El pasado fin de semana tuve la ocasión de participar en dos actividades culturales que tuvieron lugar en el municipio de Castropodame. Una consistió en la inauguración de una nueva ruta de senderismo, que discurre por varios de los castros de la época romana diseminados por el repié septentrional de los Montes del Redondal. Otra en el desempeño de la labor de mantenedor en una recreación de una boda medieval, que se llevó a cabo en Matachana. En ambas traté de aportar los conocimientos que tengo sobre la Historia.

Aunque el atractivo esencial que estas actividades culturales tiene para el personal estriba en su componente festivo; es asimismo evidente que si quienes organizan estos eventos (ayuntamientos, juntas vecinales asociaciones culturales); tienen un mínimo de sensibilidad cultural, que en general si tienen; se trata de aprovechar el quite para que el ciudadano de a pie puede aprender algo; bien sea sobre los romanos o sobre el período conocido como La Edad Media.  Es aquí donde está en mi opinión el punto clave.

Vivimos en una época que no tiene otra igual en la historia de la Humanidad, debido a que nunca antes se habían dados tantas condiciones favorables para que la cultura y el conocimiento humano lleguen a todos los rincones, algo que hace sólo unas décadas por ejemplo no ocurría. Si en los años 60 del siglo pasado al alcalde del ayuntamiento de Castropodame; se le hubiese ocurrido gastar una peseta en promover la visita a alguno de los castros romanos del municipio los vecinos de la época lo hubiesen puesto “a bajar de un burro”. Entonces las necesidades eran otras, las circunstancias eran otras y la mentalidad de la gente otra. En aquellos años la prioridad era acondicionar los caminos para los carros, cuidar las eras donde había que “majar” y trillar el centeno y la cebada o limpiar las presas para el riego.

Fue en los años 60 del siglo pasado cuando siendo yo un niño, iba a la escuela de mi pueblo a aprender los conocimientos más elementales además de leer y escribir. Cierto día el maestro D. Felipe Sánchez Castro; nos dijo que pidiésemos a nuestros padres que nos comprasen un compás. Después el maestro preguntó a los alumnos por la respuesta de los padres y uno de ellos le respondió: “Mi padre dijo que el compás mío era el arao”. Curiosa respuesta de la que por ello aún me acuerdo. Comprensiblemente muchos de los padres de entonces que tuvieron una dura infancia consideraban que lo importante era saber arar, cultivar el campo y atender el ganado. Hoy en día han cambiado mucho las cosas y cualquier persona estima en mucho un buen cúmulo de cocimientos; ya que si bien arar las tierras (en aquella época con arados arrastrados por vacas), es interesante también hay otros muchos aspectos de este mundo que son importantes, entre estos un buen cúmulo de conocimientos.

Utilidad del conocimiento

No obstante alguien puede lanzar la pregunta siguiente: ¿para que sirve saber mucha, Historia, mucha Física, mucha Literatura, mucha Geología o muchas Matemáticas?. Pues voy a explicar para que. En primer lugar para disfrutar conociendo la realidad de este MUNDO. Muchas personas gastan cantidades más o menos importantes de dinero en viajar por el mero placer de hacerlo. Al viajar lo que hacemos es conocer el mundo y disfrutamos conociéndolo. Pues bien, ese disfrute no sólo se puede lograr viajando (lo que equivale a estudiar Geografía); también la Geología, la Biología o la Física lo que en definitiva hacen es mostrarnos las diversas facetas del Mundo. La Historia por su parte nos permite conocer la realidad  en otros tiempos ya pasados lo que cual también es muy interesante.

Pero además hay otra poderosa razón para fomentar el conocimiento. Solo conociendo como este funciona, el Mundo podremos solucionar muchos de los problemas del mismo. Por ejemplo cualquier problema inherente al aprovechamiento de la energía eléctrica o a su producción, sólo se podrá resolver con éxito con unos buenos conocimientos de la parte de la física que estudia la energía eléctrica. Del mismo modo que un mecánico debe conocer como funciona un automóvil para poder solucionar cualquier avería en el mismo; los problemas del Mundo sólo se podrán resolver con éxito si además de ciertas dosis de suerte tenemos unos buenos conocimientos. En reiteradas ocasiones me he esforzado, incluso en el bar de mi pueblo por explicar a mis amigos y vecinos que para asuntos tan cotidianos y tan interesantes como buscar agua para regar o conducirla hasta las huertas, es muy importante o más bien es imprescindible acudir a las enseñanzas de tipos que vivieron muy lejos de mi pueblo y hace muchos años (Darcy y Bernouilli por ejemplo pero hay muchos otros),pero cuyas enseñanzas no es tan sencillo entender. Es preciso estudiar y esforzarse un poco. Por todo ello la realización de una carrera requiere muchos años de estudio. En la Edad Media y dado que el cúmulo de conocimientos de la Humanidad era muchísimo más pequeño que el actual; era sencillo para cualquier persona que pudiese estudiar adquirir unos conocimientos excepcionales. Hoy ya es mucho más complicado.

Creo recordar que en la enciclopedia que yo estudiaba en la escuela de mi pueblo se decía que la obra conocida como “Las Etimologías”, de San Isidoro de Sevilla, es un libro que contenía todo lo que se sabía en la Edad Media y el maestro del pueblo (D. Felipe Sánchez Castro); comentó que si en la actualidad (es decir en los años 60 del siglo pasado); hubiese que meter en un libro todo el saber; ese libro debería de llegar desde Castropodame a Ponferrada (unos 14 km). Era una forma bien expresiva de señalar que el cúmulo de conocimientos ha estado incrementándose cada vez más. Esta realidad (el continuo y cada vez más acelerado cúmulo de conocimientos); se puede comprobar de muchos modos. Aunque no lo tengo a mano he analizado en alguna ocasión un manual para arquitectos y agrimensores escrito a mitad del siglo XVIII por Juan García Berrugilla y he comprobado que los conocimientos vertidos en ese manual que entonces sería para universitarios hoy bien se podría enseñar en las escuelas más elementales de nuestros pueblos, como la del mío de los años 60.

Así pues, hay que aprovechar todas las oportunidades posibles para enseñar y para aprender. Quizá se puede alegar que si bien es evidente que la Física, las Matemáticas, la Medicina o la Geología sirven para resolver problemas muy prácticos de la vida cotidiana, (las vías de comunicación, el riego, la salud,…);ello no es tan obvio en el caso de la Historia. Sin embargo yo discrepo en esto. La Historia es la Maestra de la Vida y muchos de los conflictos humanos se podrían haber resuelto satisfactoriamente si se hubiese conocido el pasado mejor de lo que en otros tiempos se conocía. En cualquier caso siempre está la satisfacción por el mero hecho de saber. La Literatura es asimismo muy interesante y la lectura de un buen libro nos puede hacer pasar momentos muy gratos.

En definitiva que hay que aprovechar las actuales circunstancias para fomentar la cultura y la difusión del conocimiento humano. Hoy tenemos unas circunstancias muy favorables para ello. Yo afirmo sin matiz alguno que las mejores que hasta ahora hemos tenido en toda la Historia. En el futuro no sabemos que ocurrirá; así pues, aprovechemos el momento presente.