Num: 6245 | Viernes 13 de diciembre de 2019
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La población de oso pardo se estabiliza en la Cordillera Cantábrica con un censo de 40 osas con 67 crías en 2016

 De las cifras globales del último censo, cinco hembras y siete oseznos se encontrarían en Laciana, Babia y norte del Bierzo


La Cordillera Cantábrica está de enhorabuena. Los planes de recuperación del oso pardo en esta zona de España que desarrollan las comunidades de Castilla y León, Asturias, Cantabria y Galicia, en colaboración con oenegés, muestran sus frutos tres décadas después, cuando fue declarada en peligro de extinción en 1989. La población de oso pardo se estabiliza en la Cordillera Cantábrica con un censo de 40 osas con 67 crías en 2016, el mismo número de hembras que un año antes -aunque con menos oseznos-, lo que indica que entre las áreas occidental y oriental hay una población reproductora de alrededor de 80 osas, pues este animal engendra cada dos años.

Así se puso de manifiesto hoy en Valladolid en una reunión que mantuvieron el director general del Medio Natural, José Ángel Arranz, su homólogo de Cantabria, Antonio Lucio, y el director general de Biodiversidad del Principado de Asturias, Manuel Calvo. En el acto presentaron la positiva tendencia de la situación de la población del oso pardo y el censo de osas con cría durante. Los resultados muestran una consolidación e incremento en la subpoblación occidental, con 34 osas y 57 oseznos, y una recuperación sólida en la zona oriental, con seis osas y diez oseznos, incluida una en el puerto de Pozazal, entre Palencia y Cantabria, y que supone el extremo más oriental donde se ha visto un plantígrado en años, lo que cuenta con un alto valor ecológico.

De las cifras globales del último censo, 29 osas con 50 crías están en la subpoblación occidental de Asturias y cinco hembras y siete oseznos, en Castilla y León (Laciana, Babia y Bierzo norte).

Mientras, en la zona oriental están censadas dos osas con tres oseznos en Cantabria y cuatro hembras y siete cachorros entre Palencia y León. Una de estas últimas, vista de continuo en el puerto de San Glorio. Aún así, Arranz sostuvo que no se han podido diferencial ocho posibles grupos familiares (cinco en la zona occidental y tres en la oriental) al no disponer de datos suficientes para su individualización, con el riesgo de que se duplicarán en el censo.

Con estos datos globales de 2016 y la media de los últimos siete años se estima la población de oso pardo en la cordillera Cantábrica se encuentra, contando los machos, en un mínimo de entre 260 y 270 ejemplares, de los que 220 corresponderían a la subpoblación occidental y alrededor de medio centenar, a la oriental. Así, con este análisis se estiman unos crecimientos anuales que se sitúan entre el seis y el 15 por ciento. “De todas las poblaciones de oso europeas, de la oso pardo en la Cordillera Cantábrica es la que mejor ha respondido a los programas de recuperación de la especial, también ayudados por el hábitat”, sentenció.

Consolidación del censo

Los resultados obtenidos en la elaboración de este último censo, junto con los dos anteriores, muestran una “consolidación y un incremento” en la subpoblación occidental, así como una recuperación sólida en la zona oriental, de la misma manera que comenzó hace diez años la parte occidental, según sentenció Arranz, que fue más allá y definió esta información como “esperanzadora”, especialmente al haberse comprobado estos años el intercambio genético entre las dos subpoblaciones.

Al respecto, sus homólogos de las comunidades vecinas destacaron que estos datos ponen de manifiesto el “buen trabajo realizado en coordinación”. Manuel Calvo incluso recordó que en el año 2000 se contabilizaban diez osas y ahora se ha multiplicado por cuatro, algunas de ellas observadas en los límites de las zonas potenciales. Por su parte, Antonio Lucio valoró la “estabilidad” lograda, principalmente en la población oriental, la que atañe a Cantabria, que en los años 90 alternaba sin avistamiento alguno con otros en los que había una o dos hembras, frente a las seis actuales.

Los censos se cierran en todos los casos al año siguiente, después de la época de celo, que es cuando las madres expulsan a los esbardos del grupo familiar y entran nuevamente en relación con los machos. Pero dado que el trabajo elaborado por los funcionarios de los servicios de Medio Ambiente de las cuatro comunidades es continuo, hoy se pudo conocer que durante los cuatro primeros meses de este año reproductor se han individualizado 27 grupos familiares con un recuento de 52 oseznos, si bien Arranz justificó que es “pronto”, porque la estimación global de la población es “mucho más compleja”, dado que el oso es una especie de amplio espectro de distribución, forestal y esquiva.

Para la elaboración del censo se utiliza un conjunto de técnicas, entre las que figura el seguimiento directo, estudios genéticos de restos localizados al azar o sistemas de captura de pelo, así como análisis de índices específicos en muestreos dirigidos, siendo el seguimiento de osas con cría uno de los parámetros que mejor refleja la tendencia de la evolución de la población.

En las poblaciones de oso pardo, el seguimiento de las unidades familiares, las osas con crías del año (OCAs), se realiza mediante un método de conteo que permite estimar la tendencia demográfica de las poblaciones. Debido a su menor área de campeo y a su fácil detectabilidad, ya que sus hábitos son fundamentalmente diurnos, estas unidades familiares facilitan el trabajo de seguimiento del conjunto poblacional.

Mediante observación directa, con fotografías o grabaciones, a través de telescopios para evitar interferir con los animales, técnicas de fototrampeo, se puede diferenciar a los grupos familiares -tamaño y manchas características de las hembras y de las crías, número de éstas, defectos físicos, etc.-. Los resultados obtenidos, una vez desechadas las repeticiones y las informaciones no confirmadas, permiten establecer el número mínimo de osas con crías así como su evolución a lo largo del tiempo.

Las cuatro comunidades de la Cordillera Cantábrica coordinan anualmente sus acciones para ofrecer unos resultados del conjunto poblacional de osas con cría que se reparten por el territorio, en una especie que no conoce los límites administrativos de las diferentes comunidades autónomas.

El trabajo de campo lo realizan los técnicos de las cuatro administraciones y sus respectivas guarderías, con el apoyo de otras organizaciones, especialmente la Fundación Oso Pardo; también colaboran otras, como la Fundación Oso de Asturias (FOA), la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León, otras ONG, el Seprona de la Guardia Civil, la guardería de los cotos autonómicos de caza, asociaciones de cazadores, naturalistas aficionados, montañeros, senderistas o ganaderos. Toda esta información es analizada antes de dar datos definitivos, para evitar repeticiones o confusiones.

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