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Opinión


7 de noviembre de 2015

La rueda buena o todo y nada


Ya hemos explicado y seguido la elaboración de la candidatura del PSOE de León al Congreso y al Senado en semanas anteriores con sus matices. Asistimos peripatéticos, y así lo iremos analizando, a la de Ciudadanos, con un líder supuestamente falsificador -por acción u omisión- de títulos universitarios, como aquel ponferradino de reciente actualidad por otro tema, pero que para dar cursos de formación afirmó ser licenciado en Derecho sin serlo… El ansia de poder, de trepar y de dinero es ilimitada. Que se lo digan al padre Ángel Lucio ‘que estás en los infiernos’, repudiado por los que hasta antes de ayer le adulaban mientras miraban para otro lado cuando introdujo métodos de empresa capitalista pura y dura, olvidándose del Evangelio, del hombre y de la misión social encomendada, como insiste el Papa Francisco. El ‘mal’ también se oculta en todas esas formas de ego insaciable.

 

Alfredo Prada en campaña pro Marco Morala en Ponferrada. ICAL
Alfredo Prada en un acto de campaña pro Marco Morala en Ponferrada. ICAL

Algo así le ha pasado a Alfredo Prada. Un hombre que lo tuvo casi todo. Después de docenas de batallas y vivencias desde mi humilde puesto de becario en el Diario de León, donde su nombre se nos era vetado por el director adjunto -yo no entendía el porqué-; estamos hablando de finales de los años 80. Al parecer por cuitas y batallas con los propietarios del periódico entonces, los Vazquez, que a mí me parecían cosas de altas esferas en mis prácticas estivales.

Luego vino su redención tras su etapa senatorial. Su desembarco en Madrid, fuerte. Y sus idas y venidas a su León natal. Viví tiempo después la idea de Ruiz Gallardón de hacerlo virtual número tres, con Manolo Cobo de dos, para ejecutivos regionales en la Comunidad. Comenzó una campaña demoledora del Grupo PRISA, El País y la SER, sacando hasta sus años de asistente de su suegra, dirigente de FN, y poniéndole a él en un escenario, que tan solo fue de pasada sin llegar a demostrarse jamás, ni con fotos ni documentos todas esas suposiciones, de chico terrible ultra. Pero esa difamación, insistimos, nunca demostrada, sirvió para que Alberto desistiera de su fichaje más que preparado. Lo sé porque tiempo después también yo pertenecí, eso sí, como periodista, a ese equipo en la Comunidad. Y Alfredo se mimetizó con el tiempo y a la fuerza Esperancista hasta las cachas en la pugna que se conformó con el tiempo en el PP madrileño.

Compartirmos mesa y mantel en los actos de la presidenta Aguirre. Él era ya un flamante vicepresidente de Comunidad, con proyectos estelares: las BESCAM (policía autonómica) o la Ciudad de la Justicia. El cambio de “régimen” en Sol -y que mi familia no se iba de su Bierzo del alma ni a tiros- me devolvieron a Ponferrada. Él se topó con Michavilla, Acebes y varios ministros más que no podían consentir una nueva balcanización de Interior y Justicia, como en Euskadi o Cataluña, en el corazón de España. Problemas y más problemas. Pero realmente su pugna por ganarse el favor de la presidenta Aguirre tuvo como antagonsista a Ignacio González, quien finalmente le ganaría y llegaría a ser presidente de la Comunidad de Madrid. Desde entonces, Alfredo ha vuelto cíclicamente a sus orígenes leoneses. Ha sido diputado nacional y ha optado por altos cargos en el Ejecutivo de Rajoy que nunca llegaron. Con los años, la sensación de “cunero” creció entre los miembros leoneses de su partido. Hasta el propio Herrera en esta ocasión quería un cambio de ciclo en la lista al Congreso.

Tuvimos ocasión de ver cómo intentaba colocar a otro candidato a la Alcaldía de Ponferrada, Marco Morala. Y no cuajó. Estas semanas se movió con varios dirigentes del PP provincial. Pero no se percataba que ahora en el PP leonés existe una nueva presidencia, una casi bicefalia entre Eduardo Fernández y Antonio Silván. De nuevo no era la rueda ganadora con la que se movía y optó por la opción Madrid. “O voy de uno o no voy”, ponen en su boca.  Al final la idea era que fuera de dos al Congreso o al Senado. Pero el Senado es una ‘ruleta rusa’ porque se vota a la persona, y el PP sabe que aspira a parar el golpe de la ascensión de los emergentes y el desgaste de Gobierno. La apuesta no garantizaba continuidad.

Y en estas aparece en escena Manolo Cobo, bien situado en el PP madrileño. Hijo del que fue el primer jefe de Eduardo Fernández, quien su primer empleo fue de abogado para la familia Cobo Calleja. Alfredo forzando máquinas vivió un día de llamadas y wassap. Por la mañana se levantó de número dos al Congreso, almorzó como candidato al Senado y se acostó fuera de toda opción.

Existe una máxima en política. Solo dos cosas pueden perpetuarte: o controlas el “aparato” o ganas elecciones.

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