Mi primer texto periodístico lo publiqué, hace muchos años, en ´La Luz de Astorga´, el periódico de mi familia fundado por mi abuelo Nicesio Fidalgo, que se editaba en una modesta imprenta situada en la calle López Peláez. Esa cabecera convivió durante bastante tiempo en los Kioskos y en los hogares de muchos astorganos con el otro trisemanario,  que capitaneaba, Magín Revillo.

 

Por eso, después de tantos años, he querido bautizar las columnas, que a partir de hoy publicaré entre otros, en el Diario de Astorga-Astorga Digital, con esa denominación genérica de ´Luz y pensamiento´, como homenaje y recuerdo de esas dos cabeceras periodísticas, que en algún periodo de su dilatada historia se editaron en nuestra imprenta familiar y bajo nuestra propiedad para asegurar su supervivencia.

 

Quiero dejar constancia, aquí y ahora, de mi agradecimiento a Alejando Nistal por abrirme las puertas y las pantallas de su diario digital en este momento de mi vida cuando acabo de alcanzar mi jubilación y esa libertad, tantas veces añoradas, para escribir de lo que quiera sin más limitaciones que las que establezca mi talento y mi olfato periodístico, que todavía mantengo, aunque ya un poco disminuido por evidentes  razones de desgaste biológico y profesional.

 

También debo explicar -aquí y ahora- que en mis últimos años de ejercicio profesional he sido jefe de prensa y, por el mismo precio,  lo que en nuestra jerga se denomina ´un negro´ dicho sea esto con todos los respetos y sin ninguna connotación racista, que no están los tiempos para  equívocos políticamente incorrectos. Aclaro, por si alguien no lo sabe, que ´un negro´es aquél que escribe para otro de forma anónima y secreta, en mi caso lo he hecho para varios políticos con cargo en la Administración Autonómica.

 

Y por ello el poder escribir a partir de hoy, festividad de San Froilán, por cuenta propia, sin tener que ocultar mi identidad o disimular incapacidades ajenas es algo que me llena de alegría, satisfacción y esperanza. Eso si espero estar a la altura de las circunstancias porque no quiero ni emborronar mi dilatada trayectoria profesional, que como Teruel existe,  ni defraudar a mis posibles lectores astorganos y no astorganos.

 

Hasta la próxima columna, que ya no será de presentación sino de opinión. Espero

 

Angel María Fidalgo