Num: 6599 | Martes 1 de diciembre de 2020
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Funcionarios bercianos en el Nuevo Mundo:  gobernadores, alcaldes, un ‘oidor’ y un inquisidor

Entre los siglos XVI y XVIII varias decenas de bercianos viajaron al continente americano para desempeñar destacados cargos en las entonces colonias españolas

La Real Audiencia de Santiago de Chile, creada en 1609, funcionó en la ubicación actual del Palacio del mismo nombre (que en la actualidad ocupa el Museo Nacional de Chile). Sin embargo, los terremotos de 1647 y 1730, sumados a las crecidas del río Mapocho, fueron deteriorando el edificio. En 1808, se inauguró el palacio de estilo neoclásico, construido por Juan José de Goycolea y Zañartu entre 1804 y 1808.

Entre los siglos XVI y XVIII, los que abarca la conocida como ‘Edad Moderna’, varias decenas de funcionarios originarios del Bierzo viajaron al Nuevo Mundo para desempeñar cargos en las colonias. México, Cuba, Perú, Ecuador o Chile estuvieron entre sus países de destino. Todos ellos llegaron tras atravesar el océano en barcos poco preparados para viajeros, cuando navegar era todavía una aventura en la que jugarse la vida, pues no fue hasta el siglo XIX cuando, con los barcos a vapor, el traslado entre continentes propició una mayor y más segura emigración.

Villafranca del Bierzo y Ponferrada fueron las principales localidades de origen de estos prohombres en tierras americanas, aunque algunos también proveían de  Bembibre, Cacabelos, Los Barrios, Fuentesnuevas y otros pueblos más pequeños. Antes de iniciar su viaje tuvieron que demostrar tres requisitos: ser súbditos de la corona, limpios de sangre y cristianos viejos.

El más conocido de todos ellos es sin duda Lope García de Castro , de Villanueva de Valdueza, que llegó a Perú con 27 acompañantes entre familiares y criados, todos del Bierzo, y que ocupó el puesto de gobernador (en la práctica, virrey interino) de este país, entre 1564 y 1569. Otro  virrey interino, en su caso, de La Plata, sería Antonio Olaguer Feliú, nacido accidentalmente en Villafranca mientras sus padres, catalanes, estaban de paso.

8°. Marquilla 22 h. Manuscrito. Portada en tinta roja; el escudo de la Santa Inquisción de México y el de la Orden de Predicadores de Santo Domingo, pintados a mano. Pastas forradas en damasco color rojo con decoración floral. Estimado: $14,000 – $18,000 M.N. Incluido en la subasta de libros y documentos antiguos y contemporáneos de Morton, Casa de subastas del mes de julio de 2013.

 

Juan de Armesto, el inquisidor

Sin embargo,  hay otras historias que también merecen la pena ser recordadas, como la del inquisidor Juan de Armesto, nacido en Villafranca del Bierzo en 1654, hijo de Gonzalo de Armesto y Ron, señor del coto de Veiga de Forcás (Piedrafita do Cebreiro) y la villafranquina Catalina de Valcarce Benavides.

Juan de Armesto, que tuvo dos hermanas monjas procesadas, sor Jacinta y sor Inés, sin que se conozcan los motivos, caballero del hábito de Santiago, llegó a México como Fiscal de la Santa Inquisición de la capital del país. De los datos que nos han llegado hasta nuestros días, sabemos que en 1688 presidió el auto de Fe celebrado el 8 de febrero en la iglesia convento de Santo Domingo de la capital mexicana contra Diego de Alvarado por “judaizante apóstata”. Alvarado,  ausente del proceso, en el que estuvo representado como “un relajado en estatua difunto”  (un muñeco antropomorfo) pues el acusado ya había muerto en las cárceles secretas  de la Inquisición, según los archivos de la Universidad Autónoma de México.

De Juan de Armesto, durante su etapa en el Tribunal de la Inquisición de México, también se tiene noticia en el Archivo Histórico Nacional de su pleito, seguido en el Tribunal de Corte,  con Pedro Losada y Quiroga, caballero de la Orden de Santiago y relator del Consejo de Inquisición, “por la dignidad de chantre de la catedral de Orense”, en favor del villafranquino.

Relacionado con la Inquisición también se encuentra, en el Archivo General de Indias, ubicado en Sevilla, el nombre de Francisco Arias, de Corporales, que viajó como ‘familiar del Santo Oficio’ a Cartagena de Indias.

Castillo de San Pedro de la Roca. Santiago de Cuba, / Wikipedia

 

Mateo López de Cangas, sargento mayor y gobernador de Santiago de Cuba

Otro villafranquino con mando en el nuevo mundo, y del que se tiene más información que del inquisidor Juan de Armesto, fue Mateo López de Cangas, nacido en 1674, sargento mayor y gobernador de Santiago de Cuba. López de Cangas, según el Archivo General de Indias, ingresó en el ejército en 1690. Sirvió hasta 1698 como soldado destinado en diferentes campañas en Cataluña. De ahí pasó a Orán en 1699 como alférez. Una vez de regreso a la Península, se le otorgó, en julio de 1700, el sueldo de “reformado para el ejército de Cataluña”, donde estuvo sirviendo a las órdenes del maestre de campo Fernando Dávila. Se mantuvo en este destino hasta 1703, cuando fue ascendido a sargento mayor en virtud de su intachable hoja de servicios, al tiempo que se la adscribía a la compañía del coronel Alonso de Figueroa y Silva y realizaba diferentes servicios en el Ejército de Andalucía. Durante la campaña contra Portugal, en el transcurso de la Guerra de Sucesión, llegó a ostentar el gobierno interino del castillo de Noudar, conquistado a los portugueses.

