Como aquel viejo eslogan de hace décadas que rezaba: «Teruel también existe», nacido fruto de la desesperación y el abandono general, bien se podría rescatar esta frase para la comarca leonesa de Laciana. En términos políticos, el municipio que conforma administrativamente toda la zona es el de Villablino. Una plaza que siempre ha sido, como capital minera de carbón, de color rojizo al extremo o de complicadas coaliciones con la izquierda más moderada socialista liderando.

Tras legislaturas de la controvertida alcaldesa del PSOE, Ana Luisa Durán, que aún sigue ostentando algún cargo público que otro, lo cierto es que su joven alcalde, Mario Rivas, ha ido poco a poco templando ánimos en un consistorio donde el desconcierto era norma y la trifulca costumbre. Es más, fue de los pocos que apostó al denominado sanchismo y a Tudanca, saliéndole la apuesta afortunada y ascendiendo a la Ejecutiva regional de la noche a la mañana a pesar del tamaño de la agrupación y de lo alicaído, por lo dividido, que anda el socialismo por estos lares leoneses.

Moderar el discurso municipal y de la zona ha sido una de sus primeras acciones; aligerar la axfisiante deuda local la segunda y la tercera, ahí estamos, ofrecer ilusión y futuro a una comarca donde todo se basó en la minería y se parte prácticamente de cero. La Diputación de León está invirtiendo cinco millones de euros en la estación de esquí de Leitariegos y el turismo no sólo de invierno puede ser una de sus bases económicas. Su riqueza forestal, agreste, debería ser otra fuente de riqueza bien planificada. Pero mientras la autovía Villablino-Ponferrada de la Junta siga a medio realizar -en uso Ponferrada a Toreno- el aislamiento es un hándicap que ha hecho, por ejemplo, pasar de 15.000 a 9.000 habitantes en unos pocos años a una comarca-municipio pseudo olvidado. Laciana, señores, aunque lejos, también existe.

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