Num: 6287 | Viernes 24 de enero de 2020
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Carralero, vuelta a los orígenes del artista

José Sánchez Carralero prepara su exposición "más especial" en el lugar donde nació y se forjó el pintor

El pintor berciano José Sánchez Carralero en una imagen de archivo. / C. Sánchez

V.S/Ical El pintor José Sánchez Carralero vuelve a sus orígenes, a su pueblo natal, con una exposición retrospectiva de su obra que no es la primera y, con seguridad, tampoco será la última. “Pero esta es especial”, puntualiza Carralero, que explica que el Museo Arqueológico de Cacabelos (Marca) es la casa en la que nació como persona y como artista. “La he hecho con muchísimo cariño, se da la circunstancia de que esta casa era bodega en tiempos, una bodega-vivienda, mi padre era enólogo y aquí nací”, añade.

Y es que el artista, con su habitual humor, reconoce que “afortunadamente” tenía otros lugares “de mucho relumbrón” para hacer esta muestra, pero que se ha “encariñado” en que sea “en mi pueblo y en la casa en la que he nacido”. “Una vuelta a los orígenes que, realmente, nunca he perdido”, apostilla Carralero, que quiere que este gesto sea también “un brindis” al medio rural que, precisamente, es lo que caracteriza a Castilla y León.

Mientras recorre el museo, todo patas arriba, con decenas de cuadros apoyados en las paredes y la mayoría todavía con el embalaje, Carralero precisa que esta exposición -que estará durante cuatro meses, desde el 17 de mayo hasta el 14 de septiembre- tiene además otra particularidad, es la única en la que ha incluido obras de su juventud y de la época de su formación. “La gente cree te pones a pintar y, si tienes genio, sale, pero si no has estructurado el lenguaje no va a salir nada y todos empezamos sin saber, pegándonos con las herramientas primeras”, apunta.

De esa época son algunos desnudos, de sus primeras clases con modelo vivo, algún autorretrato de un jovencísimo Sánchez Carralero de apenas dieciocho años y retratos de las gentes del pueblo, como el de la “borracha” Carmen ‘La Castelada’, e incluso de su familia, sentados a la mesa a la luz de una vela. “Cuando uno empieza, comienza a pintar lo más sencillito y cotidiano, una jarra de agua transparente, el limón que pones al lado, pero en esa cotidianidad también esta pintar a aquellas personas que tienes de inmediato, a la familia”, cuenta el pintor, que recuerda entre risas la ocasión en que una de sus hermanas salió corriendo y se pegó a las faldas de su madre, que le preguntó “qué pasa Marisol”, a lo que ella respondió, “que Pepe me mira, creo que piensa que me quiere pintar”.

(C.Sánchez/Ical)
(C.Sánchez/Ical)

Las dos patas de mi estar en la vida”

“Soy una persona que he pintado mucho, he enlazado mucho la pintura con la docencia de la pintura, esas han sido las dos patas de mi estar en la vida y nunca perdiendo pie de lo que es el medio natural”. Así se autodefine José Sánchez Carralero, que defiende la pintura como el medio de entroncarse con la naturaleza, utilizando la mano como prolongación del pensamiento, “como un lenguaje eterno que, aunque muchos se empeñen en decir que era de otro momento, yo me empeño en decir que estará eternamente vigente”.

Así, reconoce que en muchos museos de arte contemporáneo “hay cosas que son mera especulación, un poco de humo” y que, además, “la imaginación creativa no sólo está en el que llama artista si no en el que tiene un comportamiento ante la vida en el que pone la imaginación en marcha, como Julio Verne”. Precisamente, apuntó que muchas manifestaciones artísticas que pertenecen “al campo de la ocurrencia y del tanteo” acaban siendo válidas “Muchas utopías se confirman después en la historia, utopía era precisamente Julio Verne cuando escribió ‘Viaje a la Tierra a la luna’ y después la ciencia llegó a la luna gracias a la investigación del escritor”, añade.

Su vida no cojea gracias a la otra pata, la de profesor, la de maestro. “A mi el enseñar me ha estimulado mucho porque he aprendido mucho de los alumnos, es una manera de estar fresco totalmente”, defiende Carralero, que asegura que pintura y docencia son “indivisibles” en su caso. Así, defiende la formación en el artista como algo vital. “Si no se tiene la estructura de un lenguaje lo que nos salen son gilipolleces, pues con la pintura es lo mismo, no sale nada si no se tiene el lenguaje desarrollado, y si sólo se tiene el lenguaje, la técnica, sin contenido todo se convierte en verborrea”, asegura el pintor, para quien fondo y forma, razón y emoción, técnica y concepto están intrínsecamente unidos, para lo que utiliza el término ‘inteligencia sentiente’ del filósofo Xavier Zubiri.

