Num: 7785 | Viernes 1 de marzo de 2024
Opinión


5 de junio de 2023

Estrategias neoliberales para acabar con los sistemas públicos: descremado, disciplinamiento y elección


La investigación del departamento de Política e Intervención Social de la Universidad de Oxford revela que el incremento de la externalización y privatización de los servicios sanitarios británicos entre 2013 y 2020 elevó el índice de mortalidad evitable, es decir, la tasa de muertes que se podrían haber evitado.

El capitalismo neoliberal no es solo un sistema económico, es también un sistema ideológico que construye nuestra subjetividad y el imaginario colectivo. Estamos impregnados de esta ideología neoliberal. Somos incapaces de ver el mundo sin esas gafas, pues nos la administran día a día, durante 24 horas de bombardeo incesante, directo e indirecto.

El neoliberalismo es mucho más que una nueva expresión del capitalismo. Es una nueva forma de sociedad. Como decía Margaret Thatcher: “La economía es el medio, nuestro objetivo es el alma”.

Recientemente se ha realizado en León dos manifestaciones en defensa de la Sanidad Pública, que tanto bienestar nos ha traído. Este sistema de salud lo mantenemos todos y todas con nuestros impuestos. Pero los gestores de este bien público y común, lo están arrasando al recortar la inversión pública. Esto provoca que aumenten las listas de espera, las dificultades de acceso, la falta de personal sanitario. Deteriorando el servicio sanitario público hasta límites insoportables.

Pero el problema de fondo va más allá. Este deterioro, sumado a la ideología neoliberal que apuesta por las huidas individuales y que cada uno mire por sí mismo, genera que nos inunde la desafección hacia este servicio. Desafección, pérdida de afecto o estima por algo, falta de adhesión, ya que percibimos que este sistema no está atendiendo nuestras necesidades cuando lo necesitamos. Y no las atiende, por falta de recursos y medios, con la premura que crea la preocupación por la enfermedad. De esta forma nos están empujando para que busquemos soluciones individuales. Es decir, que suscribamos un seguro privado. Así comienza el “descremado”.

La desafección ante el deterioro de la sanidad pública genera el proceso de “descremado”. Descremado es cuando las personas, que tienen capacidad y recursos económicos, ante las dificultades de acceso, listas de espera, citas interminables…, optan por una solución individual, pagando un seguro privado. Ahora ya no tienen la premura de defender el sistema público. Esas personas que pueden pagarse el seguro privado son, mayoritariamente, quienes tienen la mayor energía, capacidad argumental, tiempo, poder y ánimo de reivindicar, exigir y reclamar.

Se produce así una vuelta de tuerca más, de abandono del sistema público sanitario. Si la clase media, con más energía, tiempo y habilidades reivindicativas, se refugia y se encuentra atendida por el sistema privado, qué más da si empeora un poco más el sistema público. Y un día éste será tan residual que se deteriorará definitiva e irreversiblemente.

La segunda estrategia es la del disciplinamiento. La otra cara del descremado, pero destinada a las clases sociales empobrecidas y precarias.  Esta hace referencia a los mecanismos de doblegamiento de las clases con más dificultades económicas, con más precariedad.

La ideología neoliberal opera con la lógica de la guerra psicológica y cultural, culpabilizando a la población empobrecida de su situación. Esto genera que las propias víctimas de las políticas de desinversión y destrucción de la sanidad pública tiendan a considerarse en cierta medida responsables (“hemos gastado por encima de nuestras posibilidades”). Acaban internalizando así que no son merecedoras de una sanidad mejor. Termínanos asumiendo  la realidad con cierto fatalismo e incapacidad de cambiarla.

Estas víctimas de la guerra económica, ideológica y social neoliberal son invisibilizadas por la narrativa dominante. En todo caso, etiquetadas como fracasadas –no valoran, no aprovechan, desperdician recursos y oportunidades-. Se construye una cultura del “no merecimiento” de los excluidos, que busca justificar la desviación de la inversión social a fines privados (conciertos). Esto es una guerra contra los pobres (el 26% de los españoles está en riesgo de pobreza, INE 2022), como explica la socióloga Rodríguez Rejas, profesora e investigadora de la Universidad UACM donde lo más perverso es que se les hace responsables de la situación.

El proceso de disciplinamiento y doblegamiento tiene como objetivo la derrota psicológica del sujeto y el control con aceptación; es guerra psicológica y cultural que genera agotamiento físico y mental y manipulación emocional, como analiza esta experta.

La tercera estrategia neoliberal es el neolenguaje que disfraza el desmantelamiento y saqueo de lo público con términos cargados positivamente: “libre elección”. La elección es libertad. Cuando la única libertad que te ofrecen es entre una sanidad que deterioran y le despojan de recursos y medios y un negocio privado sanitario que busca el beneficio en vez de la salud. Este relato y discurso proviene de quienes son elegidos por la ciudadanía para gestionar lo público y están privatizándolo y desmantelándolo con eufemismos que esconden sus intereses privados.

Porque el saqueo de lo público va acompañado también del doblegamiento de la mente, a través de la construcción de argumentos para que lo hagan aceptable a la ciudadanía: no hay alternativa, hay abuso en la utilización del servicio público por parte cierta población, no hay personal médico en la pública, es necesaria la colaboración público-privada, la sanidad privada es también un servicio público, elige tú el personal médico que quieres que te atienda, eso te lo da la opción de los seguros privados, etc., etc.

En el sistema sanitario público está tu historial, tus antecedentes familiares, y la historicidad es tan importante para valorar una enfermedad. También está la relación de confianza que se ha ido construyendo con el personal sanitario que te ha atendido durante años. Hay estudios que acreditan que una atención primaria garante de la continuidad de la relación médico-paciente está asociada a menores tasas de mortalidad, menos ingresos hospitalarios y menos derivaciones a especialistas.

Es la sanidad primaria básica, pone de relieve las Naciones Unidas, la fundamental, preventiva y la que hay que reforzar: no solo porque es la primera frontera del sistema que garantiza un acceso equitativo al servicio salud pública para todos y todas y la que reduce la mortalidad, sino también por la eficiencia que proporciona. El predominio de la atención primaria sobre la especializada radica en llevar adelante un modelo de atención que se base en la prevención y detección precoz de las enfermedades.

Pero la ideología neoliberal insiste en que elijas el especialista, que decidas “libremente” llegar cuanto antes a un especialista, aunque no sepas ni cual sería el que podría atender tus síntomas. Porque no interesa la prevención, porque lo que da beneficios a los accionistas privados es la enfermedad y el malestar.

El neoliberalismo no solo es un modo de gobernanza, sino que produce sujetos, formas de ciudadanía y comportamiento, y una nueva organización de lo social marcada por la fragmentación social, el sustituir la noción de solidaridad por el individualismo, la creación de desinterés político y desmotivación vital. Cala su mensaje de que “no es posible hacer nada, para qué luchar y manifestarse en defensa de la sanidad pública si no se consigue nada”. Aceptar lo que hay, lo que te ofrecen, es el mal menor. No hay alternativa, como decía Margaret Tatcher.

Quizá debamos recordar a Al Lewis, actor en la popular serie de televisión The Munsters, cuando decía: “llevo en la lucha más de 70 años. No me preocupa no ganar. Después de tantos años de lucha, no te eches las manos a la cabeza porque, verás, todo el mundo quiere ‘la victoria’. La quieren hoy. Pero no es así. La lucha continúa. Para mí, la victoria está en la lucha. Y lo acepté hace mucho tiempo”.

Eloina Terrón Bañuelos. Profesora de Educación Secundaria jubilada

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