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Las plagas del Bierzo antes del coronavirus: peste, cólera, tifus, difteria y ‘gripe española’

La comarca ha superado graves epidemias y pandemias a lo largo de su historia

El Voto de la Villa a San Roque se instauró para dar gracias al santo después de que Ponferrada se librara de la peste en el siglo XVI. / Quinito

La peste, el cólera, el tifus, la difteria, la gripe española y ahora el coronavirus. Grandes y mortales epidemias y  pandemias han azotado al Bierzo desde hace siglos. Sin embargo, los avances de la medicina habían hecho que nos olvidáramos de la existencia de estas ‘plagas’, más allá de la silenciosa gripe estacional, la influenza – que también se lleva miles de vidas todos los años, especialmente entre los mayores- y del VIH, cuyo contagio, una vez investigado y contenido, se puede evitar tomando una serie de precauciones, así como del mal de las vacas locas y la gripe A, epidemias que se han conseguido controlar en el pasado reciente.

Porque la historia del Bierzo es también la de sus grandes enfermedades. Solo desde el siglo XIX, la comarca ha sufrido la peste, tres episodios de cólera, difteria, tifus, la mal llamada gripe española y, ahora, el covid-19.

Así, con la llegada del ejército francés a Ponferrada en enero de 1809, en el transcurso de la Guerra de Independencia Española, la peste y otras enfermedades, junto a los enfrentamientos armados y el hambre, elevaron la mortalidad en la ciudad al 70%, según recoge el libro Epidemias en el Bierzo durante la época contemporánea del historiador Miguel J. García González.

Veinticinco años después aparecería en la villa ponferradina el cólera, que protagonizaría a lo largo de las siguientes décadas otros dos brotes. La primera oleada de cólera – enfermedad que se trasmite por el agua y la comida infectada con la bacteria V. cholerae-  llegó desde la India, cruzó Europa y llegó al puerto de Vigo en 1933; en agosto de 1934, el cólera hace acto de presencia en el  Bierzo, en Molinaseca, dando lugar a que se cerrara el paso a aquellos de los que se sospechaba que estaban enfermos en los puertos de Foncebadón y en el Manzanal. Finalmente, el cólera se extendió también a Ponferrada, con 500 enfermos entre una población de 2.490 habitantes y a otros pueblos de la comarca.

Dos décadas después, en 1853, el tifus  tocaba al Bierzo, en un año nefasto por la pérdida de cosechas y viñedos a causa del oidio. Fue especialmente duro en Villafranca, y se llevó la vida de 66 personas de un total de 858 enfermos, muchos niños.

La segunda epidemia de cólera llegó también en primer lugar a Villafranca, el 25 de julio de 1855, con el registro del primer caso, contagiado por un hombre natural de Betanzos. En la villa del Burbia se cerraron comercios y casas; sus  habitantes huyeron en masa hacia otros lugares. Poco después, Vega de Valcarce informaba de la muerte de un peón caminero de Ambasmestas y del contagio de otras cinco personas. Corullón, Molinaseca, Folgoso de la Ribera, Albares, Valtuille de Arriba, Cacabelos,  Trabadelo, Toral de los Vados, Oencia, Camponaraya y Bembibre fueron otras localidades afectadas. Ponferrada se libró pero solo hasta un año después, cuando un rebrote de la enfermedad dejó 96 víctimas en menos de tres meses.

El tercer episodio de cólera en el Bierzo comenzó en 1885 y vino desde Valdeorras. Fue muy grave Vega de Valcarce, Trabadelo y Villadecanes. Un total de 111 personas resultaron contagiadas y 48 murieron. Ese mismo año, la difteria se cobro la vida de 34 escolares en Otero de Villadecanes. Once años después, morían otros 30 niños en Calamocos de la misma enfermedad.

Pacientes de la epidemia de gripe de 1918 en el hospital estadounidense de Fort Riley, donde se registraron los primeros casos.

 

Durante los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, una virulenta cepa del virus de la gripe se extendió rápidamente por todo el planeta infectando a un tercio de la población mundial y causando la muerte de decenas de millones de personas.  A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que no estaba involucrada en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad.

La declaración oficial de la epidemia tuvo lugar en el Bierzo octubre de 1918 a pesar que desde la primavera ya se venían registrando casos. Villafranca y Ponferrada fueron de nuevo las localidades más afectadas con Toreno y Molinaseca. Los muertos se contaron por miles en el Bierzo y fue la pandemia más grande hasta la fecha en todo el mundo.

Confinamientos 

Todas estas enfermedades sin embargo habían hecho su aparición mucho antes. Las primeras descripciones del cólera se pueden ver en los escritos de Hipócrates (460-377 a. C.), Galeno (129-216) y Wang Shuhe (180-270).  Concretamente sobre la peste y en términos generales se considera que han existido tres grandes pandemias: la peste de Justiniano que se desarrolló entre los siglos VI y VIII; la segunda pandemia que se ha llamado la peste negra produjo sucesivos brotes en Europa entre los siglos XIV y XVIII; y la tercera pandemia que surgió en China durante el siglo XIX.

La peste es una enfermedad infectocontagiosa que afecta tanto a animales como a humanos. Está causada por la bacteria Yersinia pestis. Generalmente se transmite por picadura de pulgas infectadas procedentes de roedores, originando bubones en ingles y axilas, un cuadro clínico conocido como peste bubónica. A partir del siglo XIV asoló en sucesivas oleadas Europa y el Bierzo.

Así, en 1578 se declaró una epidemia de peste en el Camino de Santiago, especialmente virulenta entre Astorga y Molinaseca, que obligó a los vecinos de varios pueblos a ‘blindarse’ y a no abrir sus puertas a ningún peregrino, “so pena de destierro”…  En 1598, Ponferrada, el licenciado Gutiérrez Ayllón, corregidor de la villa, conocido por sus duros bandos, comunicaba a los ponferradinos, a través del pregonero,  que se prohibía recibir a forasteros a menos que trajeran consigo un certificado de “buena salud”. Así lo explica José Diego Rodríguez Cubero en su trabajo de investigación histórica A finales del siglo XIX, en el Bierzo sobraba vino, faltaba pan y se luchaba contra la peste. La pena por saltarse esta medida era, para las personas “honradas”, 30 días de cárcel y el pago de 50.000 maravedíes, y para los que no fueran de “esta calidad”, 200 azotes y cuatro años de galeras.

A los vecinos de Santo Tomás de las Ollas se les prohibió salir del pueblo (muchos se encerraron en su casas), por estar alguno “contagioso de la enfermedad”, si bien, la villa de Ponferrada les proporcionaría comida durante el encierro.  En base a otro bando se expulsó a los vagabundos y forasteros “que no sirvieran a amo” y se prohibió la entrada en Ponferrada a los vecinos de Campo. A los cirujanos y barberos se les señaló que siguieran con su actividad, estando obligados a dar cuenta al gobierno municipal de cualquier caso sospechoso. Finalmente, en aquella ocasión, la ciudad se salvó de la peste, naciendo el llamado Voto de Villa, que Ponferrada dedica a San Roque, una tradición que ha llegado hasta la actualidad.

 

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