Num: 7019 | Martes 25 de enero de 2022
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Mariluz Carballo: ganadera y madre en Tejedo de Ancares, con mucha alegría y poca cobertura

Ha sacado adelante a su familia y su explotación, de unas 150 vacas, y batalla a diario con buen humor contra los problemas del mundo rural

Mariluz Carballo, con algunas de sus reses, en los Ancares. / EBD

Cuando Mariluz Carballo Estévez era pequeña vivía en Sorbeira de Ancares, donde sus padres tenían una veintena de ovejas y cuatro vacas. Por aquel entonces, la feria del Espino era una locura: “iba muchísima gente”, relata con entusiasmo, recordando desde gallegos a asturianos que, atraídos por la calidad de las reses, vacas, terneros y bueyes, con la meta de conseguir cabezas excelentes para curar la mejor cecina, se daban cita en la puerta de los Ancares.

A esa fiesta del mundo vacuno pudo volver de mayor, ya como emprendedora, una vez decidió que la ciudad no era lo suyo y puso en marcha su explotación ganadera, un poco más arriba de su Sorbeda natal, en Tejedo, y con la que ha llegado a un volumen de producción bastante considerable (en torno a 150 cabezas). De aquellas celebraciones como la del Espino, cuenta que presenció, en los noventa, su declive, hasta que en el 2000 la encefalopatía espongiforme bovina llevara al sector a una crisis de la que muchas de las grandes ferias no se recuperaron.

Entre los principales compradores de sus animales, está la carnicería Taladrid-Mechero, una de estas de toda la vida, nos dice, en Vega de Espinareda, que luego vende el despiece a restaurantes y gente de la zona, algo en lo que la despoblación hace que se note una paulatina bajada del negocio, pues no hay mercado para toda la carne. Tiene también otros clientes que vienen hasta Tejedo a comprar sus terneros pasteros, y su participación en la asociación Ternabi le permite dar salida a su producción y mantener su explotación y su vida en los Ancares, tal y como es su deseo.

Mariluz había partido, de joven, como tantos otros, a Barcelona, a la ciudad, y allí se buscó la vida, con varios trabajos, en mercados y grandes superficies, pero no se veía allí: echaba de menos su casa y le sobraba el estrés continuo. Volvió y escogió este camino, el del emprendimiento rural, poniendo así en marcha en Tejedo de Ancares su explotación y su familia.

Los comienzos fueron “difíciles” y recuerda que, en aquella época, apostar por establecerse en el pueblo estaba algo así como mal visto: todos los chicos se iban a trabajar a Barcelona, o a la mina, y quedarse en el pueblo, con las vacas, era casi “lo raro”. Pero ella era feliz de este modo, y lo sigue siendo hoy en día, que tiene consolidado, a pesar de las dificultades, su negocio, y prácticamente criados a sus dos hijos.

Como madre, pudo ver (aunque lo cuenta casi entre risas) cómo uno de los problemas del mundo rural, la falta de buenas telecomunicaciones, les afectó durante la pandemia de COVID-19 porque estudiar desde casa no es lo mismo si vives en Ancares y falla internet. “Si se conectaba uno, el otro no lo tenía”, comenta con cierta gracia al recordarlo.

Ahora, la mayor ya no está en casa, pues estudia en León. Y el chaval está en Fuentesnuevas haciendo una FP pero la Junta les ha denegado el transporte escolar y esta familia se ha visto del todo afectada por el cierre de la Escuela Hogar, donde iban a solicitar una plaza. Sin alternativas, le tienen que llevar todos los días. Eso sí: asegura Mariluz que como mucho habrá perdido dos o tres días de clase. Como explica esta empresaria, en su negocio, de entrada, por lo general “puedes cogerte un día cuando te apetece...” excepto cuando es imposible, y entonces es imposible.

Las malas telecomunicaciones también le afectan como emprendedora, pues dificultan la gerencia de su negocio. A veces, la cobertura falla en los inviernos a partir de las nueve de la noche, los años que hace frío. Por supuesto, la señal no llega a las brañas en las que pasta el ganado y donde ella debe pasar muchas horas. Además de friolera y poco amiga de las alturas, la cobertura tiene más curiosas manías: si hay grupos grandes de turistas disfrutando del Miravalles y Cuiña, dos días después sigue pareciendo “como si se la llevaran” dice con sorna, para añadir que sabe de sobra que no es culpa de los turistas.

Mariluz con sus vacas

 

Y esto no es solo un problema de confort o seguridad: para una empresaria como Mariluz, esto dificulta el llevar su negocio pues una de las contrariedades que tiene el mundo rural es que “es complicado vivir aquí porque tienes que desplazarte para todo”. Por ejemplo: la Junta les ha facilitado un programa informático para gestionar el papeleo desde sus ordenadores (ojo: conectándose a internet, claro). “Descárgatelo y me puedes hacer las guías, los nacimientos de terneros”, buena parte del papeleo que implica su negocio, resume Mariluz. Lo que pasa es que, dadas las telecomunicaciones en Ancares, a la hora de la verdad, al ir a usar el programa, sin una buena conexión “te pones y colapsa”. Entonces, tiene que ir a Fabero, donde hay una unidad veterinaria de la Junta a hacer los trámites. Media horita en coche y otra de vuelta, una hora de conducción por cada papel, compensada, eso sí, por una vida feliz en el valle más bonito de la tierra.

