estudiado, el Cardenal Cisneros de Madrid, tal y como destaca Miguel José García González en su artículo ‘La familia Villarino’ (revista Bierzo, 2014). En 1933, después de dos años de prácticas y de reclamar en el Ministerio de Justicia ayudada por su amiga la abogada feminista Concha Peña, Ana Torres conseguía el título de procuradora de tribunales, siendo la primera mujer española en conseguir dicho grado. En su favor jugó la Constitución promulgada por la II República, y el  “famoso artículo 25”, “que dice: no será motivo ni privilegio ni la edad ni es sexo”, tal y como destaca el periódico Ahora, en su edición del 13 de junio de 1935, en una entrevista a Ana Torres.

Un año después estallaba la guerra civil, un periodo que Ana pasó entre Madrid y Valencia, con su hermana Isabela. El 1 de abril de 1939, el día que finalizaba la guerra, volvía a las aulas del Cardenal Cisneros, donde ocupó diversos puestos para después trasladarse a otros institutos en San Sebastián y Badajoz. A principios de los 60 regresaba Ponferrada, donde viviría en el actualmente abandonado hotel Lisboa, para ejercer, hasta su jubilación, en el instituto Gil y Carrasco.

Antiguo hotel Lisboa, en la actualidad abandonado, donde residió Ana Torres en Ponferrada hasta su jubilación.

 

Isabela, acusada de masonería y denunciada por “desafección al Movimiento”

Isabela, odontóloga con consulta en Madrid, prestó servicios sanitarios en la capital durante la guerra, trasladándose a Valencia en 1937, donde trabajó hasta el final de la contienda, desinteresadamente, en el ‘policlínico de evacuados’, cuando se la permitió regresar a Madrid, encontrando su clínica expoliada. Denunciada por el Colegio de Odontólogos de Madrid por “desafección al Movimiento Nacional” -según algunos autores en la denuncia ‘pesó’ su condición de mujer-, en 1940 se le impone la inhabilitación por dos años, pero sin resolución oficial. A Isabela, afiliada en 1931 a la CNT, se la acusó vagamente de masonería, un caso sobreído; no así el de responsabilidades políticas que se dilató hasta 1945, cuando al no haber pruebas, se archivó. Isabela pudo seguir ejerciendo su profesión gracias al apoyo económico de su hermano para adquirir los enseres y el material odontológico necesario. Falleció en 1977 en Ponferrada, en el Hospital de la Reina.

Fundación Ana y familia Torres Villarino

Tras la muerte de Isabela, Ana, jubilada en 1976, abandona Ponferrada dejando a un bancario como administrador de sus bienes -lo que la trajo numerosos problemas-, y se dedicó a viajar, entre otros lugares a Rumanía, donde se sometió a los tratamientos de la doctora Ana Aslan, una científica pionera en geriatría y gerontología y especializada en tratamientos antienvejecimiento, y a Arenys del Mar, en Barcelona, donde residió en el conocido hotel Impala, una lujosa residencia de ancianos.

Finalmente regresó a Ponferrada, en 1986, ingresando en el Hospital de la Reina. “Nos pidió hacer una habitación para ella sola y que la dejáramos tener televisión. A cambio nos legó lo que le quedaba de su fortuna y su piso de la calle Ancha, con algunos objetos de valor como cuadros y muebles de Mateo Garza (prohombre decimonónico, alcalde de Ponferrada, artista, abogado…), que tenemos depositados en el Museo del Bierzo, para que creáramos un fundación para el diálogo entre fe y cultura”, explica Antolín de Cela, rector de la Encina. Así, nació la fundación ‘Ana y familia Torres Villarino’, administrada por De Cela en calidad de rector de la Institución Virgen de la Encina, siendo uno de sus primeros actos trasladar el mausoleo familiar de los Villarino al cementerio de Montearenas, como habría querido Ana, donde sus restos, junto a los de su hermana Isabela y buena parte de su familia, incluido su abuelo, reposan desde entonces.

Bibliografía:

Revista Bierzo. Año 2014.  ‘La familia Villarino’, Miguel José García González.

Ahora Madrid. 13 de junio de 1935. Pág 21. ‘La primera procuradora española’.

 

 

 

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