Num: 6917 | Viernes 15 de octubre de 2021
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La Diócesis llora la muerte “de un hombre bueno”

"Se supo muy querido por los sacerdotes, los consagrados y por los laicos", destacó este viernes durante el funeral el arzobispo de Oviedo Jesús Sanz

Foto: Peio García

Cristina Casado Las lágrimas de los feligreses al paso del féretro del obispo Juan Antonio Menéndez, acompañado por los aplausos espontáneos, son la prueba inequívoca que la Diócesis perdió esta semana a “un hombre bueno”. Las palabras se quedan cortas cuando los astorganos tratan de definir a monseñor Menéndez, un hombre que siempre tenía una palabra amable, una sonrisa y un momento para atender a cada una de las personas de la Diócesis que a él se acercaban.

Cada persona tiene un recuerdo de él. Para muchos, este recuerdo será de Juan Antonio paseando con su padre en silla de ruedas por la plaza Mayor de Astorga o visitando cualquier pequeño pueblo del Bierzo. Para otros ha sido un jefe que supo entender a la extensa Diócesis de Astorga y quiso cambiar el funcionamiento de la misma para mejorar el trabajo pastoral en Zamora, León y Orense. Para algunos fue el obispo que dio la cara cuando hechos del pasado golpearon la realidad de la vida diocesana y el que lidió no solo con los medios de comunicación sino con las acusaciones particulares.

Monseñor Juan Antonio Menéndez falleció este miércoles en su despacho del Obispado y la ciudad de Astorga ha acogido este viernes el funeral dedicado al prelado asturicense. El cielo también lloró este viernes el hueco que Menéndez ha dejado en todos y el sentimiento de tristeza por su “pronta” marcha ha marcado los últimos días en la ciudad. Desde el Bierzo, desde Zamora, desde Orense,  desde todos los puntos de la Diócesis  ha llegado gente este viernes a la Catedral de Astorga.

Los aplausos comenzaron de forma espontánea a la entrada del féretro en el templo mayor, aplausos acompañados por lágrimas de quienes tuvieron la suerte de conocerle y tratarle. El funeral, emotivo y conducido por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, quien le conoció como obispo auxiliar en Oviedo fue sobrecogedor con la presencia de los sacerdotes de la Diócesis y los obispos, arzobispos, cardenales y vicarios que esta tarde acompañaron el último adiós que Astorga ha dedicado a monseñor Juan Antonio Menéndez.

Ponferrada, entre otras personalidades, estuvo representada a nivel eclesiástico por Antolín de Cela, obispo emérito y párroco de La Encina (en la imagen), así como por su alcaldesa, Gloria Fernández Merayo, con dos de sus concejales. / Fabián Márquez

 

“Le vi crecer en alegría entre vosotros, se supo muy querido por los sacerdotes, los consagrados y por los laicos. Disfrutaba indeciblemente en las visitas pastorales y en los encuentros diocesanos, mientras iba poco a poco aprendiendo su tarea como obispo residencial diocesano. Esto fue la fuente de su gozo como pastor y en ella descansaba junto a vosotros”, destacó este viernes durante el funeral el arzobispo de Oviedo Jesús Sanz.

En su homilía, Sanz recordó que un compañero de curso de Juan Antonio falleció anteayer tras una severa enfermedad de corazón, “esa misma tarde me mandaba vuestro obispo un mensaje breve, quizás el último que envió, para decirme que estaba conmovido por la muerte de su amigo, y que era su intención ir hasta Gijón para celebrar allí una misa de cuerpo presente por su compañero. Me lo decía pidiendo anuencia y compartiendo sus pesares. Pero a los pocos minutos él mismo caía por tierra de un infarto fulminante en su despacho del obispado. A partir de entonces todo fue un intento imposible para salvar lo insalvable”.

El arzobispo de Oviedo recordó los hechos que han marcado el corto episcopado de Menéndez y su conocimiento del obispo de Astorga en el que encontró “a un hermano cercano lleno de sentido eclesial, que me hizo fácil y llevadero mi comienzo. Sus consejos, sus valoraciones, hizo que sopesase desde el primer momento que podría ser un buen obispo auxiliar. Y lo fue con creces en los dos años que caminamos encontrando en él al amigo y al compañero”.

“Descanse en paz este querido hermano y amigo. Ha llegado a la orilla en la que Jesús le está esperando con las brasas encendidas para la cena que no acaba, en la luz que no declina y en la eterna esperanza que no defrauda. Que nos veamos en el cielo hacia el que nosotros seguimos peregrinando”, despidió monseñor Jesús Sanz este viernes.

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