Num: 7789 | Martes 5 de marzo de 2024

Un joven en rehabilitación por ludopatía: “El sueldo me duraba dos días. Robé y estafé para conseguir dinero y apostar”

Con 29 años, lleva inmerso en este problema desde hace más cinco tras sumergirse en el "mundo destructivo" de las apuestas

Alberto, joven vallisoletano en proceso de rehabilitación de ludopatía

“El sueldo me ha llegado a durar dos días, porque tenía la necesidad de jugar diariamente. Comencé a robar y estafar para conseguir dinero con el que apostar”. Cruda realidad de un joven vallisoletano en proceso de rehabilitación por ludopatía que, con apenas 29 años de edad, lleva inmerso en este problema desde hace más cinco. “Cuando entras, no juegas dinero, sino tu vida y la de tu familia”.

Julián, nombre ficticio por expreso deseo del joven con el fin de preservar su privacidad, traslada que “no se sabe lo que se pierde hasta que uno comienza a jugar”, porque el mundo de las apuestas es “destructivo”. Al ver que, con una pequeña apuesta de cinco euros se puede ganar diez, la cabeza piensa en cifras mayores para lograr un mayor rédito. “Te crees el cuento de la lechera”, aclara.

Afirma que nunca le había atraído el juego, pero un día acudió a una sala de apuestas deportivas con unos amigos a tomar una consumición, donde, finalmente, apostó un euro sin importancia. “De la nada, se convierte en una rutina más y comienzas a acudir todos los fines de semana, aunque, al poco tiempo, se transforma en una necesidad diaria”.

A partir de ahí, comenzaron los delitos, los robos y la solicitud de préstamos. “Comencé a solicitar microcréditos, algo que no acabas devolviendo, porque no tienes dinero para pagar. A partir de ahí, empiezas a soportar una alta presión con llamadas y cartas por correo postal. Pides una cuantía de 300 euros, pero los altos intereses adheridos a este tipo de productos hacen que, en poco tiempo, la cifra ascienda hasta los 1.000 euros”.

Julián reconoce que su padre abrió una de las cartas y se enteró de la situación, por lo que sus progenitores saldaron la deuda. Tras una primera toma de contacto con la Asociación de Jugadores Patológicos Rehabilitados de Valladolid (Ajupareva), dejó de solicitar microcréditos, pero el problema no cesó, sino que cobró mayor número de complicaciones, porque siguió con la adicción al juego, por lo que comenzó a robar en su propia casa y realizar estafas. “Llegué a vender la PlayStation 5 de un amigo para conseguir liquidez”, asegura.

En ese momento, entró en una “absoluta depresión”, que se unía al escaso trato y atención que tenía hacia sus progenitores. “En el orden de prioridades, mis padres estaban los últimos. Tuve denuncias por haber robado en mi entorno familiar”.
Tras todo ello, Julián sintió en sus propias carnes un aislamiento social, por lo que acabó aceptando la ayuda de su padre y, en plena pandemia, entró a Proyecto Hombre en Burgos, donde estuvo en tratamiento durante ocho meses en un pueblo de la provincia. “Salí impecable, porque había dejado las malas amistades y había retomado rutinas saludables y regresó al gimnasio”, relata.

Fácil recaída

Tras finalizar esos ocho meses en Proyecto Hombres, regresó a Valladolid y continúo su rehabilitación en Ajupareva, aunque en el momento en el que dejó las sesiones y el apoyo de la asociación vallisoletana, al creerse totalmente recuperado, su “mundo se cayó” al olvidarse del problema. Afirma que se alejó del problema y volvió a recaer en lo mismo.

“Como te despistes, vuelves a caer en la misma mierda y la vida te cambia”, recalca, porque se trata de un problema que se tiene “para toda la vida”. “Uno piensa que está curado, pero la ludopatía es para siempre”.

Julián comenta que había oído que las recaídas son muy duras, pero no lo había dado importancia hasta que lo experimentó de una “manera muy bestia”, puntualiza. “Cuando la he tenido, he llegado a coger una radial del trabajo para ir a unos lavaderos de Valladolid, romper los candados y obtener unas monedas para seguir apostando”.

Hechos y situaciones con las que reconoce que acabó por entender lo que le ocurría, razón por la que decidió “entregar las armas” y poner medidas sin realizar ningún acto ni solicitar prestamos bancarios. Desde entonces, lleva seis meses “fantásticos” junto a Ajupareva, asociación enmarcada en la Federación Castellano Leonesa de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fecyljar), a la que define como “su medicina” y de la que no se puede alejar.

Una segunda oportunidad

Actualmente, describe como fantástico el día a día con sus padres, dado que se siente muy feliz y centrado, al disfruto de las terapias y de los consejos de Ajupareva. “Si tuviera que ir seis días a la semana lo haría, porque todos los compañeros somos una familia y me hace bien. Veo que esta vez es diferente y me siento muy capacitado, porque con la recaída te das cuenta de la magnitud del problema”, subraya.

En la asociación, uno aprende a conocerse, porque “siempre hemos huido de nuestros problemas y es positivo hecho de encontrar un lugar de confianza donde la gente te entiende”. Y es que, traslada que el juego es algo que está “muy mal visto socialmente”. Por ello, “siempre se sale mejor de lo que se entra, sin olvidar que se aprende a gestionar los sentimientos y emociones. ”Sirve para darte una segunda oportunidad”, apostilla.

“Cuando entras, no juegas dinero, sino tu vida y la de tu familia”. Julián recomendó encarecidamente a todos aquellos que tontean con las apuestas deportivas y este tipo de locales que no entren y dediquen esa cantidad de dinero, por pequeña que sea, a otras cosas, porque “no se sabe lo que se pierde hasta que uno comienza a jugar. Es destructivo”, sentencia.

Alberto, joven vallisoletano en proceso de rehabilitación de ludopatía

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