La importancia de estudiar mucho, muchí­simo y bien

Se oye con cierta frecuencia esa vieja cantinela de que lo importante es la experiencia y no lo que dicen los libros. Se da a entender -por ejemplo- que las opiniones y cálculos de los ingenieros son asuntos teóricos, pero que la solución real de los problemas va por otros derroteros. Hay incluso quien cuestiona las versiones que la Historia ofrece de los mas diversos aspectos de nuestro pasado, porque en vez de fiarse de lo que dicen los libros hay que fiarse de la propia experiencia. En una ocasión me encontré con un individuo, que ponía en tela de juicio la versión que de Hitler dan los libros de historia y actuaba así porque me contaba que el había visitado los campos de concentración. Dada su edad debió hacerlo como turista, pero por lo visto eso le bastó para decir sin cortarse un pelo que todo eso que se escribe sobre el (tristemente); conocido personaje no es mas que una sarta de mentiras debidas a que finalmente fue derrotado.

Como me gusta la historia suelo hablar (y leer mucho) de la misma y por ello a menudo me encuentro con personas que en vez de informarse (en todas las fuentes posibles), sobre este o aquel suceso se aferran con uñas y dientes a su propia versión; aquella que oyeron contar a un pariente mas o menos lejano o a cualquier otro individuo y que por las razones que sea (a veces simple casualidad), se les quedó grabada en su memoria.

En el fondo de todo esto lo que subyace es una clara tendencia a ignorar los libros, es decir el estudio. Estoy totalmente en contra de esta actitud, porque pienso que es profundamente equivocada. Aun estudiando mucho, se acaba sabiendo poco.

La Ciencia y la experiencia no son conceptos antagónicos si no complementarios. Lo que se recoge en los libros es el resultado de estudios, análisis, mediciones e investigaciones de miles de personas que desde hace también mas de dos mil años, han ido aportando sus descubrimientos al conocimiento colectivo de la Humanidad. Está claro que en muchos terrenos (física, matemáticas, química,..), recogen la experiencia de muchos científicos que vivieron hace siglos. Por grande que sea la experiencia personal de un individuo e incluso sumada a la de sus parientes mas cercanos (padres, abuelos,…); siempre será muy inferior a la del conjunto de investigadores que a lo largo de los siglos han ido apartando sus conocimientos a la Humanidad. Esta es la cuestión.

Actitud inadecuada

Así las cosas es preocupante el altísimo nivel de fracaso escolar que se da en nuestro país. No es desde luego el único mal que nos afecta, pero si uno de ellos. En pleno debate sobre los recortes que también afectan a la enseñanza, quizá sea el momento de hacer hincapié en que uno de los culpables del fracaso escolar en España, estriba en la propia actitud de la sociedad. En las aulas no hay ni disciplina, ni espíritu competitivo, ni afán por aprender, ni existe la cultura del esfuerzo.

A menudo veo con agrado como en los campos deportivos los niños y niñas de corta edad se esfuerzan por jugar bien y soportan estoicamente las reprimendas e incluso las broncas de los entrenadores. Todo sea por ese afán de superación imprescindible si se quiere ser competitivo. “Lo importante es participar” se ha dicho siempre;…… “pero mas importante aun es ganar”; recuerdo haber oído decir hace ya muchos años, a uno de mis profesores deportivos. Este espíritu sin embargo no se traslada a las aulas.

En mi opinión esta situación está provocada en parte por la actitud de los padres, que educados en una época en la que la disciplina en las aulas era excesiva, se decantan por el extremo contrario. Pero los extremos a menudo no son buenos.

En la escuela donde yo aprendí las primeras letras, (años 60 del pasado siglo) y como en el resto de las escuelas de entonces, el “palo” era una constante. Ni siquiera en el ejército vi repartir “leña” con tal naturalidad y eso que hice la “mili” en una compañía de operaciones especiales; las denominadas entonces C.O.E.S. Esta situación injusta en las aulas de antaño, ha sido sustituida por otra que tampoco lo es.

Por lo que tengo entendido (a veces hasta los medios de comunicación se hacen eco de ello), la indisciplina, la ausencia del espíritu de sacrificio, la falta de respeto al profesor y a los compañeros que quieren estudiar; es una constante. No discuto ni mucho menos que se aporte mas dinero público para la enseñanza, desde luego que no; pero hay que mentalizarse de que si no hay un cambio de actitud social, un afán de superación, una valoración mejor del estudio, mas espíritu de sacrificio en los estudiantes, mas disciplina y en definitiva una actitud en las aulas diferente; todo ese dinero será en vano. Por ciertos he hablado de que la actitud social ante el deporte es diferente a la que hay ante el estudio. Quizá sólo sea una casualidad pero en el terreno deportivo, España si es un país donde algo puede presumir

. Esperemos que también en otros terrenos espabilemos un poco. Falta nos hace.