Andoni Moreta era profesor en un instituto bilbaíno de Educación Especial cuando el accidente de una alumna autista de 12 años, que cayó por la ventana quedando en coma para posteriormente morir, le movió a hacer el Camino de Santiago, dejando trabajo y familia atrás. Pero cuando llegó a Compostela siguió caminando. Primero hizo el camino de vuelta y, después, recorrió Europa para posteriormente volver al peregrinaje, en este caso a Jerusalén. Atravesó Turquía, Siria, un país por el pasó “cuando ya había gente armada” -relata-, y otros muchos lugares.  Así lleva nueve años: paso a paso, un camino tras otro, “viviendo al día”, según sus palabras. En agosto ha parado unos días en Ponferrada, pues este verano ha regresado a la Ruta Jacobea, al origen de su periplo.

Cuando inicio su aventura ‘tiró’ de unos ahorros, que se le terminaron hace tiempo. Ahora espera la jubilación por los años trabajados como profesor. En la actualidad, afirma que “sobrevive” con pequeños trabajos y con aquello que buenamente quieren darle. “Yo no sé engañar o robar, así que, simplemente, me muestro como soy. Duermo donde puedo. Y si tengo hambre y pido un poco de pan en un restaurante no es la primera vez que me dicen ‘entre y siéntese’, y me dan de comer. Hay mucha gente generosa”.

A temporadas le acompaña su perro Tao, a pesar de que cuando viaja con él no puede dormir en albergues. Tao es un cruce entre perro y lobo, se lo regalaron unos militares cerca de Foncebadón cuando era cachorro.

“Me he quedado en el camino, pero ya no puedo volver a vivir como antes;  mis hijas tienen ya 40 años y mi ex mujer, con la que me llevo bien, vive su propia vida, le dejé hasta mi casa, la que heredé de mi familia. Nadie me necesita. Tengo 63 años y solo aspiro a seguir así, a hacer lo que hago, a vivir como vivo”, explica con sinceridad. Andoni es consciente de que su forma de vida puede no ser entendida por muchos pero, en su opinión, vivir en sociedad no es mejor, sino todo lo contrario. “El sueño de la razón produce monstruos”, nos recuerda parafraseando a Goya, una razón que él cree adormecida, incluso perdida, en la sociedad actual.

QUINITO