Cerca de tres décadas han pasado ya desde que la tercera generación de la familia Moro se hizo con las riendas de la empresa vitivinícola situada en la localidad vallisoletana de Pesquera de Duero y cuyos orígenes se remontan a 1891. Más de un siglo después, la bodega, una de las diez más visitadas en la DO Ribera del Duero, prepara de cara al año que viene su desembarco en la comarca del Bierzo, donde espera crear un nuevo vino blanco a base de la variedad autóctona Godello.

Es la primera vez que Emilio Moro se plantea un proyecto fuera de la zona de Ribera de Duero y experimenta con un vino blanco. ¿Cómo se materializará el proyecto?

El vino blanco es una cosa que yo empecé a sentir hace cuatro o cinco años. Hasta entonces, nunca lo bebí. Me enamoró un vino que probé del Bierzo y, como me enamoré, me fui a conocer la zona, sus vinos, sus tierras y sus gentes. Decidimos hacer nuestro propio Godello y para ello hemos comprado 20 hectáreas de viñedo, cuatro de ellas ya plantadas y otras trece que vamos a plantar este año. Nuestra idea es hacer un proyecto global de 50 hectáreas aproximadamente, que se completará con la construcción de una nueva bodega. Empezaremos a definir el proyecto este mismo año. Hasta que esos viñedos vayan creciendo y mientras no tengamos la nuestra, estaremos en una bodega de alquiler.

¿Por qué el destino escogido fue la comarca del Bierzo? ¿Qué características aporta la zona?

Cuando probé ese vino, noté características que no notaba en otras variedades: finura, elegancia, melosidad y equilibrio de acidez. Al mismo tiempo, noté que era posible dotar a esos vinos de un poco de grasa, de un cuerpo de voluptuosidad. Cuando eso lo mezclas, consigues un vino excelente como el que creo que se puede hacer en el Bierzo. Creo honradamente que con la variedad Godello, España se va a poder medir a los grandes blancos franceses que hoy por hoy dominan el mundo. Hace falta tiempo y conocimiento, experimentar y tener viñedos con años. Esto no se va a hacer de la noche a la mañana. Pero creo que, si hay una zona y una variedad en España que cumplen todas las condiciones para hacer un gran vino, esa es la variedad Godello y la zona de Galicia y el Bierzo.

¿Cuándo estará lista la primera botella de Emilio Moro del Bierzo? ¿Qué nombre llevará?

La primera botella saldrá el año que viene, pero aún no sabemos en qué fecha. Se llamará La Rebelía, que es el nombre de una de las fincas.

Como parte del desembarco en la comarca berciana, la empresa participará en el mes de agosto en una cata benéfica durante la celebración del Festival Villar de los Mundos. ¿Qué explicarán en esa cita?

Trataremos de explicar quiénes somos y lo que hemos hecho, a través de nuestros vinos, que son la expresión de nuestra personalidad. Procuraré ir yo mismo, acompañado del director técnico de la bodega, Álvaro Maestro, porque queremos involucrarnos con la zona. Explicaremos por qué hemos ido al Bierzo, qué queremos de él y cómo lo queremos sentir. Queremos ir a sumar, a crear riqueza y a contribuir a que la comarca tenga un nombre a nivel internacional.

El presente ha sido un año en el que las condiciones climatológicas no han acompañado. ¿Qué se espera a estas alturas de la añada de 2017?

Es una añada complicada porque heló y tuvimos grandes daños. Todavía es pronto para determinar nada desde el punto de vista de la producción. Hasta dentro de unas semanas no sabremos cuántas vides han rebrotado o en cuántas yemas han vuelto a salir tallos con racimos. Desde el punto de vista de la calidad, yo siempre digo que hasta que no esté el vino en la tolva no sabremos cómo va a ser la cosecha. La gente que se aventura en agosto a decir que una añada va ser buena, cuando una escarcha en septiembre la puede arruinar, me parece demasiado atrevida.

El crecimiento de la bodega en los últimos 30 años les ha hecho pasar de etiquetar poco más de 80.000 botellas al año a distribuir más de un millón de unidades en más de 70 países del mundo. ¿Cómo se consiguen estas cifras?

Aplicando la filosofía en la que creemos. Respetamos la tradición, porque da carácter y personalidad a nuestros vinos y el consumidor entiende que eso es un valor añadido. Pero además somos una bodega innovadora, desde el punto de vista tecnológico. Hemos tenido acuerdos con varias universidades para conocer más sobre nuestros campos y nuestros vinos. El conocimiento suma puntos para hacer vinos cada vez mejores.

En esa línea de investigación, desarrollo e innovación, ¿cuáles serán los siguientes proyectos que se pondrán en marcha desde la bodega?

Ya hemos desarrollado un geolocalizador de parcelas, de la mano de Telefónica, y hemos implantado el sistema de elaboración Orestea, que evita oxidaciones a la hora de hacer los remontes en la vendimia, a través de la inyección del CO2 de las fermentaciones. Eso nos permite que el vino aguante más y que su nivel de finura y elegancia sea mayor. Además, estamos intentando disgregar aromáticamente nuestros vinos, gracias a un acuerdo de colaboración con la Universidad de Navarra. Queremos saber qué compuestos aromáticos hay en nuestros vinos, qué componentes y en qué porcentajes, además de los factores que, dentro de la añada, provocan la presencia de unos o de otros. Para ello, estamos realizando mediciones de parámetros relacionados con la tierra, el estrés de la planta, la humedad, o las fechas en que se lleva a cabo la poda o la vendimia. Una vez tengamos ese mapa aromático de nuestros vinos, el objetivo es aprovechar esos datos para poner en marcha prácticas culturales que hagan que nuestros vinos tengan la máxima personalidad y el máximo carácter.