Num: 1614 | Lunes 20 de agosto de 2018
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Emilio Gutiérrez Caba: “La cultura siempre está en crisis”

El actor vallisoletano estrena mañana viernes en su ciudad natal ‘La cueva de Salamanca’, un montaje que combina verso y prosa para celebrar el octavo centenario de la Usal

El actor Emilio Gutiérrez Caba. / Juan Lázaro

César Combarros Con más de medio siglo sobre los escenarios y cautivando desde la gran pantalla al público, el actor Emilio Gutiérrez Caba (Valladolid, 1942) regresa mañana a su ciudad natal como dramaturgo y director de escena para presentar ‘La cueva de Salamanca’, un montaje coproducido por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Euroscena y la Universidad de Salamanca, con el cual conmemora los ocho primeros siglos de vida de la institución académica. El montaje, que adapta el texto homónimo de Juan Ruiz de Alarcón, junto a fragmentos de ‘La Fénix de Salamanca’, de Antonio Mira de Amescua, y ‘Obligados y ofendidos y Gorrón de Salamanca’, de Francisco de Rojas Zorrilla, se representará mañana viernes y el sábado a partir de las 21.00 horas en la Sala de Teatro Experimental del Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid, una semana después de vivir su estreno absoluto en el Teatro Juan del Enzina de Salamanca. Posteriormente, viajará al Teatro de la Comedia de Madrid (del 7 al 17 de junio), a los festivales de teatro clásico de Cáceres (22 de junio), Almagro (6 y 7 de julio) y Olmedo (13 al 22 de julio), para culminar su recorrido en el Teatro de Rojas de Toledo el próximo 23 de noviembre.

¿Cuál fue el germen del proyecto?

El productor Salvador Collado me invitó a estructurar un espectáculo con motivo del octavo centenario de la Universidad de Salamanca y pensé qué obra podría reflejar mejor aquella Salamanca del Siglo de Oro, llena de estudiantes, sopistas, truhanes, sabios y nobles, una ciudad motor de cultura y referente rotundo para toda la España de la época, obsesivamente volcada hacia las Indias. Así encontré ‘La cueva de Salamanca’, una comedia de Juan Ruiz de Alarcón sobre una leyenda que ya había reflejado Cervantes en uno de sus entremeses. El de Ruiz de Alarcón era un texto con momentos brillantes pero tenía altibajos, y pensé integrar junto a él fragmentos de ‘La Fénix de Salamanca’, de Mira de Amescua, y de ‘Obligados y ofendidos y Gorrón de Salamanca’, de Rojas Zorrilla. Para conjugar todo, escribí además otro texto sobre una compañía teatral actual y todas las circunstancias que la rodean.

Esa compañía contemporánea precisamente está ensayando dos obras clásicas, buscando la que mejor encaje en la celebración del octavo centenario de la Usal. ¿Qué le permitía esa apuesta por el metateatro?

Acercarme a tres textos magníficos, de tres autores diferentes del Siglo de Oro, y trabajar también la prosa, que al oído del espectador suena mucho más actual que el verso y le sitúa en la época presente. Los integrantes de esa compañía deben enfrentarse a los problemas y a la realidad de cualquier compañía actual, que tenemos que estar buscándonos la vida por donde sea porque la vida está muy complicada, pese a los augurios de buena economía que se están lanzando últimamente. Con ello buscaba establecer paralelismos entre algunos de los problemas del siglo XVII y de la actualidad, que no son idénticos afortunadamente pero que en esencia vienen a ser los mismos: la cultura siempre está en crisis.

¿Entre los objetivos del montaje, buscaba presentar al espectador actual la efervescente Salamanca estudiantil del Siglo de Oro?

Sí, las peripecias de la vida estudiantil están muy bien descritas. Hay dos escenas de ‘La Fénix de Salamanca’ que son muy divertidas, con mujeres travestidas de hombres y con un padre bastante generoso con su hijo, que es un golfo que se ha jugado todo durante su primera semana de estancia en Salamanca. En el caso de ‘Obligados y ofendidos…’ hay otra escena en la que ocurren también mil peripecias. Y en ‘La cueva de Salamanca’ se cuenta la leyenda que dice que el marqués de Villena se hizo discípulo del diablo, que vivía en una especie de cripta de una iglesia que llamaban la cueva de Salamanca. El texto de Ruiz de Alarcón plantea un debate entre el uso de la magia negra y la magia blanca, y las posibles consecuencias de ambas. Las tres obras resumen muy bien la actitud de los estudiantes en Salamanca en esa época.

