Y.R.T. Suman horas de vuelo y pilotan aeronaves, pero sin levantar los pies del suelo. Son pilotos de drones, aviones no tripulados para los que se requiere también una formación específica, sobre todo en materia de seguridad y normativa vigente. Quienes conducen este tipo de dispositivos deben conocer aspectos clave como interpretar las previsiones aeronáuticas, por si en un futuro tuvieran la necesidad de comunicarse con una torre de control o los pies de altura a los que quieren volar -porque aunque desde fuera pueda parecerlo- estas aeronaves no son un juguete. Necesitan también un plan de vuelo y toda clase de permisos para poder volar.

Pueden llegar a alcanzar los 25 kilos, pero incluso si el peso es menor, la seguridad de las personas podría verse afectada con un uso indebido de los mismos, porque una caída desde el cielo a 400 pies de altura, puede causar un accidente mortal.

De ahí la necesidad de llevar a cabo una formación completa y reglada para manejar este tipo de dispositivos. En este campo, la Escuela de Pilotos Adventia y la Universidad de Salamanca son pioneros. Según explica el secretario de Adventia, Fernando Gómez, acaba de finalizar la primera promoción de alumnos del título ‘Pilotos de RPAS en operaciones de bajo riesgo’ y nada más ponerlo en marcha, se han dado cuenta de que la demanda ha sido “brutal”, por lo que el segundo curso ya está en marcha.

Adventia lleva preparando pilotos desde hace 40 años, por lo que son una “referencia” en la formación aeronáutica y ésta era también una parte en la que tenían que estar presentes y volcar su experiencia. Aunque reconoce que existen otros centros que también ofrecen algún tipo de enseñanza para el pilotaje de drones, ésta es la “primera gran escuela” que oferta un curso teórico y práctico con profesores y doctores universitarios, así como cuentan con profesorado procedente del ámbito militar, que fue donde comenzaron a desarrollarse estas aeronaves no tripuladas.

David Arranz / Ical

David Arranz / Ical

El potencial de desarrollo en el ámbito civil de los drones es muy amplio y este experto explica que hay que estar preparados para poder formar a los futuros pilotos. En la actualidad hay alrededor de 16 operadores autorizados por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, AESA, y la normativa vigente se basa en la francesa, donde ya hay más de 300 operadores. Debido a sus potencialidades en diferentes áreas de trabajo, como el sector audiovisual, la prevención de incendios o el control de grandes infraestructuras, auguró que el interés por los drones se extenderá de forma importante y en España, no ha hecho más que empezar a “despegar”.

Con 14 años de experiencia en formación de pilotos a sus espaldas, uno de los profesores, David Coronil, afirma también sin dudar que las posibilidades que tienen en el ámbito civil son “infinitas”, desde el control de plagas a la revisión de cables de alta tensión. Durante las clases, este docente trasmite su pasión por el vuelo a unos alumnos que en su mayoría, también vienen motivados por un ligero “gusanillo” por las alturas, aunque en este caso no tendrán que levantar el vuelo, solo el aparato que manejan.

Aún así, destaca que desde que entró en vigor el Real Decreto ley 8/2014 el 4 de julio, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) obliga a toda persona que vaya a hacer uso de una aeronave no tripulada de menos de 25 kilogramos de peso máximo al despegue, tener una licencia y sólo se puede obtener mediante un curso aprobado por dicha agencia, como el que ofrece Adventia, que además fue pionera en su puesta en marcha, resalta.

ICAL276151

David Arranz / Ical

Centro de simuladores pionero

La escuela de pilotos de drones cuenta como principal atractivo con un Centro de Simuladores para RPAS (Remotely Piloted Aircraft Systemsciviles) que es “único” entre las grandes escuelas internacionales y en el que han recibido su formación práctica los primeros 19 alumnos que superaron el curso avanzado teórico de 60 horas de duración de piloto de estos dispositivos.

Estos alumnos recibieron una formación inicial de 20 horas dividida en tres partes: primero conocieron la mecánica de los multirotores, y después se ejercitaron en los simuladores utilizando los mismos mandos de control en una serie de misiones en diferentes condiciones meteorológicas para pasar posteriormente a realizar prácticas reales.

Esta sala de acceso restringido y uso exclusivo para los RPAS dispone de tres áreas diferenciadas (centro de simuladores de última generación, taller de ingeniería y zona de briefing).

David Arranz / Ical

David Arranz / Ical

Una oportunidad de futuro

Muchos de los alumnos que han formado parte de esta iniciativa llegaron motivados primero por una pasión por los aviones y todo lo relacionado con la aeronáutica en general, pero sobre todo, han sabido anticiparse a lo que estos dispositivos pueden aportar en sus respectivas profesiones.

Este es el caso del fotógrafo profesional David Arranz, quien inició esta formación convencido de las oportunidades de futuro que le brindaría el poder hacer fotografías aéreas, sin necesidad de subirse a ningún avión. El ya tiene su propia aeronave y ésta era la forma de sacarle el máximo rendimiento.

Para una cooperativa dedicada a la bioconstrucción cuesta en un primer momento ver las aplicaciones que pueden tener los drones, pero Alberto García tiene claro que es una tecnología en la que “hay mucho por explorar” y en su cooperativa, Ecosocial Lerma, la investigación es uno de los pilares fundamentales, por lo que han decido adaptar las potencialidades de estas aeronaves al área de la construcción. “Subir a un tejado ahora puede hacerse de una forma totalmente segura, lo hace el avión por ti” apunta, por lo que al final les ahorra tiempo y dinero. Una parte de su trabajo es el realizar estudios en edificios para el mantenimiento energético y conseguir una mayor eficiencia. Para analizar las construcciones, tienen que ver la construcción desde diferentes perspectivas, así que un vuelo con drone les puede facilitar esta tarea y además les evita cualquier tipo de peligro.

No resulta extraño sin embargo la asistencia al curso de un ingeniero aeronáutico, como Javier Salguero, porque la relación con su profesión es clara, ya estaba “metido” de lleno en el mundo de la aviación y esta es una parte más que le llamó la atención, precisamente por la novedad que supone aún hoy en día.

Ellos han formado parte de los primeros cursos en España de una disciplina cuyas aplicaciones prácticas no dejan de crecer. Aunque reconocen que en España al menos queda lejos el día en el que la paquetería vaya por el aire, tal y como está experimentando