Fue herido al menos en cuatro ocasiones y mostró una inusitada valentía durante el ataque sobre Gibraltar del 7 de febrero de 1705, según lo atestiguó oficialmente el mismo general de Artillería marqués de Villarocha.

El 3 de marzo de 1709 fue nombrado gobernador y capitán a guerra de la ciudad de Santiago de Cuba, concediéndosele también el grado de coronel y el empleo de sargento mayor de su anterior Regimiento de Infantería. Su traslado a la isla de Cuba se demoró hasta 1713 debido a los inconvenientes de la guerra de sucesión en España, y la dificultad de trasladar personal a América ante la falta de buques de escolta, cuando en fecha 9 de septiembre tomó oficialmente posesión de su cargo. Su responsabilidad en el Gobierno de Santiago de Cuba se prolongó hasta el 10 de octubre de 1723.

“Mostró muy buena disposición con los vecinos y las autoridades eclesiásticas locales, llegando a conseguir que las ancestrales disputas entre el Cabildo y la Iglesia quedaran zanjadas. Realizó diversas disposiciones para arreglar el cuerpo de guardias principal así como para aprontar todo lo necesario a la infantería y fortalezas de la ciudad, pese a las enormes dificultades del real tesoro. Durante su mandato se produjo un aumento de los ingresos de la Real Hacienda y un considerable descenso del tráfico ilegal en las costas de su gobernación”, según explica la Real Academia de la Historia.

Foto del cuadro votivo de la Virgen de la Encina Patrona de la Villa Ponferrada (España) a cuyos pies están el oidor de la Real Audiencia de Santiago de Chile, Gregorio Blanco de Laisequilla, y su esposa, Josefa Núñez de la Cantera. / Catálogo de fotografía patrimonial del Museo Histórico Nacional de Chile

 

Gregorio Blanco de Laisequilla, ‘oidor’ de la Audiencia de Chile

A principios de 1745 el obispo Juan González Melgarejo atravesó la jurisdicción puntana (actual provincia de San Luis, en Argentina), dirigiéndose a su sede en Santiago de Chile. Según se narra en www.sanluistodo.com.ar , el obispo advirtió que era necesario establecer por lo menos dos villas entre el conocido paraje de la Punilla y la ciudad de San Luis. Sus instancias determinaron que la Junta de Poblaciones de Chile decidiera erigir villas en los lugares denominados Santo Cristo de Renca, Tablas y Pulgas, “para que, reducidos en ellas, los muchos vecinos dispersos en grandes distancias lograsen la instrucción en nuestra santa fe, la recepción de los santos sacramentos y demás beneficios espirituales y temporales consiguientes a una población bien reglada”, según manifestaba en su día el propio obispo.

Para realizar esta empresa fue comisionado el oidor -juez- de la Real Audiencia de Chile entre 1744 y 1772, Gregorio Blanco de Laisequilla, nacido en Ponferrada, a quien  el 2 de mayo de 1753 se dieron instrucciones precisas para el mejor cumplimiento de su cometido como el reconocimiento de los lugares destinados a las nuevas poblaciones, examen de la calidad de las tierras, cómputo de habitantes y otras cuestiones.

Blanco de Laisequilla, si bien no concretó la formación de pueblos en las Pulgas y las Tablas o Carpintería, sí formalizó la villa de Renca y mandó trazar otra, con el nombre de Nuestra Señora de Mercedes, en las cercanías de la Punta del Agua o capilla de los Funes.

También aportó datos sobre la jurisdicción de San Luis, que hasta el momento nunca se habían contabilizado: “se extiende ochenta leguas de norte a sur entre dos sierras, que la primera empieza desde la misma ciudad dirigiéndose al norte, y a veinte y cuatro leguas la otra al oriente, principiando rigurosamente de la Punilla, y divide las dos jurisdicciones, de la referida ciudad y de la de Córdoba”.

En San Luis, las providencias del oidor tendieron a asegurar el buen reparto del agua –constante motivo de rencillas- y a lograr que los vecinos edificasen casa para morar, como estaba mandado.

Hubo muchos más bercianos  que ocuparon puestos en la administración de los que sin embargo no tenemos más noticias que sus nombres y sus cargos, recogidos en el trabajo de investigación  Índice geobiográfico de emigrantes bercianos a América y Filipinas. Siglos XVI-XVIII, de Alexandra Rodera Alonso.

Entre ellos están Juan Antonio de la Carrera, de Villar de los Barrios, alguacil de Riobamba y gobernador de la ciudad ecuatoriana de Cuenca entre 1784 y 1787. De la misma ciudad, a partir de 1792, fue también gobernador Juan López  Tormaleo, de Campelo, quien ocupó asimismo el puesto de asesor de gobierno ente ese año y 1818.

Otros funcionarios relevantes, según el trabajo de investigación de Rodera Alonso, fueron Pedro López de Armesto, de Villanueva de Valdueza, procurador de la Real Audiencia de Charcas, en Bolivia, desde 1560 hasta una fecha desconocida; Francisco Prada, de  Almázcara, Fiscal de la Audiencia de Santo Domingo (1627), Juan Valcarce, nacido en algún del Bierzo y alcalde de la ciudad de México (1624), y Antonio Osorio y Barba, de Villafranca, alcalde la también villa mexicana de Nexapa (1704).

 

 

 

 

 

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