Hacia la conquista de la credibilidad

Soy un periodista de papel. No lo puedo evitar. Es mi educación, formación y experiencia. Pero, a pesar de ello, o mejor dicho, gracias a ello, creo en el mundo digital y en el periodismo digital. Recuerdo, ya en tiempos casi de Maricastaña, cuando en la primera redacción en la que estuve se produjo el cambio revolucionario de la máquina de escribir por el ordenador. Aunque en estos momentos parezca un hecho prehistórico, aquel cambio fue toda una revolución y un cambio de mentalidad para el periodista y para el periodismo. Desde aquellos lejanos años ochenta del pasado siglo se han ido sucediendo revoluciones tecnológicas hasta llegar al momento actual en que si no estás en las redes sociales simplemente no existes.

El periodismo ha experimentado todos estos cambios en un tiempo récord. Se puede decir que el periodismo está en permanente adaptación. El mundo del siglo XXI es digital, lo que pone en cuestión la supervivencia del papel como soporte periodístico. Lo peor es que este cambio y este debate se suscita en el momento más inadecuado para la profesión periodística: en plena crisis económica, cuya consecuencia ha sido el desplome de los ingresos, el cierre de muchos medios, la aplicación de durísimos recortes técnicos y de personal, la “becarización” de las redacciones, y, por consecuencia la pérdida de credibilidad. Y no se olvide que la credibilidad es el principal activo del periodista y del periodismo.

Crisis económica, reconversión tecnológica, auge de los soportes digitales, y pérdida de credibilidad. Un cóctel superexplosivo, que puede hacer saltar por los aires los principios básicos de una profesión, cuyo objetivo es contar los hechos con objetividad y opinar con honestidad. La información por un lado y la opinión, por el otro. Con el tercer soporte en paralelo que es la publicidad. Un medio de comunicación, sea en papel o digital, debe ganar dinero. Si hay beneficios es la mejor garantía de su independencia. Si para sobrevivir tiene que poner en alquiler las plumas de sus periodistas o recurrir sistemáticamente a las subvenciones públicas, mal negocio. No habrá independencia y, con ello, se pondrá en peligro la credibilidad. Y entramos en el círculo vicioso de a menos credibilidad, menos ingresos, más precariedad, mayor dependencia de las instituciones o de los poderes fácticos y, de nuevo, caída de la credibilidad y vuelta a empezar para peor. No todo está permitido en el periodismo ni todo vale en la profesión.

El reto de los medios digitales es conquistar su credibilidad y el respeto de los usuarios. Hasta ahora se ha confundido un medio digital con un confidencial, de aquellos que, en el principio de esta nueva era, sólo aportaban cotilleos, rumores y bulos. Y no hay nada peor para el periodismo de calidad que el rumor y el bulo.

Hoy, las redacciones de los periódicos digitales están pobladas y, en muchos casos, dirigidas por profesionales, periodistas titulados y con experiencia, lo que es una garantía profesional y de continuidad. Los medios digitales son una plataforma de acceso a la información permanente actualizada, pero ahora deben ganar la batalla de la calidad. Y ahí está el reto. No basta con que ofrezcan canales escritos, audios y vídeos. Nunca habíamos soñado con el “periodismo total” y resulta que está aquí, a la vuelta de la esquina.

Pero ahora hay que ganar el reto de la calidad, de la credibilidad y de la ética periodística. Y para ello, lo primero que tienen que lograr los nuevos medios digitales es conquistar su independencia económica, un camino pedregoso, pero que ya se ha comenzado a andar.

Y en este camino es donde aparece El Bierzo Digital, una cabecera histórica de la nebulosa digital berciana y leonesa, que ahora cumple diez años. Una década en el mundo digital es casi un siglo en la era Gutenberg. Enhorabuena y felicidades. Pero, ojo, una trayectoria de diez años aporta cierta veteranía, pero no supone el éxito. Queda mucho camino por recorrer hasta la conquista de un excelente periodismo.

El Bierzo Digital tiene buenos mimbres para hacer un gran periódico: experiencia, veteranía, profesionalidad, conocimiento de las nuevas tecnologías, cercanía al usuario, técnica y muchas ganas de mejorar todos los días y, sobre todo, de cumplir el sacrosanto deber de un medio de calidad, como es contar la verdad, opinar con honestidad y, en resumen, crear sentido crítico entre sus usuarios. Así que, a por ello.

Francisco J. Martínez Carrión

Periodista