Además de mucha lectura, horas de sueño y algo de deporte, el verano también sirva para singulares tertulias y conciliámbulos de mantel bajo la sombra. Alejados del mundanal ruido proveniente del histriónico Donal Trump o de los separatistas recalcitrantes, lo cierto es que en el Bierzo se mira al Gobierno nacional con cierta dura y mucha esperanza. Sí, esperanza.

La vital autovía a Valdeorras, la Ponferrada-Orense, parece que sí cuenta en los Presupuestos Generales; aunque la cuantía es poca y el ritmo de tortuga hawaiana. La Fundación Ciudad de la Energía es otro asunto nada superficial y en el que la mirada, no sólo de los que trabajan en esa institución, sino de todo el Bierzo, está puesta sobre su el melón de su futuro se abre o sigue esperando a que “una mano blanca se anime a arrancarlas” como las cuerdas de a lira del verso de Bécquer. Y por último, y no por citar en tercer lugar es menos importante, el futuro de nuestras dos centrales térmicas y por derivación del sector minero. Asumida a regañadientes la desmantelación futura de Anllares, no podemos quedarnos de brazos cruzados con la de Cubillos del Sil. Avisados estamos.

Y así estamos agostando, rogando a la Virgen de la Encina los fuegos no se desmadren, que alguna tormenta estival refresque la huerta berciana y que las fiestas y los turistas se lleven a cabo con éxito, multitud y algo de calidad. Que esa es otra. La falta de profesionalidad de algunos “refuerzos” en mesones, bares y terrazas. Los detalles también cuentan.