Al final, Majo se decidió a coger la maleta y recorrer la provincia. En los últimos días no ha dejado de hacer kilómetros, desde chupar cámara en su pueblo, Valencia de Don Juan, con seis mil jubilados de la provincia, hasta Carracedelo, en El Bierzo, a dónde fue de feria, después de celebrar en Villafranca una reunión de la Diputación. Y hasta ha recibido, ya en el Palacio de los Guzmanes, a los triunfadores de la Cultural, a pesar de que es un equipo de fútbol de una ciudad de más de veinte mil habitantes.  

Todo sea por crear ambiente de cara al congreso provincial del PP de este sábado en León. Ay, qué pocas ganas hay. Los dos años que aún quedan para las elecciones autonómicas y municipales son una eternidad. Ahí está el ejemplo del flamante presidente regional del PP, Fernández Mañueco, cuyo nombre aparece ahora embarrado en un turbio y mal explicado asunto de intento de adjudicación de unas guarderías municipales en Salamanca, ciudad de la que es alcalde. Quizá no haya nada en el fondo, pero, dios mío, lo mal que lo explican. Qué poca transparencia y cuánta opacidad.

O la decisión de ayer mismo del fiscal anticorrupción de ampliar las investigaciones al ex todo poderoso consejero Tomás Villanueva en torno al caso Perla Negra, el edificio de la Consejería en Arroyo de la Encomienda en Valladolid que costó ni se sabe cuánto más de los presupuestado, investigaciones que pueden llegar también a su presunta implicación en el caso de la Trama Eólica.

Sospechas y más sospechas. Y cuando quieren explicar algo lo hacen tan mal como el propio Herrera al decir aquello de que pide perdón de forma anticipada no vaya a ser que haya algún alto cargo de la Junta encausado por la Justicia en la trama de las eólicas. Todo hace indicar que esto no ha hecho nada más que comenzar. Merece la pena escuchar lo que Mañueco tenga que decir este sábado en la clausura del Congreso del PP leonés.

Y lo que diga el propio Majo, porque hasta ahora casi nada ha dejado entrever sobre sus planes de futuro. Fuera del clásico orgullo, agradecimiento y satisfacción que tiene por la confianza que van a depositar en él. De la ponencia política que va al congreso poca chicha se puede sacar. Ojalá las enmiendas la doten de contenido y, sobre todo, de medidas concretas, porque hasta ahora la verdad es que no deja de ser nada más que una larga retahíla de propuestas tópicas y típicas bienintencionadas, muchas de ellas obtenidas de un sencillo proceso de corta y pega. Nada original. Ni motivador. Ni ilusionante. Ni regeneracionista. Ni modernizador.

Y, sin  embargo, anoche, antes de la presentación pública del libro “Haciendo Camino por Castilla y León”,  Martínez Majo se sentía fuerte y con  las ideas claras. Parece que se crece en las vísperas. Está convencido de que le van a dejar trabajar y decidir. Que tiene mimbres para hacer un cesto nuevo. Aunque no suelta prenda sobre su equipo. “Van a estar representadas todas las sensibilidades” y de ahí no sale. Pero Gavilanes es una imposición, un quintacolumnista, ¿no? Y Majo mira a los ojos al periodista como perdonándole la vida y desvela uno de sus secretos: “Con Gavilanes siempre me he llevado bien. Hasta le propuse ser cargo de mi confianza en la Diputación. Qué equivocado estáis los periodistas”. Y sonríe como el jugador que se sabe poseedor de una mano ganadora.

Majo sabe que tiene que reconstruir el partido casi desde cero y él no puede hacer la dura labor del día. Bastante tiene con la Diputación y la Alcaldía. Ya tiene en mente a las dos personas de su entera confianza que se van a recorrer la provincia, cocina a cocina, en el próximo año. Hay que darle la vuelta al calcetín  provincial del PP y, a ser posible, incorporar caras nuevas. El sábado se desvelará la profundidad y solidez de su proyecto. Puede ser la última oportunidad.