Num: 5857 | Martes 20 de noviembre de 2018
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Los otros pijamas de rayas

Nuestro protagonista visita la Unidad de Agudos Psiquiátricos del Hospital del Bierzo, desmitificando lo que cualquier persona puede encontrarse allí

Hospital El Bierzo. / QUINITO

J. MONROY/ QUINITO El ingreso se produjo por un TAG, Trastorno de Ansiedad Generalizado. En el mundo de la Psiquiatría es una enfermedad leve, pero es invalidante y tremendamente molesta para quien la padece. Voluntariamente decide ingresar “para dejarse de parches temporales”. En la Unidad de Agudos de Psiquiatría del Hospital del Bierzo, aunque provengas de urgencias, lo primero que llama la atención es que todo está cerrado herméticamente. Hasta para lo más nimio. Más tarde, nuestro protagonista comprenderá el porqué.

En cama y medicado pasa sus primeras horas, casi dos días. En apenas dos o tres días y ajustando a una nueva medicación la mejoría es notoria. Las normas principales para todos y a rajatabla que cumplir son: dormir, comer y tomar el tratamiento. Todo aquello que se salga de esas normas es que algo no va bien. Hay noches en que algunos aparecen en la sala multiusos matando el tiempo en la penumbra de la noche. Aunque son minoría.

En una jornada tipo lo primero de todo es la entrada de la auxiliar dando los buenos días y levantando las persianas. Hay quien no desea levantarse, pero la norma, en este pequeño país de cuatro paredes, es la ducha diaria obligatoria y entregar toda tu ropa (muda y el pijama de rayas oficial) a la auxiliar. Los neceseres con tus productos están prohibidos tenerlos, salvo para los usos habituales y siempre pidiéndolos de antemano. Todo esta pensado, meditado y calculado en este lugar.

El desayuno es abundante y frugal. Y es que en esto de las comidas, quien se queje del servicio del Hospital simplemente miente como un belllaco.

Es la primera toma. Hay quien intenta engañar escondiendo en la boca y después echando la medicación, la o el ATS comprueba que cada paciente tome su medicina. Siempre en cada comida, merienda o cena es obligatorio permanecer en la sala de usos múltiples al menos media hora. Los habría que vivieran en su habitación escondidos del mundo o quienes vomitaran todo. Hay tantos tipos de patologías..

A María la obligan a comer. Está extremadamente delgada. Luis es un chico corpulento de gimnasio lleno de tatuajes muchos de ellos sin significado aparente. Daría miedo en la calle. Maruja tiene días de hablar y leer y otros de estar inerte…Intentan pasar cigarrillos u otras cosas, pero se te registra y en presencia de un celador te desnudas para tener la certeza de que todo lo de fuera aquí no vale. Tu ropa es el pijama de rayas y con él convivirás toda tu estancia. En cuanto a las dolencias aquí todos somos iguales, aunque seamos distintos. La humanidad y el buen trato es contínuo. Hay personas más dulces, otras más duras, más entregadas o simplemente con un mal día como cualquiera en su trabajo habitual. Pero lo que sí se advierte es el escalafón, médico, enfermero y auxiliar. Desde el punto de vista del paciente lo que más se valora es la humanidad con el que se te trate o se dirijan hacia tí.

Los martes y jueves viene el barbero. Eureka. En un plis plas adiós a la barba. Es un buen trabajo como el del capellán que de vez en cuando se da una vuelta por allí por si alquien requiere sus servicios. Estas visitas o citas son todo un acontecimiento en un lugar donde el tiempo parece no pasar nunca. El reposo es grande, pero hay quien entra escoltado por la policía y guardas de seguridad porque en su dolencia la agresividad verbal y física a veces brota y aunque parezca mentira pone nerviosos e inquieta a los demás.

La muñequera que se te pone en el ingreso con tu identidad se va borrando a cada día, a cada ducha…en sentido metafórico pareciera que dejas atrás poco a poco tu mundo exterior con tus problemas y alegrías para haber entrado en un lugar aislado. Las instalaciones están pensadas para pacientes agudos. Por lo que nuestro protagonista ofrece una bicicleta estática gratis o algo para matar “el bicho” (los nervios) o que exista una posibilidad para un poco de jardín para pasear. Pero nada. El protocolo es férreo y sólo queda el pasillo que como zombies algunos recorren docenas de veces al día. En las paredes se van escribiendo pensamientos, poemas de medio pelo pero que sirvieron a algún otro para desahogarse. Es el lugar de los graffitis en una parte del pasillo en forma de “t”.

Aquí todos somos iguales, pero también diferentes. No hay conversaciones largas. Molestan. Como el que habla todo el rato y todo lo puntualiza. Al final seremos buenos amigos. La lectura de la prensa es el único contacto con el exterior además de las visitas. Pero a nuestro protagonista le han prohibido móviles y visitas para descansar y desconectar de su vida laboral.

