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Opinión


22 de enero de 2020

La infancia y la juventud en el medio rural, la gran olvidada de las políticas de infancia y juventud


Es cierto. Quedan pocos niños y niñas, pocos jóvenes en el medio rural. Y la administración parece que les está invitando a irse, con su olvido.

Algunas administraciones anuncian estar diseñando políticas para que la gente vuelva a las zonas rurales. ¡¡Qué tal si, con urgencia, se empieza por diseñar políticas para que no se marchen los que están!! Y simultáneamente, se siguen implementando políticas para que vengan y vuelvan.

Se necesitan políticas de empleo, cierto, son imprescindibles, pero no sólo. Y lo estamos comprobando cuando habiendo empleo en algunas zonas, las personas van a vivir a 30 o 40 km de su trabajo en núcleos urbanos.

Hace falta una revolución cultural en la zona rural. La educación no formal y la cultura como instrumentos para la revitalización del medio rural.

Una política cultural es la que necesitamos en la zona rural para que los niños, niñas y jóvenes tengan opciones a desarrollar todas sus posibilidades, y capacidades.

Cuanto más compleja en una sociedad, más se requiere de la cultura, el acceso a la diversidad de fuentes del conocimiento para que las personas, las y los menores y jóvenes, puedan contar con una guía enriquecedora y eficaz para el desenvolvimiento de sus vidas. La diversidad de intereses, científicos, artístico, etc., son fruto del aprendizaje.

Por eso hay una deuda de inversión pública en la infancia y en la juventud que vive en las zonas rurales. Las zonas rurales nos son espacios de segunda categoría. Sus posibilidades y aportación al bienestar de la sociedad son innegables. Sin zona rural no existiría la vida en la zona urbana. Además, son espacios que promueven valores y posibilidades de una vida más cercana a la naturaleza y una vida comunitaria y social. Pero tienen que plantearse políticas públicas que garanticen la igualdad de oportunidades también en las zonas rurales, para superar el criterio de las desigualdades entre territorios urbanos y rurales. Las políticas cortoplacistas que se vienen practicando en el capitalismo, de concentración de la población para economizar en servicios, no parecen políticas ligadas al buen vivir, a un respeto a la naturaleza, a una economía al servicio de la población, a un entorno a escala humana, a un modelo que ponga en valor todo el espacio de vida y futuro de las zonas rurales, a una vida sostenible ecológicamente.

Es más, al menos se deberían cumplir las leyes y normativas que se han establecido. Pues están ahí, y establecen y marcan responsabilidades públicas. Por ejemplo, la ley 14/2002, de Promoción, Atención y Protección a la Infancia en Castilla y León, que plantea el impulso de una política integral de atención y protección a la infancia que active los recursos para la cobertura de las necesidades básicas de salud, educación, vivienda, cultura, ocio y trabajo, y la compensación de toda carencia o déficit que pueda impedir o limitar el pleno desarrollo, personal y social, y la autonomía del menor, también en la zona rural

En su artículo 18, sobre el derecho a la cultura y al ocio, establece que las Administraciones Públicas de la Comunidad de Castilla y León potenciarán la participación activa de los menores en la vida cultural, artística y deportiva de su entorno, promoviendo que ésta, el juego y las actividades de ocio y tiempo libre se integren en su vida cotidiana como elementos esenciales en su desarrollo evolutivo y en su proceso de socialización. El acceso de los menores a los bienes, servicios y actividades culturales, artísticas, deportivas y de tiempo libre de la Comunidad de Castilla y León, favoreciendo el conocimiento de sus valores, historia y tradiciones. El conocimiento y la participación de los menores en la cultura y las artes, propiciando su acercamiento y la adaptación de las mismas a las diferentes etapas evolutivas de aquellos, etc., etc.

