Num: 6894 | Miércoles 22 de septiembre de 2021
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Casas principales, blasones y palacios, esplendor en el Bierzo

Ganaderos, viticultores, comerciantes... aquellos vecinos con más medios construyeron en el pasado grandes casonas, a las que se unieron palacetes y palacios de hidalgos y nobles

Casona en Villar de los Barrios. / QUINITO

Las casas principales o casonas bercianas, de piedra y pizarra, propiedad en su día de aquellos vecinos con más medios, salpican la comarca tanto el medio rural como en la propia ciudad de Ponferrada. A pesar de sus dimensiones, también pueden tener corredor en la fachada aunque el más habitual es el que se ubica en el patio interior. Algunas se han mantenido a lo largo de las décadas y los siglos, otras han sido restauradas in extremis  (con mayor o menor acierto) y un buen número afronta la ruina.

Si lo más frecuente en el minifundio berciano era tener una o dos vacas, un par de cerdos, unas gallinas, unos conejos y quizá una mula o un burro (muy práctico para zonas del piedemonte berciano como Corullón, Santalla, Priaranza, o las sierras de Ancares, Seo…), los propietarios de prados solían tener más ganado, siendo algunos tratantes. Además, quienes poseían abundantes tierras de cultivo  contaban con bueyes, o incluso caballos percherones, para arar y transportar tanto el abono como la cosecha o las uvas de las viñas, esparcidas sobre todo entre Villafranca,  Cacabelos, Camponaraya o los Barrios de Ponferrada. Esto obligaba a hacer casas con grandes patios donde recoger a los animales, preparar los carros y guardarlos, así como cuadras y pajares, o bodegas para el vino.

 

 

Tanto en casas principales como en los palacios encontramos un elemento arquitectónico de lujo para la época y que decía mucho de la riqueza del propietario de la morada: la piedra labrada. Con dicho objetivo se contrataba a afamados canteros de otros puntos del norte y el noroeste de la península. Es el caso de los trasmeranos, cántabros procedentes de la Merindad de Trasmiera. En cuanto a la calidad de la piedra, el propio Bierzo contaba con afamadas canteras, algunas ubicadas en el llamado ‘Camino de los Canteros’ -que parte de Ponferrada y que en la actualidad es utilizado para hacer senderismo-, que nutrieron los principales edificios de la capital de la comarca y de donde salió la piedra para, por ejemplo, el Palacio de Gaudí de Astorga.

 

Casa del Duro en Anllares, cuya restauración recibió uno de los premios de la Fundación Prada a Tope / Fotografía de González Zabaleta para la Fundación Prada a Tope.

 

Casa del Duro en Anllares / Fotografía de González Zabaleta para la Fundación Prada a Tope.

Casonas blasonadas

A caballo entre las casas principales y los palacios también encontramos numerosas casonas blasonadas, testigos de la abundancia de otras épocas y herencia de sagas familiares que poco a poco han ido cayendo en el olvido. Es el caso de la casa de los Torres-Cortés, familia que explotó la empresa minera Hullas del Coto Cortés, en la calle Paraisín de Ponferrada, y de varias casonas de Villar de los Barrios, Villafranca y otras localidades.

Palacetes y palacios

En un nivel superior  pero también en el medio rural, encontramos los palacetes y palacios, propiedad de hidalgos y nobles. El Palacio de Arganza (en el pueblo del mismo nombre) y el de Priaranza, actualmente en ruina, propiedad en su día  del marqués de Jaureguizar, el último carlista, son ejemplos de ello. No obstante, si hay un palacio en el Bierzo que ha llegado a nuestros días en todo su esplendor ese es el Palacio de Canedo, restaurado por José Luis Prada para convertirlo en la sede de la empresa berciana Prada a Tope.

Además, en la villafranquina calle del Agua, pervive, entre otros, el palacete del siglo XVII que ocupa una rama de la familia Álvarez de Toledo y, frente a él, el Palacio de Torquemada.

FOTOGALERÍA DE QUINITO

 

 
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