Metidos en pleno verano, la Tebaida Berciana vuelve a erigirse en protagonista de la actualidad del municipio de Ponferrada, por partida doble y ninguna buena. Primero por la polémica entre la concejalía de Medio Rural y la Junta de Castilla y León y su rifirrafe a cuenta de unos restos arqueológicos aparecidos tras el desvastador incendio de junio. Segundo, porque los habitantes de varias localidades de la zona están casi con el barro al cuello a tenor de las fotografías que muestran cisternas y depósitos de agua convertidos en auténticos lodazales.

Primer ‘enfangamiento’: Si desde Medio Rural se apresuraron a anunciar que podría haberse encontrado una ‘Atapuerca medieval’, todo ello sin esperar a la correspondiente investigación, desde la Junta de Castilla y León se han dado prisa en quitar importancia al hallazgo, también sin que los técnicos hayan acabado de estudiar y documentar los hallazgos. Vamos, que unos y otros se han ‘enfangado’ en una disputa estéril a la que, como siempre, solo pondrá fin la realidad, esa de la que no se puede escapar.

Segundo ‘enfagamiento’: Mientras el Ayuntamiento se esfuerza en conseguir que la Tebaida Berciana sea declarada Patrimonio de la Humanidad -es de justicia destacar el gran trabajo de Medio Rural-  los habitantes de Espinoso de Compludo y otras localidades están pasando un verano más de restricciones en el abastecimiento de agua. Y no solo eso, pues al vaciarse los depósitos el lodo ha empezado a bombearse hacia las canalizaciones, atascando tuberías e inutilizando electrodomésticos. Queremos turistas, queremos fijar población en el medio rural… pero el fin de semana los visitantes de Espinoso, con motivo de sus fiestas patronales, tuvieron que hacer sus necesidades en retretes sin agua – en el mejor de los casos- o en mitad del campo.

Y para más inri, la situación, aunque más grave este año por la sequía, se viene repitiendo desde hace dos décadas. Puede que a los urbanitas esto les parezca una anécdota, pero imagínense que un domingo, sin pleno aviso, todos los hogares de Ponferrada se quedaran sin agua -y sin tiendas abiertas para comprarla envasada- o, en su defecto, saliera lodo por los grifos y por las cañerías estropeando calentadores, lavadoras, lavavajillas, electrodomésticos que tendrían que sustituir los propios ciudadanos rascándose el bolsillo. ¿Se imaginan la reacción vecinal?

Ahora solo hace falta que llueva un poquito, pero sostenido, no de golpe, que si no los restos arqueológicos pueden salir nadando y los depósitos de agua se enfangarán más pues cuando llueve fuerte se ‘revolucionan’ con los arrastres… Que se lo digan a los de Toral de Merayo, en invierno casi se los lleva por delante el caudal de un río desbordado, el mismo por el que, en este verano, a duras penas corre un hilillo de agua.