La comida es temprana. Algo temprana quizás. “A esta hora comen las gallinas”, dice Lolo. En esta ocasión no hay medicación. Se espera a la merienda de la tarde. Los pijamas a rayas matan el rato en sillones ajados viendo la televisión que se utiliza como radio terapia por las mañanas. Las tardes los programas de cocina, los informativos y las películas que siempre quedan a medias porque a partir de las 23 horas o un poco más hay que acostarse obligatoriamente. Se vigila disimuladamente que no haya películas de violencia, de gritos o de cosas que no convengan a los pacientes. El mando lo tienen siempre el personal cuidador. Hasta la tele está protegida por una caja de hierro y cristal.

Hoy ingresa un joven. Comete al parecer el error de tomar lo que no debe potenciando su enfermedad. Su actitud es altanera. Cosas de la edad. Y mientras tanto dan el alta a dos o tres compañeros más. Las estancias tienen un promedio semanal. Y por aquí pasan más de 300 pacientes al año en el Hospital del Bierzo. También existen unos pisos tutelados y las consultas externas en el centro de Cuatrovientos.

Los juegos de mesa también sirven de terapia y para matar el rato. Pero a veces no hay con quien jugar. El puzzle de turno es terminado y otro más complicado se les regala. En cambio, para algunos el concentrarse es imposible. Sumidos en su dolor interno, en ese malestar del alma que ha pasado al cuerpo muchos dormitan o no desean hacer nada. Se nota cómo está cada uno en el momento con tan solo observar.

Cuando no deseas estar con nadie y no es obligatoria la estancia de cada comida, la habitación es tu pequeño espacio. El techo de la estancia y las paredes con minimalismo total se llegan a aprender de memoria. Donde hay una grieta, o una pequeña mancha…Las horas y el tiempo dan para pensar y analizar.

Como los niños hay que merendar, es la segunda toma de medicación. Algunos engordan de tanto comer. Y es que de forma personalizada cada uno tiene su bandeja y su comida adecuada. Es un lujo, insistimos.

Al fin son las cuatro. Hora de las visitas. Las mujeres, esposos o hijos son los habituales. Todo se desarrolla en la sala multiusos. No hay gimnasio, sala de terapia y, se quejan todos, de un pequeño jardín y respirar aire del exterior. El exterior…vemos unos coches o gente de picnic en el césped del Hospital. Quién estuviera ahí fuera se piensa…

A veces las auxiliares tienen que ayudar a duchar, a vestirse y a comer a los más agudos o por su edad. Su trabajo es encomiable. Los médicos pasan las mañanas allí. Procurar charlar con todos y darles un tiempo a cada uno. La charla con el médico es algo que se espera con verdadera impaciencia y contarle cómo ha sido cada día en cuanto a síntomas y demás.

Pero son las ATS las que las tardes y, sobre todo las noches, tienen el control de la situación y la responsabilidad. Hay quien aporrea las puertas para salir en su brote psicótico. O quien no escucha a las explicaciones. Pero la gran mayoría sufre en silencio su dolencia, un malestar del interior que sólo pueden comprender los que allí están o lo han pasado. Las auxiliares son la tropa, y sin embargo, se nota su trabajo contínuo.

La cena es el último tramo del día. Nadie lleva cordones, cinturones, ni nada que pueda servir para hacer “tonterías”. Es verdaderamente el prime time televisivo. Los leves piden más tiempo para ver completar las películas, pero ni por esas oye…

El refuerzo es una merienda nocturna para la última y tercera toma del tratamiento. El maletín tiene cajoncitos con el nombre de cada uno. Vas descubriendo qué tomas, para qué y los colores y formas de las pastillas. Incluso sus contraindicaciones. Aquí la quiímica se combate con química. Hay quien lo lleva esto de esperar a las 23 horas fatal porque estaría acostado mucho antes. Pero la espera tiene, como todo aquí su porqué. Es el cumplimiento de los tiempos y las medicaciones. Sorpresa nocturna, hay un ingreso por urgencias, todos sienten curiosidad quién y por qué. Pero luego a penas nadie habla de lo suyo con nadie. Aunque entre todos se animan y dan fuerzas. Se construye un lazo solidario invisible que termina o caduca cuando al fin, tras diez días, sale de allí al mundo exterior, al real, pero sabe bien que hay otros, hay personas y hay vidas en ese recinto del Hospital que pasan días enteros sin que el resto de la gente lo sepa dentro de sus pijamas de rayas.

 

Esta entrada tiene 1 comentario(s).

  1. Hace unos 40 años que dejaron de exIstir l@s ATS. Si se les llama enfermer@s engloban desde DIplomad@s a Graduad@s y es la manera más correcta de denominar al colectivo.

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