(C.Sánchez/Ical)
(C.Sánchez/Ical)

No es un síntoma de egolatría”

Una de las salas de la exposición estará dedicada a los retratos y, también, autorretratos. “Es una forma de conectar con la naturaleza, tratando de penetrar en la psicología de los individuos”, explica Carralero ante la imagen del sociologo Amando de Miguel y la miembro de la Real Academia de Farmacia, la también cacabelense Rosa Basante. Y es que, en su opinión, pintar a personas “ha sido una cantera emocionante de conocimiento humano”.

“Yo tengo infinitos autorretratos y se puede pensar que este tipo que ególatra es, que se está pintando infinitamente”, bromea el artista, que asegura que no hace retratos constantemente y sólo se acerca a ellos “como quien va al médico a chequearse”. “Los concentro en determinadas etapas de mi vida y, entretanto, estoy a otras cosas”, asegura Carralero, que apostilla que hacer esos autorretratos “no es un síntoma de egolatría, sino para hacer mano”.

“Cuando tengo que empezar una serie de retratos, para curarme en salud, me pongo el espejo, coloco el caballete y empiezo el retrato de mi mismo y digo ‘sí, Pepe, ya has hecho mano’, por eso muchos están inacabados, benditamente inacabados, y no es tanto por verme a mi sino por tener un modelo inmediato para tomar pulso”, explica.

Páginas de mi diario vital”

“Cada cuadro es como una página de mi diario vital”, explica Carralero, incapaz de señalar ninguno en especial porque “casi los entiendo después de haberlos pintado, con una cierta distancia, que puede ser inmediata o más prolongada en el tiempo”. “Son paginas de un diario, en las que vomitas la circunstancia del día y que no sabes lo que has hecho hasta que pasa el tiempo, lo relees y redescubres, lo mismo pasa con los cuadros”, añade el pintor.

(C.Sánchez/Ical)
(C.Sánchez/Ical)

Así, reconoce que el “cariño” por un determinado lienzo es relativo, depende de cada momento y cada etapa de la vida, cuenta, mientras recuerda el tiempo que estuvo pintando el monasterio de Carracedo o cuando se centró en la pintura en la zona de Urueña, cuyo cuadro de cuatro metros preside una de las salas de la exposición, cedido por las Cortes de Castilla y León, dónde está su ubicación habitual. También recuerda la serie que pintó en San Salvador, a principios de los años 70. “Me salieron cuadros hondamente deprimidos, no era con intención de critica social o política, era la necesidad de sacar a flote esa angustia que me había producido”, apostilla.

Unas experiencias increíble, como la que disfrutó en la sierra de Cazorla. “Disfrute muchos cuando llegué allí por primera vez, calló una tormenta tremenda y tuve la sensación de que el agua que caía a chorretones por entre los riscos, donde estaba la reserva animal, me estaba diciendo ‘hace tiempo que te estaba esperando’, me puse a pintar y, a partir de ese momento, prometí a aquel espacio volver y volví, hice cuatro cuadros grandes, algunos de ellos están aquí”, relata un emocionado Carralero, que recuerda reconocimientos como el premio BMW de pintura -cuyo cuadro está también en la muestra- o el premio Castilla y León de las Artes, hace ya casi 20 años.

Ahora lleva varios meses mirando hacia afuera y hacia atrás para dar forma a esta exposición que es un recorrido por su vida. Un momento vital en el que, confiesa Carralero, su único proyecto es “caminar”. “Ahora tengo la ilusión de meterme en mi mismo, el ritmo vital es sístole y diástole, he estado una etapa mirando hacia afuera con todo esto y ahora quiero meterme en esa interioridad, contraerme hacía adentro y hacer esos cuadros”, cuenta el pintor, que ya tiene cuatro grandes lienzos de cuatro metros esperándole para ser “manchados”. Serán las ‘Cuatro estaciones del Bierzo’, “capturadas” con su ojo, su mano y su pensamiento desde los altos de Canedo.

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