Num: 7143 | Domingo 29 de mayo de 2022
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Fernando Colomo, un adicto al séptimo arte

Visitamos el estudio del ilustre director Fernando Colomo, en el que nos explica la evolución del séptimo arte desde la dictadura hasta la actualidad, pasando, como no, por la Movida madrileña

Fernando Colomo
Fernando Colomo, en su estudio de Madrid. / LI

Fernando Colomo (2 de febrero de 1946, Madrid). Director, guionista, productor e incluso actor de cine. Pese a graduarse en Arquitectura, siempre supo que su lugar estaba detrás de las cámaras. Su adicción al séptimo arte afloró en la adolescencia y, a sus 76 años, confiesa seguir enganchado. Ni siquiera la dictadura, ni la censura que engrilletaba al arte durante la misma, frenaron la propulsión de un virtuoso que lleva medio siglo maravillándonos con sus largometrajes.

Con una llaneza pasmosa, nos abre las puertas de su estudio, en el que se vislumbran cientos de libros y varios carteles de sus filmes. Un cosmos de parqué en el que resuella la armonía, y en el cual este sabio con quevedos y cano cabello se reúne a menudo con la inspiración.

Antes de zambullirnos en los 80, viajemos a los 70. ¿Por qué ingresa el arquitecto Fernando Colomo en la Escuela Oficial de Cine?

Pues mira, realmente yo siempre había querido hacer cine. Sin embargo, en mi época no existía la Facultad de Ciencias de la Comunicación; solo existía la Escuela Oficial de Cine, que era la única en España, y tenías que tener 21 años para poder ingresar en ella.

Entonces, yo tenía 17 cuando había terminado lo que era el preuniversitario, y tenía que que meterme en una carrera universitaria. Y entre todas las opciones que había, me decanté por arquitectura. Por una parte, me parecía muy dura; pero por otro lado, tenía el dibujo artístico y todo esto, que tenía mucha importancia y a mí se me daba muy bien. Por eso elegí cursar Arquitectura, y cuando me encontraba en cuarto, me parece que ya me matriculé en la Escuela de Cine. Al final, compaginé ambos estudios y los finalicé casi al mismo tiempo.

Hablemos ahora de la Movida madrileña. ¿Cuál de sus películas se identifica más con este movimiento?

Diría que mi segunda película, que se titula Qué hace una chica como tú en un sitio como este. Esta se estrena en 1978, y sus protagonistas son los integrantes del grupo Burning; de hecho, después hacen una canción con este mismo nombre.

Entonces, su primer filme, Tigres de Papel (1977), aún no se enmarca dentro de esa contracultura, ¿no?

No, no. Tigres de papel era una película como más política. Y La Movida llega precisamente para sustituir un poco al destape político, por así decirlo. O sea, esta era una corriente más bien apolítica. Esta propició una eclosión artística total; no solo en el cine, también en la moda, el diseño, la pintura… y sobre todo, en la música, por supuesto. De pronto brota algo que siempre había estado ahí, pero que estaba maniatado por la censura propia del régimen franquista.

¿Es esa eclosión la que quería reflejar a través de sus primeras películas?

Pues... ahí, ahí. El guión de Qué hace una chica como tú en un sitio como este, por ejemplo, lo escribí con Jaime Chávarri, y nos interesaba un poco el momento que estábamos viviendo, que era la Transición. Se trataba de un momento en el que parecía que había libertades y tal, pero en el que todavía no teníamos la sensación de que existiese una democracia amplia.

En esta cinta que menciono, hay un personaje -que es el marido de Carmen Maura-, que es una especie de policía, el cual nos censuraron. En definitiva, todavía seguían funcionando los aparatos represores de la Dictadura, y eso lastraba un poco al cine y al arte en general.

Ahora que menciona el tema de la Libertad... ¿Era tan 'heavy' el libertinaje en aquella época o aún seguía muy encendida la llama del franquismo?

Era una mezcla, la verdad. Es cierto que, de repente, emana una juventud con ganas de pasárselo bien, que pedía paso y que produce esa explosión que comentaba. Sin embargo, los órganos oficiales, como la policía, eran los mismos que había en la dictadura, por lo que había una extraña mezcla de sensaciones. Ocurría un poco como cuando salimos del confinamiento, que estábamos con el freno de mano activado.

Relacionemos el término 'libertinaje' con el del poliamor, el cual trata en su obra Poliamor para principiantes, estrenada en 2021. ¿Tenía cabida este concepto en los 80 o era algo demasiado moderno?

No, no. Al contrario, en aquella época tenía un hueco aún mayor en la sociedad. A principios de los 80, se era mucho más libre, más abierto; no existía lo políticamente correcto. Se pasó del cero al infinito. Después, hemos atravesado una etapa más tranquila.

Poliamor para principiantes es una película que levanta algo; un concepto que no es muy popular todavía, pero que cada vez cobra más fuerza. Consiste en abolir un poco lo que es la cosa de la pareja, la media naranja y todas esas cosas románticas. En fin… que siempre ha existido, pero antes lo llamaban 'amor libre' -ríe-.

Hace poco, declaró en otra entrevista que hacía cine cuando más frustrado estaba.