Igualmente, la Ley de Juventud Castilla y León, establece que, en el ámbito social, en el ámbito económico y cultural, tendrán especial atención aquellos jóvenes con menos recursos. Y en el territorial, se prestará especial atención a la corrección de desigualdades, generando actuaciones específicas dirigidas a los jóvenes residentes en el medio rural. Por eso obliga a que las Administraciones Públicas desarrollen planes y medidas para promover los procesos de participación juvenil, concebida ésta como la implicación de los jóvenes con la sociedad en general. Lo cual significa que tanto la Junta de Castilla y León, como las Diputaciones Provinciales (para los municipios de menos de 20.000 habitantes) y los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes están obligados a realizar y poner en marcha planes de juventud provinciales, comarcales y municipales para cada período legislativo. Planes que tienen que basarse en estudios sobre la situación de la juventud en Castilla y León cada 4 años, pero que todavía estamos esperando este estudio, así como la implementación efectiva de los planes.

Hay otras políticas que es necesario modificar para dar respuesta a la situación de la infancia y de la juventud en nuestra provincia. Las actividades de ocio y tiempo libre como la RED Activa tienen un coste alto y solo se tienen descuentos por familia numerosa y víctimas del terrorismo. El coste de las mismas oscila entre 140€ y 900€, que tienen que pagar las familias, a lo que se añade el gasto que supone en el material necesario para el desarrollo de esa actividad y el desplazamiento hasta Valladolid. En ningún apartado se establecen criterios de equidad social, teniendo en cuenta los ingresos y las rentas familiares como un criterio para obtener alguna ayuda, como, por ejemplo, estar en situación de desempleo, tener ingresos menores al IPREM, etc.

Es cierto, se programan algunas actividades para las zonas rurales, pero especialmente para  actividades de verano, cuando lo que se requiere es una permanencia de alguna actividad durante todo el año y también en las épocas de invierno, ya que hay pocos niños y niñas y están más aislados Estas actividades no deben estar pensadas como un entretenimiento, para cubrir unas horas sino como una experiencia y un aprendizaje que estimule las capacidades de los menores y sus intereses

Lógicamente en las zonas rurales no debe haber un criterio de mínimos de participantes para hacer una actividad, como se ha introducido en la Ley de Juventud de CyL, si este criterio se utilizara de forma rigurosa porcentualmente en las zonas urbanas, pocas actividades lo cumplirían. La JCyL ha introducido modificaciones en la ley de juventud estableciendo un número mínimo de participantes, 9 participantes. Si para un pueblo de 200 habitantes con 12 jóvenes, tiene que ir el 100% a la actividad para que esta sea subvencionada, ya se quisiera esa participación del 100% en poblaciones con mayor número de población, pero establecer esta ratio es impedir que se hagan actividades en poblaciones con menor número de habitantes.

Es necesario intervenir sobre las desigualdades territoriales ya que, aunque La Convención de los Derechos del Niño aprobada por Naciones Unidas en 1989 (y ratificada por España en 1990), reconoce en su artículo 31 el derecho del niño al descanso, al esparcimiento, al juego, las actividades recreativas, la vida cultural y las artes, posteriormente, el Comité de los Derechos del Niño, organismo encargado de velar por el cumplimiento de la Convención, presentó una Observación General para impulsar una reflexión global sobre el artículo 31: “La falta de inversión en oportunidades culturales y artísticas para los niños y niñas, el acceso de los niños y las niñas a actividades culturales y artísticas se ve restringido, en muchos casos, por una serie de factores que incluyen la falta de apoyo de los adultos, el coste del acceso a las mismas; la falta de transporte; y la falta de participación de los niños y niñas en la definición del contenido y el diseño de las mismas”.

Este desarrollo cultural y artístico es un importante reto, pues cuanto más compleja es una sociedad, más se necesita dotar a las nuevas generaciones del conocimiento de la cultura humana y darles instrumentos, para que puedan contar con una guía enriquecedora y eficaz para el desenvolvimiento de sus vidas y experimentar la expresión artística, como un elemento básico de la creación humana.

Es tiempo de enfrentar este reto y romper con cualquier tipo de exclusión social, territorial, económica y cultural. Esto exige compromiso con la infancia y la juventud de las zonas rurales, cambios legislativos, creatividad en las propuestas y políticas de participación.

Eloina Terrón

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