Num: 7333 | Lunes 5 de diciembre de 2022
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La sonrisa de la muerte


En multitud de culturas de nuestro planeta la muerte es sinónimo de alegría provocada por la creencia de ser un tránsito a otra vida mejor. En la civilización cristiana la vida es, como reza la oración, "un valle de lágrimas", una prueba como en el sincretismo hindú que nos puede transportar a un estado mejor o peor, según cómo nos hayamos portado en esta otra existencia.

España, país de don Juan Tenorio, de la niebla, de los camposantos tétricos que ahora se impregnan de color por unos días tan sólo cohesiste la cultura de la fiesta, la reunión familiar con acompañamiento gastronómico incluído. A los dulces típicos, la ingesta de bacalao en sus diferentes variantes, los magostos y demás, ahora también nos llega el semicarnaval norteamericano de Halloween.

Epitafios con retranca

Como si quisieran dejar un mensaje, vivos y muertos aprovechan también en las sepulturas a dejar constancia de ese humor negro. Es el género literario de los epitafios, veamos algunos ejemplos...

-Por fin descansa el que nunca hizo nada

-Tomás Jimoteo Chinchilla: ahora estás con el Señor. Señor, ten cuidado con la cartera.

-Aquí yace Pancracio Juvenales: buen esposo, buen padre, pésimo electricista casero.

-Non chores tanto, que de seguida me atrapas.

-Recuerdo de tus hijos. Menos de Ricardo, que no puso nada.

-A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio. Su esposa con profundo agradecimiento.

-Xa vos dixen que viríais.

-Ustedes disculpen que no me levante.

-Non vexo a luz no cabo do túnel. Esperade polo de agora.

-Espero veros a todos.

-Aquí están os nosos osos, esperando polos vosos.

-Arde en el infierno, maldito taxi que viniste de Sibiu. Con todo lo grande que es Rumanía ¿No pudiste encontrar otro lugar donde pararte? ¿Tuvo que ser frente a mi casa para matarme?

-A súa familia descansa en paz.

-Qué bien estoy en la tumba en el umbral de la iglesia. Tú también vendrás aquí.

-Para ser bo hay que morrer.

-Aquí descanso yo. Me llamo Braic Ileana, cinco hijos he tenido que Dios la vida les dio. Gica, que tú seas perdonado si me apuñalaste cuando viniste borracho del pueblo.

-Desta no saio.

-Y otra cosa que mucho me gustaba era sentarme al calor de una taberna acompañado de un vaso de vino y una mujer siempre que fuera la mujer de otro.

-Aquí descansa mi suegra, si hubiera vivido otro año más, yo ocuparía su lugar.

-Señor, recíbela con la misma alegría con la que yo te la mando.

-Aquí descansa mi esposa. Todás las lágrimas no la traerán de regreso. Por eso yo lloro sin cesar.

-Ya estás en el paraíso. Yo también.

-Aquí estoy con lo puesto, y no pago los impuestos.

-Aquí yaces y haces bien, tú descansas y yo también.

-Levantaos vagos, la tierra es para quien la trabaja.

-Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas.

-Aquí te espero.

-Aquí yace mi mujer, fría, como siempre.

-Así que...¿era esto? Pues vaya...

-Aquí yace mi marido, al fin rígido.

Y es que la periodista Nieves Concostrina, Enrique Ramos o la Xunta de Galicia, son personas e instituciones que han estudiado o fomentado este género lingüístico. Galicia, Rumanía y Méjico son los lugares del mundo donde más se utiliza el epitafio. Actualmente, grabar una frase en la lápida de un ser querido (o no tanto) ronda los 300 euros de coste. También en las esquelas, como en la anterior, se presta a desarrollar algún tipo de mensaje del finado a los familiares o viceversa. Y es que la comunicación, en el formato que sea, es algo intrínseco al género humano. Otros, simplemente, explican estas reacciones como una forma de tomarse la muerte con humor y "mala leche".

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