Num: 5885 | Martes 19 de diciembre de 2018
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El TSJCyL ratifica la sentencia que condenó a un hombre a 13 años y 7 meses de prisión por violar a su hija menor en Valladolid

En el fallo recurrido no se aprecia ninguna vulneración de la presunción de inocencia, ni del principio ‘in dubio pro reo’

Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León

La Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) ha confirmado la sentencia de la Audiencia Provincial de Valladolid que condenó a un hombre a 13 años y 7 meses de prisión por violar a su hija. Igualmente se le impone a prohibición de aproximarse al domicilio o lugar de trabajo de la víctima a una distancia inferior a 500 metros durante 20 años y a indemnizarla con 100.000 euros.

En el fallo judicial se mantiene lo dictado en prrimera instancia y al acusado se le considera autor criminalmente responsable de un delito continuado de violación en su forma agravada de parentesco, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, con la accesoria de inhabilitación absoluta durante el tiempo de condena, así como al abono de las costas procesales, incluidas las de la acusación particular.

En la sentencia del TSJCyL, que ratifica la de la Audiencia de Valladolid, tras analizar las actuaciones en el recurso de apelación, no se aprecia en el fallo recurrido ninguna vulneración de la presunción de inocencia, ni del principio ‘in dubio pro reo’, pero tampoco, añade, “hay base alguna para considerar la existencia de error en la valoración de la prueba por parte del Tribunal sentenciador”.

Al respecto considera que se han practicado en el proceso en primera instancia, fundamentalmente en el acto del juicio, un elenco de pruebas de cargo, “llevadas a cabo con todas las garantías, que tienen el calificativo de suficientes para enervar la presunción de inocencia”. Todo ello, agrega, está encabezado, primordialmente, por la declaración de la menor víctima de los hechos e hija del acusado, además de las declaraciones testificales de una mejor amiga de la víctima, así como una tía carnal de la misma, y de dos agentes de la Policía Local.

Igualmente, el Tribunal sentenciador ha contado con el informe pericial emitido por una psicóloga y una trabajadora social, adscritas al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Valladolid, que versó sobre la verosimilitud del testimonio de la menor víctima de los hechos. Y también, con el informe pericial de dos psicólogas de la Oficina de Asistencia a Víctimas de Delitos de Valladolid, en relación con la situación psicológica de la citada menor, tras los hechos, así como su evolución posterior. Tras examinar a la detenida y motivar tales pruebas, se llega a la firme convicción (artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal) “de que todo acaeció en la forma que se narra en el relato de hechos probados del fallo recurrida y aceptado en segunda instancia”.

De forma resumida se estima que la menor, nacida en junio de 1999, cuando contaba entre 10 y 12 años comenzó a ser objeto de tocamientos por parte de su padre, con el que convivía junto con la madre, enferma mental, cuando el mismo entraba en la habitación de ella, mientras dormía, “tocamientos que le efectuaba en los pechos y en la zona genital, una veces por encima de la ropa y otras introduciendo la mano dentro de la misma y la conducta se intensificó durante el verano de 2016, produciéndose casi a diario”.

Además, la sentncia sostiene que la menor, al despertarse, mostraba oposición, pero el acusado persistía en su conducta diciéndole que “era su padre, llegando en ocasiones a sujetarla fuertemente de los brazos o de las manos para poder llevar a cabo los tocamientos”. Tales hechos culminaron un día de dicho verano, en fecha no bien determinada, “cuando el padre intentó introducir la mano en el interior del pijama, si bien la niña se despertó y consiguió que se marchase. Pero al día siguiente, estando en el sofá del cuarto de estar, lo volvió a intentar, no pudiendo la menor impedírselo, puesto que la agarró por la cintura, llegando a meter los dedos en la vagina de su hija”.

Argumentos de la defensa

La defensa del acusado, en su recurso, trató de cuestionar el testimonio de la víctima, por falta de credibilidad subjetiva, puesto que entiende que el carácter del padre, “como una persona muy controladora y que ponía límites y horarios a las actividades de ocio de su hija, así como el comportamiento de ésta última, podrían estar en la base de la denuncia”.

Así, la parte recurrente significó que se llega a afirmar que la menor, en un contexto social en el que la noticia con mayor repercusión mediática es la del llamado ‘caso de la Manada’, y “bajo la influencia del alcohol, pudiera haber llegado a tomar la decisión equivocada de denunciar al padre para librarse de su férreo control”.

Por otra parte, también se cuestionó la credibilidad objetiva o verosimilitud del testimonio de la menor, desde la óptica de su coherencia interna y del suplementario apoyo de datos objetivos de corroboración periférica (coherencia externa), afirmando que “no contó desde un principio el más grave de los hechos imputados (la introducción por el padre de sus dedos en la vagina de la hija), y ha incurrido, además, en contradicciones en cuanto a cuestiones fundamentales de los hechos (en concreto, respecto del hecho de la penetración)”.

Así, el TSJCyL, en lo que se refiere a la pretendida finalidad espuria en dicha menor al formular la denuncia, expone que “no hay ningún dato relevante que permita apreciar tal intencionalidad, no siendo suficiente desde luego la mera alegación de que hubiera problemas entre padre e hija a consecuencia del carácter controlador del primero y de que pudiera haber enfrentamientos entre ellos a causa de que el padre no le permitía salir lo que ella deseaba”.

En torno a esta posibilidad significa que debe tenerse en cuenta que los primeros episodios de tocamientos denunciados se remontan a un momento en que la niña tenía entre 10 y 12 años, “y que, de ser ciertos, justificarían de sobra que se hubiese llegado a un progresivo deterioro del respeto por parte de la misma hacia su progenitor”.

Control férreo lógico

Además considera que el padre, capaz de cometer actos tan graves contra su hija, es lógico que pretendiera un control férreo sobre la misma, “en especial cuando había llegado a una edad como la adolescencia en la que resulta natural que desease salir más a menudo e incluso pudiese tener, en determinadas circunstancias, una conducta inapropiada en sus salidas de ocio”.

En la sentencia del alto tribunal se pone de manifiesto además que, en caso de que tales actos por parte del padre de ataque a la libertad e indemnidad sexual de su hija no fueran ciertos, “carece de toda justificación, y resulta desde luego increíble, que la hija fuese a imputar a su padre hechos tan graves simplemente para librarse del control por parte del mismo, que no consta sobrepasase los límites más o menos normales”.

En cuanto a la alegada falta de verosimilitud del relato efectuado por la hija por parte de la defensa del acusado, sentado que no es posible exigir una narración de los hechos que, en cada manifestación, permanezca absolutamente inalterable, se indica que “es fácilmente comprensible que puede haber variaciones en detalles que no se consideran sustanciales, siempre y cuando permanezca invariable, en lo esencial, dicho relato incriminatorio”.

Finalmente, se estima por parte del TSJCyL que la denunciante relata en todo momento una conducta del acusado claramente atentatoria contra su libertad e indemnidad sexuales. “No ha habido variación sustancial del relato, y, aunque sea cierto que se pasa de unas primeras manifestaciones más imprecisas a una narración más detallada, ello resulta absolutamente normal y es fruto de la propia dinámica investigadora que exige que la menor preste nuevas declaraciones ante el Juez. Explicó además que, si no contó antes este detalle importante, es porque le daba vergüenza ya temía la reacción de su padre, lo cual es perfectamente creíble”, concluyó.

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