Sí, así es. Siempre he intentado que el cine fuese una escapatoria a mis frustraciones. La película de mi filmografía que quizá resuma mejor esto es La línea del Cielo. Es a la que más cariño le tengo, junto con Isla Bonita, ya que se trata de una película muy personal, la cual rodamos con un equipo muy pequeñito en Nueva York.

Precisamente ahí, yo quería contar la frustración de cuando llegué a esa ciudad; no hablaba el idioma, no conectaba con nadie… Todo eso me parecía cinematográfico, y así lo reflejé.

CCCCINEMA D'ESTIU: LA LÍNEA DEL CIELO (1983) – Centre del carme

En el 73, en plena dictadura, ya dirigió su primer cortometraje. ¿Estaba Colomo frustrado por vivir en esa España?

Bueno, no tanto como eso. La idea de dirigir pelis surgió cuando tenía 15 años. Cuando visioné, en un cine cercano a mi casa, la primera película de François Truffaut, llamada Los 400 golpes. En ese momento, me doy cuenta de que el cine no es solamente un pasatiempo, sino que puede ser algo más; una forma como de contar cosas personales, un vehículo artístico. Ese día, me enamoré locamente del cine, y ese sentimiento sigue siendo el mismo actualmente.

De hecho, aunque Franco muere en el 75, la censura sigue todavía un año más o así. Pero yo, acompañado de amigos de la Escuela de Cine, ya salía fuera de Madrid para ver películas cuando este estaba vivo; así, podíamos estar al tanto del cine que se estaba haciendo. Íbamos a Francia, a Biarritz (País Vasco francés), a Cataluña...

¿Alguna vez le pusieron alguna traba a la hora de hacer o colaborar en alguna película?

Sí, en los cortos. Concretamente en el primer corto que tengo, que lo hice en 16 milímetros y el cual me lancé a rodar porque era más fácil que hacer todo el papeleo legal que implicaba un largometraje, que era complicadísimo. Primero lo rodé, y más tardo le presenté el guión a censura, puesto que era obligatorio. ¿Qué pasó? que me lo rechazaron entero; no quedó ni una palabra.

¿Por qué?

Porque contenía imágenes de Franco, aún sin tener ninguna crítica ni nada. El corto narraba una historia costumbrista, en la que un soldado español quería ligarse a una argentina que había conocido. Pero la argentina trabajaba en la embajada argentina, y entonces llegaba el presidente, que inicialmente era Lanusse. Pero como como tardamos tanto en rodarlo, al final acabó apareciendo en este el siguiente presidente, que era Cámpora. En una escena, se observaba a Franco al lado de Cámpora, y en cuanto las autoridades lo vieron, dijeron que ni hablar.

¿Qué estaba prohibido a parte de exhibir al caudillo en la gran pantalla?

Buf, muchas cosas. Cuando todavía existía la censura, te daban un cartón de rodaje que se llamaba 'permiso de rodaje'. El papeleo que tenías que hacer para un corto era igual que el de un largo. Te pedían, por ejemplo, una declaración jurada de que no ibas a utilizar el ejército porque había habido casos como el del Imperio Romano y películas gordas que pagaban a un comandante o algo y se llevaba a todos los soldados romanos allí por el morro. En fin, había que hacer un papeleo absurdo; te daban un cartón de rodaje y en una hoja aparte sin membrete venían las notas de la censura.

La bandera negra», la primera película que criticó la pena de muerte durante la dictadura

Por ejemplo, recuerdo de una película que yo produje, la cual no dirigí, en la que el protagonista estaba revelando unas fotos de su novia donde trabajaba. Y nada más verle, los oficiales le amenazaron: "Cuidado esas fotos, a ver si van a ser desnudos". O sea, era una cosa tremenda.

Y lo que no podías hacer, bajo ningún concepto, era coger a alguien que fuera policía o guardia civil o bombero, y que le pusieran los cuernos. Eso no podía ser.

Era una deshonra.

Totalmente. Si os fijáis, no hay ninguna historia de la época de la censura en que que haya un personaje importante que sea policía o algo así, y que tenga o que le pongan los cuernos. Había cosas muy absurdas, como el no decir tacos; el único taco permitido era 'puñetas'. Pero nunca 'joder', 'coño' u 'hostia'.

Para finalizar, me gustaría reflexionar sobre la Movida. Hemos hablado de la 'cara A' de este movimiento, pero no de la drogadicción o del sida. Si ponemos ambas cosas en la balanza, ¿cree que trajo más cosas positivas o negativas?

El problema con la Movida es que, como bien decían una en una entrevista de El Puente, se nos había engañado en todo; se nos había dicho que el sexo era malo, que la libertad era mala… Entonces, cuando descubrimos lo placentero que era todo, lo abrazamos con fuerza. Las drogas, efectivamente, trajeron resultados bastante devastadores; pero es que la desinformación que había en torno a ellas era inmensa. Así que, no sabría decirte. Al final, era necesaria la libertad, pero se pagó un peaje demasiado caro por gozar de esta.

¿Perdió a muchos conocidos por las drogas?

Sí, a conocidos y a muy buenos amigos.

¿Coqueteó usted con estas sustancias?

No, porque me aburría mucho por las noches, y me iba pronto a casa. Alguna vez iba a algún un garito de estos y tal, pero enseguida me aburría y me venía a casa porque era muy dormilón y, afortunadamente, no tuve ningún problema. Podríamos decir que el amor por la cama me salvó.

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