El humor y el amor también son dos elementos clave en el montaje.

Claro. Hay pasajes de enfrentamientos amorosos y otros graciosos, como era habitual en los textos del Siglo de Oro. Son elementos presentes y muy acendrados, no solo en la parte que corresponde a lo que yo he añadido, sino también en los tres fragmentos que proceden de textos clásicos. Yo creo que todo eso está mezclado de una manera proporcional y natural, algo que ha sido posible gracias a que los actores y los técnicos, durante los ensayos, me han ido sugiriendo cosas muy creativas que yo he decidido incorporar porque me parecía que eran valiosas.

Llama la atención que de la escenografía se ocupe Suso33, conocido por su faceta como grafitero. ¿Buscaban darle contemporaneidad a la obra?

Suso33 ha elaborado unos telones son extraordinarios. Verlos es ya de por sí un espectáculo plástico, y él está muy contento de haber podido hacerlos allí, in situ. Cuando terminemos las representaciones le regalaremos uno de ellos, precisamente el de la cueva de Salamanca, a la propia Universidad, para que lo muestre en el Patio del Colegio del Arzobispo Fonseca.

¿Cuál ha sido su relación personal con Salamanca, donde rodó en 1965 ‘Nueve cartas a Berta’, uno de sus primeros papeles protagonistas en cine?

Recuerdo con mucho cariño aquel rodaje con Basilio (Martín Patino), que además ha fallecido recientemente. ‘Nueve cartas a Berta’ es una película que, para mí, tiene unas raíces inolvidables. 1965 fue para mí un año mágico, de esos que desearías que se repitieran de vez en cuando. Volver a Salamanca en el mes de mayo ha sido para mí un reencuentro melancólico con el pasado que viví allí a lo largo de dos meses. Afortunadamente la Salamanca de hoy poco tiene que ver con la de ayer: hoy es una espléndida ciudad, limpia, llena de luz… Queda muy poco de aquella del año 65. Además me he encontrado al lado de la Catedral representando piezas clásicas del siglo XVII, ¿qué más se puede pedir estéticamente?

El propio Ruiz de Alarcón, aunque nació en México, vivió algún tiempo en Salamanca. ¿Qué Salamanca plasmó él en su revisión del entremés cervantino?

Yo creo que lo que le subyugó de Salamanca, como nos pasa a todos, fue el cielo castellano. Salamanca tiene ese cielo castellano absolutamente azul, con una atmósfera muy limpia, y creo que eso le tuvo que llamar la atención y lo reflejó muy bien en su comedia. La gente que aparece en ‘La cueva de Salamanca’, salvo el mago Enrico, que es francés, es muy luminosa y carnal. La obra refleja cómo los galanes intentan siempre gozar de las mujeres sin casarse con ellas, mientras ellas resisten esa especie de asedio continuo.

En 2014 debutó como director de escena con la tercera versión que protagonizó de ‘La mujer de negro’, y el pasado año se estrenó como dramaturgo y director en ‘Escrito en las estrellas’, un espectáculo basado en ‘El amante liberal’, de Cervantes. ¿Qué ha descubierto al otro lado de las tablas?

Que los técnicos y los actores te ayudan muchísimo a hacer las cosas, y que ser director de escena no significa más que ser una pieza más de un engranaje teatral en el que realmente la importancia la tienen tres elementos: las palabras, los actores y el público. Los directores estamos ahí en medio, pero si los actores no salen al escenario con ganas de hacer las cosas no hay hecho teatral, y si el público no recibe eso bien no hay hecho teatral.

¿Se ve en el futuro con nuevos proyectos en este sentido?

Ideas sí tengo en la cabeza, y si esas ideas se sustentan en un equipo técnico y artístico fantástico, como el que he tenido en esta ocasión, con profesionales también vallisoletanos como el músico Luis Delgado o la actriz Eva Marciel, entre otros, lo único que tienes que hacer es saber situarte en tu sitio. Cuando lo haces las cosas salen muy fáciles. A veces nos complicamos nosotros solos y el mundo ya es bastante complicado por sí solo.

Tras su paso por Valladolid, ‘La cueva de Salamanca’ recorrerá Madrid, Cáceres, Almagro, Olmedo y Toledo…

Afortunadamente recorrerá bastantes ciudades. Tendrá la vida que suelen tener las piezas de teatro clásico en verano, aunque pienso que es una obra que podría tener también recorrido como teatro comercial. El problema es que el teatro comercial suele rechazar el verso, pero tal cual se ha concebido, yo creo que podría funcionar bien y que podría tener bastante éxito.

 

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