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Opinión


17 de abril de 2019

No existen “venas de agua subterráneas”


Una idea muy aceptada y aparentemente lógica, es aquella que afirma que al igual que en la superficie existen ríos y arroyos, también en el interior del terreno existen las llamadas “venas de agua”, por su similitud con las venas del cuerpo humano. Esta idea se utiliza como base o punto de partida por los zahoríes para buscar agua subterránea; sin embargo es una idea totalmente equivocada y que está en abierta contradicción con lo que se enseña en universidades y centros de investigación de todo el Mundo, al menos del Mundo desarrollado. En lugares tercermundistas se seguirá enseñando aún brujería, hechicerías y “técnicas” similares. Esas “venas de agua” sólo en lugares excepcionales y en épocas determinadas  existen y desde luego, no son lo que el publico en general entiende que son: una especie de conductos como las tuberías de los fontaneros.

Conviene recordar a este respecto que en los centros de enseñanza lo que se expone no es la ocurrencia del profesor de turno; si no que se siguen, se analizan y se estudian ideas de personajes que son considerados en muchos casos a nivel mundial como personas cuyas enseñanzas hay que tener en cuenta. En el caso del agua subterránea las enseñanzas de Bernouilli, Darcy y otros varios son las que sirven de guía ,….desde hace siglos.  Es posible que estas personas de reconocido prestigio a nivel mundial estén equivocadas (de humanos es errar); pero el hecho de que sus ideas hayan sido analizadas, estudiadas y puestas a prueba miles de veces,….es una buena garantía de que son acertadas.

Sin embargo son muchas las personas que aún se fían a pies juntillas de lo que -con la mejor intención del mundo eso si- les cuentan los zahoríes. Es curioso que entre las personas que aceptan las ideas de los zahoríes y sus “facultades” para buscar agua con sus varillas u otros utensilios similares, se hallan incluso quienes tienen estudios universitarios y en algunos casos incluso estudios de carácter técnico. Es algo inaudito y puesto que para entender las nociones básicas de un curso de Hidrogeología, bastan unos cocimientos matemáticos de enseñanza secundaria (de carácter científico-técnico eso si), yo invitaría a los lectores que posean tales conocimientos a que hagan un esfuerzo e intenten leer o al menos “dar un vistazo” a unos apuntes de Hidrogeología y después podrán decidir que es lo más convincente, si la teoría de los zahoríes o la de personajes como Darcy o Bernouilli por ejemplo.

Desde hace algunos años, (cuando me di cuenta de la frecuencia con la que se recurre a los zahoríes para buscar agua subterránea), me he dedicado a intentar comprender como es posible que un método de búsqueda del agua que parte de unos supuestos y unos principios que son totalmente opuestos a los que se enseñan en cualquier centro de enseñanza del mundo desarrollado; sea tan popular y goce de tanto crédito.

Las causas de esta situación tan insólita son varias:

  1. A) La teoría de los zahoríes es muy sencilla y por ello fácil de entender. Se limita a decir que el agua circula por el interior de la tierra como por el exterior, es decir siguiendo unos cauces bien definidos y a modo de venas o tuberías de agua. Sin embargo la realidad científica es distinta. La circulación subterránea del agua es muy diferente de la superficial y mucho más complicada. Esto supone que es imposible explicarla de modo compresible en pocas palabras. Se necesitan mucho tiempo y además para ser comprensible es preciso que quienes reciban esas enseñanzas tengan unos conocimientos previos de geología, física y matemáticas, del al menos enseñanza secundaria.
  2. B) La teoría de los zahoríes parece lógica y creíble pues está bien claro como circula el agua por la superficie. No obstante las apariencias engañan, también a simple vista parece que es el Sol el que se mueve y no La Tierra la que está rotando sobre si.
  3. C) Aparentemente los zahoríes aciertan muchas veces. Sin embargo los aciertos se deben a una simple cuestión de probabilidades. El agua está en general empapando el subsuelo (en los poros, huecos y fisuras del mismo) y la probabilidad matemática de encontrarla, aumenta en general siempre con la profundidad.
  4. D) No se hacen controles de modo adecuado (utilizando números concretos), para comprobar el grado de acierto de las “predicciones” de los zahoríes, es decir de la profundidad exacta a la que se encuentra el terreno con agua o de los caudales obtenidos; ni siquiera se repara en que en general los sondeos desde la superficie del terreno se desvían a un lado u otro y por ello la zona del sondeo que encuentra agua puede estar desplazada varios metros de la vertical de donde se inicia en superficie.
  5. E) Muchas personas no conocen determinados fenómenos como el efecto IDEOMOTOR, que ya han sido estudiados desde el siglo XIX y que explican que quienes mueven las varillas y los péndulos de los zahoríes son los que los utilizan, aunque eso si lo hacen de modo inconsciente. Se trata de un fenómeno similar al de la conocida TABLA OUIJA o el llamado “juego de la copa”. Los zahoríes están convencidos de que misteriosas energías de las corrientes de agua mueven las varillas; pero son ellos mismos de modo inconsciente quienes lo hacen. Es un fenómeno de autoengaño ya conocido y estudio ¡¡desde hace mas de un siglo¡¡.

Desde luego habría mucho más que aclarar sobre esta cuestión; pero es imposible en un artículo corto como este. No obstante hay que señalar que el análisis racional y científico de este problema (búsqueda de agua en subsuelo) implica la realización de estudios (incluyendo sondeos de investigación), cuyo coste no siempre es asumible. Los ingenieros y geólogos no jugamos a ser adivinos; intentamos trabajar a base de datos y datos generalmente matemáticos. Así pues a veces puede ser una salida hacer un pozo o sondeo y confiar en la suerte. En esta tesitura; lo mismo es confiar en un zahorí, en una bruja, en alguien que adivine mediante naipes o en cualquier otro método que al buscador de agua se le ocurra, por ejemplo el vuelo del primer pájaro con el que encuentre. También se puede probar con algún conjuro. Pero todos son métodos de busca irracionales.

Termino insertando una imagen tomada de la Red de la página titulada “La Ciencia y sus Demonios”, que corresponde a un artículo sobre este asunto publicado por Manuel (27/11/2010). El tipo de la imagen es un zahorí vestido al estilo del siglo XVIII, porque en efecto las creencias en “venas de agua subterráneas” son antiquísimas.

Bembibre, 6 de abril de 2019

Rogelio Meléndez Tercero

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