Hija de dos inmigrantes que se conocieron en Suiza (su madre es de Camba, al norte de Verín) y que volvieron a los Ancares, tierra natal de su padre, ella misma es otro ejemplo de regreso a los orígenes, a pesar de las dificultades, tecnológicas o administrativas, también climáticas, aunque dice que ahora en invierno, cuando nieva, las máquinas de la Diputación impiden mayores problemas.

Mariluz fue a la escuela de Candín sin tener 6 años, dice con risas, “a prepararme para marcharme”, pues antes de que tuviera la obligación de estar escolarizada, dicha escuela cerró. Entonces, a los niños del valle los mandaron a estudiar a San Andrés (el monasterio de Vega de Espinareda) y a las niñas las repartieron entre Villafranca del Bierzo y Bembibre. A este segundo destino le tocó ir a Mariluz, en unos tiempos, recuerda, en los que se tardaba un día en ir de Ancares a la capital del Bierzo Alto, donde pasaba los días de semana.

Luego fue a la Escuela Hogar de Ponferrada, esa en la que ahora querría ver a su hijo pasar las jornadas de lunes a viernes para llegar a Fuentesnuevas con facilidad. Mariluz hizo el Bachiller en el instituto de Fabero. Tras ello, iría a Barcelona pero su vida seguía esperándola en el valle de Ancares, a donde volvió a construirla junto a su marido, con su explotación ganadera y su familia.

Entre sus 150 vacas hay una Shakira y una Malú, cuestión que ella asegura depende de un joven de 16 años que hay en su casa, que es el encargado de los bautizos. Son casos excepcionales, dice con simpatía, pues por lo general su hijo es más tradicional y va poniendo “nombres de vaca” más típicos: Pastora, Navarra, Marquesa…

Mariluz y su familia

 

Mariluz y su familia hablan ancarés aunque cuando tratan con castellanoparlantes prefieren cambiar al castellano. Dice que es algo habitual, el que la gente en Ancares entre ellos hablen como hablan ellos pero que luego fuera prefieren usar el castellano. Recuerda que el dialecto de este valle que tantos inviernos pasó aislado es diferente del gallego, algo que nota mucho cuando va al orensano pueblo de su madre.

Esta empresaria feliz, madre laboriosa y simpática ancaresa mira al valle que la vio nacer y en el que ha levantado una explotación ganadera y criado a su familia y siente que le falta “el ruido de los niños y de la gente” y piensa en alto en lo maravilloso que sería que vinieran “cuatro o cinco familias con niños a vivir”.

Sería, tal cosa, ganarle el pulso a la despoblación, esa que hace que una empresaria batalladora contra los problemas del mundo rural como ella tenga que afilar el ingenio para dar salida a su producción; y seguramente haría que el peso de estos pueblos fuera mayor y las dotaciones en materias de telecomunicaciones tuvieran que volverse normales. “Los pueblos se vacían y es una pena, porque se vive de maravilla” dice Mariluz a pesar de las numerosas dificultades de las que lleva zafándose con buen humor desde que decidió que aquí estaba su vida.

Con orgullo, se le escapa, como entre risa y risa se le va alguna palabra al ancarés, la convicción de que esta pandemia “nos enseñó a valorar lo que tenemos aquí”, en los pueblos, dice empujada por la alegría de la vida tranquila, laboriosa y dura, construida a base trabajo y de no dejarse desanimar por las distancias. Quizá para ello haga falta un espíritu enormemente jovial, alegre, vital y emprendedor como el de Mariluz, una mujer que llena de trabajo y alegría Tejedo de Ancares.

Mariluz con una de sus reses

 

Premios Mujer Bierzo 4.0

El Ayuntamiento de Candín (Ancares), presidido por José Antonio Álvarez Cachón, ha propuesto a esta berciana como nominada a los Premios Mujer Bierzo 4.0 que organiza El Bierzo Digital. Estos premios buscan reconocer y galardonar la encomiable labor de todas las mujeres y, especialmente, a las de nuestra comarca.

Puede conocer al resto de nominadas en la sección de reportajes de las candidatas a los Premios Mujer Bierzo 4.0 de El Bierzo Digital.

Haz clik en la infografía para conocer a todas las Candidatas a los Premios Mujer Bierzo 4.0

Esta entrada tiene 2 comentario(s).

  1. Persona activa y trabajadora donde las haya, Bravo.
    Un poco mas y el articulista se olvida de mencionar a su marido...

  2. He leído el artículo con sumo placer. Desprende humor y naturalidad. Adentrándome en su lectura me relajo. Gracias por compartir algo tan hermoso. Añado que en el tema de Internet que comenta, es ya -y progresivamente lo será más -imprescindible. Un muy cordial saludo

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